EL NACIONALISMO MEXICANO

EL NACIONALISMO MEXICANO

Por Rita Elvenqueen

Cuando la Revolución Mexicana recién terminó nuestro país estaba de cabeza en muchos aspectos, los antiguos señores latifundistas se habían dispersado: unos huyeron al extranjero, otros quedaron en la pobreza y algunos trataban de congraciarse con el nuevo gobierno para conservar al menos parte de sus privilegios. Pero en el Conservatorio Nacional hacía tiempo que soplaban vientos de cambio: los maestros mexicanos y foráneos estudiados en Francia e Italia habían dejado ya cierta base para iniciar una técnica, durante el Porfiriato todas las artes y el estilo de vida eran una imitación de la personalidad parisiense. Por otro lado, el “dictador” ahora exiliado había hecho escribir la historia de nuestro país por primera vez a consciencia ¿A dónde ir entonces?

            Un joven con ambiciones de compositor originario de Fresnillo, Zacatecas emprendió viajes a fin de traer a México los adelantos creados durante los años que duró la Revolución, descubrió que llegamos tarde al impresionismo musical… lástima. Este joven era Manuel M. Ponce que se dedicó al estudio con ahínco en Europa bajo la tutela de grandes maestros, entre ellos Paul Dukas (¿Han visto el video de Mickey Mouse en “Aprendiz de Mago”?) y ya de vuelta en su país de origen inició un movimiento conocido como el “Nacionalismo Mexicano”. Aunque Ponce nunca fue tan moderno como se lo había propuesto fue él quien abrió el camino para una verdadera cultura de música de concierto hecha en México.

            Discípulo de Ponce fue el radical Carlos Chávez, quien aprendió de su maestro el entusiasmo por la música contemporánea y por la cultura mexicana. Ya Ponce había usado con timidez una escala pentatónica en su Concierto para Violín (a semejanza de la música india prehispánica) pero tal fue la fascinación de Chávez por este hallazgo que se dedicó a explotarlo al máximo. Con este nuevo adepto del Nacionalismo se consolidó el movimiento y se tomaron los indigenismos como bandera.

            Si bien Ponce tenía aún cierta nostalgia por el siglo XIX, Chávez fue mucho más modernista y mexicanista de hueso colorado. Cuando llegó a ser catedrático del Conservatorio Nacional dejó de lado los métodos tradicionales e incluyó instrumentos prehispánicos en su clase. Se dedicó además al periodismo y a la política, al grado de que muchos ahora lo recuerdan más como un pensador que como un músico. Tenía una fuerte influencia comunista en su ideología y fue amigo cercano del pintor Diego Rivera. Al término de la Revolución el comunismo impregnó hasta cierto punto la manera de pensar de los mexicanos al grado de que el  gobierno federal asignaba, en proporción, más presupuesto a la música de concierto que ahora y eso ayudó a Chávez y a varios de sus discípulos.

            A la par de Chávez se desarrollaron otros compositores, más buscadores de una expresión individual que de una “voz del pueblo”, entre ellos José Rolón (quien diseñó una manera de aplicar la música india a la orquestación sinfónica) y Candelario Huízar (que tocó el corno francés en la Banda de la División del Norte, el ejército de Pancho Villa).

            Silvestre Revueltas (hermano del escritor José Revueltas) fue un virtuoso violinista y además llevó al Nacionalismo a un nivel más grande. Fue alumno de Chávez pero por querellas con este acabó perdiendo el apoyo del círculo musical de la Ciudad de México. Como los pleitos de Chávez con otros compositores no acaban ahí hemos de mencionar también al inolvidable Julián Carrillo, el hombre que se dedicó a calcular matemáticamente la infinita división del tono musical y a componer son sus resultados, por ello reconocido en Estados Unidos de América y Europa, más de lo que ha sido y será en su propio país.

            El Nacionalismo Mexicano cerró con broche de oro al surgir el llamado Grupo de los Cuatro, el más famoso de sus integrantes fue José Pablo Moncayo, autor del emblemático “Huapango”, obra más característica del sinfonismo en nuestro país. Compañero de Moncayo en el Grupo y en el Conservatorio fue uno de mis predilectos: Daniel Ayala, nacido en una comunidad maya en Yucatán y descendiente de aquella tribu gloriosa que nos dejó piezas memorables y además el ejemplo de cómo levantarse desde ser un bolero de zapatos en las calles de Mérida hasta un conferencista sobre música indígena en Nueva York y Washington.

            Ahora que, como después de la Revolución, no sabemos a dónde dirigirnos como patria, veamos a estos hombres. No sólo a los compositores, sino a todos los que le han dado ideología, sonido, sabor y color a la cultura mexicana.

musicosaztecas

BIBLIOGRAFÍA:

  • MORENO Rivas, Yolanda. “La Composición en México en el Siglo XX”. Lecturas Mexicanas, cuarta serie. CONACULTA. Primera edición 1996.
  • Imagen: “Músicos y Cantores Aztecas”. Códice Florentino. Dominio Público.

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