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MAGIA FEMENINA

MAGIA FEMENINA

Por Rita Elvenqueen

Basta observar un poco para envidiar la tranquilidad con que duerme Iztaccíhuatl. Según su leyenda, el dolor al creer muerto a su amado, el bravo Popocatépetl, fue lo que la arrancó de este mundo y sin embargo ella permanece ahí, en la cima del paisaje como una figura reinante, femenina y eterna. La mujer ha sido siempre depositaria de creencias a nuestro alrededor, su condición natural como otorgadora de la vida la unen a la Madre Tierra y la nombran guardiana de muchos poderes tan antiguos como el universo mismo.

            Del otro lado del charco (el Atlántico) vivieron las tribus celtas en las que se acostumbraba que toda mujer nacida dentro de la nobleza recibiera una educación como sacerdotisa desde la más tierna infancia. Aunque no existe evidencia de una formación mágica-religiosa tan estructurada en México, la verdad es que mucha falta no hace, pues dicha instrucción está inmersa en cada costumbre antigua que nos incluya a las féminas. A manera de rumor, se sabe por ciertas fuentes que la mujer en épocas pasadas recibía junto con el hombre la enseñanza mística a través de los ancianos. En Tenochtitlán, al caer la tarde, todos los adolescentes independientemente de su género debían salir de sus casas rumbo al templo donde los altos sacerdotes les inculcaban, por medio de cantos que los mozos y doncellas debían repetir, las historias notables de los héroes y los dioses.

            En la mayoría de los casos, la guerra podría parecernos una actividad masculina por la intrepidez y fuerza física que se requiere, pero también ha sido cosa de las mujeres nativas ¿Se han preguntado por qué el río Amazonas en Sudamérica se llama así? Los griegos cuentan leyendas sobre un feroz ejército femenino nombrado de esta forma, pero al llegar los europeos al continente e ir tras la pista de la mítica ciudad del Dorado, los pocos que volvían de tal exploración hablaban de una tribu de mujeres jóvenes, guerreras sanguinarias, que protegían las orillas del mencionado cuerpo de agua. Nunca se han encontrado vestigios reales de la hueste, pero sigue llamando la atención el hecho de que cierto número de extranjeros hablaron de ellas a través de varios siglos.

Mucho más al norte, entre las fronteras actuales de México y EUA existió una lideresa apache conocida como Lozen (no se sabe su nombre real, “lozen” era un título concedido entre los indios a los buenos ladrones de caballos). Además de una aguda mente para la táctica de guerra, esta dama era una curandera inigualable capaz de combatir también a las heridas y a las enfermedades y como si esto no fuera suficiente, cuenta su leyenda que caía en una especie de trance por medio del cual adivinaba la ubicación del ejército enemigo y nunca falló, según dicen los informes. El ejército estadounidense en aquella época estaba en proceso de agrupar a las tribus en reservas, y casi exterminarlas, por lo que Lozen murió en una comuna improvisada debido a las condiciones infrahumanas en las que fue obligada a vivir junto con los fieles a ella y a su hermano Victorio (ambos hermanos alguna vez unieron fuerzas con el legendario Jerónimo). Guerrera, conocedora de la naturaleza y mujer santa, así se le recuerda a Lozen y ni siquiera tenemos una fotografía de ella, solo una pintura.

Como en el resto del planeta: los bosques, selvas, ríos, grutas y lagos de México están poblados por espíritus paranormales, muchos de ellos femeninos. De igual forma, como en todo el mundo, estos seres pueden ser buenos o malos según la versión de la leyenda, el corazón de quien se tope con ellos o quizás la suerte. Las hembras de los aluxes (duendes mayas) son reconocibles cuando están en una casa porque sus ocupantes escuchan a altas horas de la noche como si alguien realizara quehaceres domésticos o picara verdura en la cocina. Otra vez, guardianas de la casa y la naturaleza, que es el hogar original de la humanidad.

Tan valiosa es la contribución al hogar desde el exterior (ganar un salario, saber de política y economía) como desde el interior. El hogar será siempre nuestro refugio y la guardiana del mismo es la mujer, sin que nadie pueda disputarle su lugar y nadie debería tampoco hacerlo parecer inferior. La mujer tiene derecho a una profesión y a su independencia, como lo tiene a disfrutar de su casa.

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Imagen: Códice Mendoza. Dominio público

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