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SERPENTEANDO POR AMÉRICA

SERPENTEANDO POR AMÉRICA

Por Rita Elvenqueen

¿Sabían ustedes que una víbora de cascabel sacude la punta de su cola quince veces por segundo? Eso es lo que le da su tan característico sonido. La serpiente conserva todavía algo del halo sagrado que tenía cuando empezó la humanidad pero ha tenido papeles buenos y malos a lo largo de nuestra historia. Los mayas cuentan en su mitología que la serpiente de cascabel originalmente ejecutaba música con su instrumento integrado pero cuando se profetizó el fin de la gloriosa cultura y la llegada de extranjeros “calló” de forma permanente y sólo cuando el esplendor vuelva ella volverá a tocar melodías más allá de lo que nos imaginamos.

            La mayoría de nosotros creció en el seno de alguna familia practicante de tal o cual religión ramificada del cristianismo y es posible que la primera imagen que recurra a la mente ante la mención de este animal sea la versión del Génesis cuando ella sisea a los oídos de Eva convenciéndola para comer la manzana indebida. Incluso cuando alguien intriga lo llamamos “víbora” ¿Qué ha sido de nuestra Serpiente Emplumada o Dragón de Plumas Verdes? En lo personal me declaro creyente pero también como historiadora aficionada y amante de las mitologías creo que es una visión muy corta de la figura de tan especial reptil.

            Si se escarba hasta dar con lo más arcaico de la filosofía y la “magia” antigua (tomando a la magia no como superstición sino como conocimiento empírico de la naturaleza) la serpiente nos habla del poder y la energía que fluye como ella debajo de la tierra, de donde obtenemos agua y de donde hacemos crecer nuestro alimento. Dentro del cuerpo humano, los antiguos fijaron a la serpiente como la fuerza que corre por nuestra columna vertebral (recordemos que nuestro sistema nervioso trabaja con impulsos eléctricos). Estas ideas no son exclusivas de un pueblo o de otro, son universales y están aquí también, no son exclusividad de los egipcios o germanos, como les digo a mis alumnos, todos somos iguales porque tuvimos la misma prehistoria y decir “antigüedad” no significa barbarismo, ni siquiera hablando de prehistoria.

            ¿Ustedes también han notado el cierto parecido entre los dragones orientales y la serpiente emplumada? No sorprende dado que el hombre descendió por América llegado de Asia en la última glaciación. Con ellos trajeron las nociones de cuentos, mitos y leyendas, también la música de cinco sonidos.

            Anda que andarás, dirían los cuentos de hadas, los humanos dejaron a su paso la evidencia de su veneración y respeto por la serpiente. En el estado de Ohio, parte de nuestro vecino del norte, hay un montículo de talla impresionante que muestra a uno de estos reptiles, uno de los más grandes en Norteamérica y el mayor en el mundo que retrata a una serpiente. En México no tendría ni que mencionarlo, Quetzalcóatl es solo la punta del iceberg en lo que a leyendas referentes a víboras consta y aunque suene extraño, las seguimos produciendo como de antes de la conquista. En Nuevo León surgió un relato urbano hace poco referente a una serpiente de gran tamaño que devoraba los esqueletos en un cementerio, dentro de unos años esta aparente anécdota será parte de la rica tradición oral.

            Muchos kilómetros al sur hallamos a la temible anaconda en los países australes. Estas serpientes llegan a ser tan largas que se han fotografiado nadando en los ríos… desde un helicóptero. No sólo su longitud y fuerza constrictora hacía temblar a los indios y colonos en siglos pasados (porque no tiene veneno, no lo necesita) sino que además en Argentina se habló sobre una criatura a la que llaman “Anaconda Dorada” cuya mitad superior del cuerpo es de un hombre y la inferior de serpiente, otra vez nuestra dualidad con ellas presente en todo el mundo.

            Muy a pesar de la tradición cristiana y judía, la serpiente ejerce fascinación sobre nosotros: su mirada hipnótica, sus movimientos sensuales, su manera de cazar y su capacidad para cambiar de piel la destacan entre otros depredadores y su comportamiento “traicionero” nos recuerda a otra clase de criaturas: nosotros mismos.

quetzalcoatl_telleriano

BIBLIOGRAFÍA:

Imagen: Códice Telleriano-Remensis, dominio público.

Cada Semana un articulo diferente en Nación MX.

 

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