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CUENTOS DE INVIERNO

CUENTOS DE INVIERNO

Por Rita Elvenqueen

Todos hemos visto cuadros, películas y escenificaciones de ballet donde ya nieve cae en ratos con delicadeza y en otros con furia. Ante la mención de la palabra “invierno” podemos imaginarnos un bosque de pinos altísimos cubiertos de escarcha mientras nuestras huellas quedan marcadas en el manto blanco que vamos pisando, sobre todo aquellos que crecimos en un hogar donde se nos contaron cientos de leyendas y cuentos europeos. Sin embargo, esa idea del invierno no combina muchas veces con el verdadero paisaje que nos rodea. Mi ciudad acaba de disfrutar de un otoño bastante agradable, propio del semi desierto, de lo cual me alegro mucho.

            Los medios como el cine, la televisión y las tarjetas que se pueden comprar por estas fechas para nuestros parientes y amigos, irrefutablemente han influido en la idea que tenemos del invierno. Por otro lado, más interesante diría yo, la cultura de nuestros abuelos y bisabuelos (dos de los míos nacieron y crecieron en el norte de España) también es un factor para la manera en que vemos las cosas. Los estudiosos no se han puesto de acuerdo todavía en cuanto a un fenómeno llamado “memoria genética” pero se cree con base científica que existe y que tiene que ver no sólo en cómo fuimos criados sino también en el hecho de que los recuerdos se heredan.

            Mucha gente cree que Santa Claus como se conoce actualmente fue un diseño propiamente de cierto refresco que se vale cada año de su imagen. Pero no es cierto. En países eslavos como Bulgaria, Rusia, Armenia, entre otros, se habla de “Papá Noel”, “El Padre del Hielo” y otros personajes que pueden converger en la personalidad de un anciano que se pasea entre los bosques nevados en los meses de invierno. Esto se debe a que las religiones ancestrales solían ser “animistas”, es decir, que la gente creía que todo tenía alma: el invierno, los ríos, las flores, etc. Como sea, en aquellos países que ya mencioné la descripción de tal genio de la naturaleza además de ser un anciano barbado se cuenta que iba vestido con túnica y capa rojas bordeadas de ribetes blancos y “traía regalos” a la gente de las aldeas. Pero no eran juguetes lo que dispensaba sino cosas prácticas como buenas cosechas, fertilidad para los animales de granja e hijos para las familias. Suena lógico ¿no les parece?

            Además Papá Noel no viaja sólo según algunas leyendas, sobre todo las que se cuentan a partir del siglo XIX, lo acompaña una hermosa y joven mujer de cabellos muy rubios que viste un elegante vestido azul como los de las princesas rusas y tiene el poder para controlar el hielo. ¿Suena conocido? Sí, hemos visto a un personaje parecido por doquier. Por medio de las películas infantiles esta figura eslava se está integrando a nuestro propio sentir.

            En Escandinavia se habla de una especie de sirenas o doncellas marinas (intento dibujar una para tarjetas navideñas) conocidas como “asradis” o reinas del hielo. Supuestamente sólo aparecen cuando los mares están helados al extremo y llenos de icebergs, entonces salen del fondo oceánico para platinar sus cabellos a la luz de la luna. No cantan para atraer a los humanos ni los ahogan en el agua glacial, simplemente evitan un encuentro con ellos y su presencia es tan sutil que el marinero nórdico que se tope con alguna sólo tendrá la impresión de “creer haber visto algo”.

            Las regiones frías de Japón cuentan con varias historias en las que se habla de Yuki-Onna u O-Yuki que puede convertirse en una esposa y madre intachable o un nefasto augurio invernal, dependiendo si se le molesta o no.

            En todo el estado donde habito yo (San Luis Potosí, México) se dice que la nieve nos hace el honor de visitarnos cada treinta años, por eso tengo un recuerdo muy pueril de ella (1998, creo) pero la música y la literatura enriquecen mi visión de tan misteriosa estación.

            Disfrutemos nuestra Navidad como quiera que esta se presente: soleada, lluviosa, fría o en algunas regiones de habla española incluso con nieve. Es una época para disfrutar el descanso, la amistad, la familia y ¿Por qué no? También una época para soñar con estos y otros seres que se tornan inquietos ante el solsticio de verano y el nacimiento del Niño Divino: el Sol, personificado o no.

  snow-maiden-and-father-frost

BIBLIOGRAFÍA:

Imagen: ROERICH, Nicholas. Pinturas de Papá Noel y la Doncella de la Nieve, 1912. Dominio público.

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