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CEREMONIA DEL FUEGO NUEVO

CEREMONIA DEL FUEGO NUEVO

Por Rita Elvenqueen

Cada 52 años los aztecas celebraban la llamada “Ceremonia del Fuego Nuevo” ¿En qué consistía? Todo el pueblo debía prepararse con semanas o meses de anticipación, pues no era poca cosa. Como ciudadanos mexicas hubiéramos estado obligados a deshacernos de ciertas posesiones como ropa, muebles y utensilios de cocina (quizá también juguetes de haber niños en la familia). Estos artefactos debían ser tirados en el fondo de un lago (cosa fácil en Tenochtitlán y en Texcoco). Mientras llegaba el día de la festividad luego de deshacerse de sus viejos enceres y fabricar nuevos aunque no debían usarlos todavía hasta después de la gran ocasión, los aztecas se la pasaban desocupados con cierto aire de melancolía o angustia, pues se tenía la creencia de que una vez encendido el “fuego nuevo” existía el peligro de que el mundo no se renovara sino que terminara.

            Llegado el día señalado, entonces toda familia debía apagar el fuego del hogar. Las grandes ciudades quedaban sumidas en la oscuridad para cuando llegaba la noche y era el momento. Los sacerdotes celebraban el ritual en el que se encendía el fuego en una pira de manera ceremonial. Se enviaba a un mensajero que igual que el corredor olímpico griego llevaba una antorcha (en este caso quizá de ocote) a encender primero la llama en templos y palacios y de ahí la gente podía surtirse de luz y calor. Al amanecer el mundo estaba salvado, los nuevos enceres podían estrenarse y la vida continuaba con normalidad. Otra prevención curiosa era que el rostro de todos los niños desde bebés hasta antes de la pubertad debía cubrirse con máscaras a fin de que no fueran secuestrados por los malos espíritus.

            El escritor español Salvador de Madariaga habla de la Ceremonia del Fuego Nuevo en su novela “El Corazón de Piedra Verde” en la que expone a gran detalle la cultura mexica prehispánica y la española renacentista, así como el punto de encuentro de los dos mundos. Madariaga nos ofrece una imagen tan viva de este momento sagrado y tan familiar que logra que el lector se sienta parte de aquella realidad que estaba en los límites de lo real y lo mitológico. Se narra cómo el rey Nezahualpilli de Texcoco sube con sus tres hijos a lo alto del palacio para contemplar la ciudad a oscuras, solo iluminada por los astros. Entre sus tres vástagos está su primogénito y sucesor Cacamatzin, pero más importante para el monarca que su mismo heredero es su pequeña hija de alrededor de doce años, la princesa Xóchitl. Juntos los cuatro contemplan el momento de cómo a lo lejos, fuera de la ciudad se enciende una pira, pues nadie debe presenciar de cerca el nacimiento del fuego nuevo más que los altos sacerdotes.

En su sabio corazón, Nezahualpilli (hijo de Nezahualcóyotl) presiente que esa fue la última vez que se celebraba la Ceremonia del Fuego Nuevo, lo que todavía no sospecha es que una de las primeras conquistas de los hombres blancos será su amada hija, la princesa Xóchitl se enamorará y será bien correspondida por el noble y valiente Rodrigo Manrique.

Ya en el siglo XX las antiguas ruinas prehispánicas fueron puestas en el centro de atención otra vez, se restauraron en la medida posible, arqueólogos y antropólogos de México y el mundo han hecho investigaciones con las que nos es posible soñar con aquél pasado en el que la realidad y la fantasía parecían entrelazarse. Se han recopilado las leyendas, se ha estructurado la mitología y es posible, haciendo un gran acopio de imaginación, vislumbrar cómo percibían los antiguos mexicanos los momentos como este, la Ceremonia del Fuego Nuevo.

El compositor mexicano Carlos Chávez se dio a la tarea de componer un ballet contemporáneo titulado “El Fuego Nuevo” en el que, como Madariaga pero a través de la música, quiso reconstruir la experiencia casi onírica que implicaba esta vieja tradición. Encargó a escenógrafos, coreógrafos y diseñadores de vestuario que reprodujeran fielmente el pasado prehispánico. Es por medio de obras como la novela histórica “El Corazón de Piedra Verde” y el ballet “El Fuego Nuevo” que podemos recuperar un poco de las glorias de esta tierra y así nuestra historia de hechos, sentimientos y visiones no quede en el olvido.

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