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PIRATAS EN COSTAS MEXICANAS

PIRATAS EN COSTAS MEXICANAS

Por Rita Elvenqueen

Desde el Capitán Garfio de Peter Pan hasta las grandes producciones cinematográficas de los últimos años hemos tenido una idea muy romántica de lo que era un pirata. Leyendas, novelas y óperas los ilustraron desde el siglo XIX como protagonistas de fascinantes historias de aventuras, amistades a prueba de todo, amores “con la fuerza de la tempestad” por alguna hermosa dama, búsqueda de tesoros. Pero los piratas en realidad fueron una de las modalidades más antiguas que existen del crimen organizado, sicarios capaces de matar con indiferencia.

            Siendo México, en ese entonces la Nueva España, un país de donde se obtenían importantes cantidades de oro y plata que se embarcaban rumbo a Europa, pronto los bucaneros fijaron su atención en nuestras costas. Efectivamente existieron los “piratas del Caribe” y no lejos de Yucatán convergían piratas de origen español, inglés y francés (principalmente) destacando entre ellos el famoso Barbanegra, que si perpetró algún asalto en este país no podemos estar seguros pero tampoco descartarlo por completo.

            A diferencia de las modernas mafias internacionales que poseen símbolos y señales de todo tipo para comunicarse, los piratas eran como una sub-sociedad mundial. La bandera negra con calavera y huesos cruzados efectivamente existe pero no era el único diseño que los filibusteros ondeaban en sus mástiles. Se usaba la bandera negra sólida, la roja y por lo menos seis o siete dibujos distintos con osamentas y/o piratas. La más conocida tiene nombre propio (así como la calavera de Iron Maiden) y se llama Jolly Roger. Una treta común entre salteadores de puertos y navíos era  colocar una bandera de algún reino o comerciante para fingirse amigos, esto les daba ventaja para acercarse a fin de atacarlo a sus objetivos.

            Sería imposible describir todas las banderas y ardides de los que se valieron los piratas en territorio mexicano, pero se sabe que sus asaltos en territorio nacional empezaron con la conquista misma y que los lugares más atacados fueron el Puerto de San Juan de Ulúa en Veracruz y Campeche. No se ignoran las leyendas de que escondieron un cuantioso tesoro en algún lugar de la península de Baja California.

            Al España adueñarse de prácticamente todo el continente americano, se suscitó la envidia de otros países, como Inglaterra y Francia. Estas naciones, ambas monarquías por aquél entonces, pagaron a capitanes para asaltar los barcos españoles y despojarlos de sus riquezas, así fue como varios navegantes ingleses obtuvieron el título de “Sir”.

            El pirata William Parker perpetró uno de los peores asaltos hechos en costas mexicanas, huyó de Campeche con un barco cargado de plata. Este bucanero fue camarada del también famoso pirata inglés Francis Drake, quien sostuviera una amistad de carácter personal con un negro que llegó a la Nueva España siendo esclavo pero obtuvo su libertad de alguna manera y en vez de volver a África donde corría peligro de ser capturado otra vez montó su propio negocio: una cantina. Se dice que este hombre de color era un verdadero artista de las bebidas embriagantes, lo cual atraía a todo tipo de clientes a su local, entre ellos piratas. El tabernero creó un cocktail en honor a su amigo el filibustero, el elixir fue muy popular en su época y se llamaba “Draque”.

            Otros piratas de renombre fueron John Hawkins, primer inglés en comerciar con esclavos negros en la Nueva España. Lorencillo, uno de los pocos de origen español, incendió el puerto de Tampico dos veces y el mismísimo Henry Morgan pasó alguna vez por aquí.

            Cuando vemos las historias de piratas tan tratadas por la industria del entretenimiento nos cuesta pensar que alguna vez formaron parte de nuestra historia pero efectivamente así fue. En un pasado ahora tan lejano que parece cosa de otro mundo los piratas deambularon en estos litorales y se integraron a nuestro sentir. Para muestra basta contar que mi tía-abuela que ha vivido siempre en Tampico me relató en cierta ocasión cuando era niña que en su lugar de nacimiento sí hay barcos piratas fantasma y que en cierta ocasión en que paseaba por la orilla del mar con su esposo al anochecer sintió cómo una mano de hombre salió de la arena y tiró de su tobillo. Verdad o no, es lo que la opinión pública refleja de los recuerdos de una localidad a través de los siglos.

piratas

BIBLIOGRAFÍA:

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