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QUERIDO Y ODIADO: EL ACORDEÓN

QUERIDO Y ODIADO: EL ACORDEÓN

Por Rita Elvenqueen

A nosotros, mexicanos, se nos facilita escuchar un sonido de acordeón e inmediatamente remitirnos al norte de nuestro país, al corrido y a otros géneros regionales. Para quienes se hayan criado en estados como Chihuahua, Sonora, Nuevo León, etc. incluso ha de parecer algo enraizado en sus corazones, algo “muy suyo”.

            Sin embargo el camino del acordeón ha sido largo antes de llegar a manos de los músicos norteños mexicanos y sureños estadounidenses. Originario de Checoslovaquia, en la parte oriental de Europa, empezó como instrumento de eslavos y gitanos, nunca ha formado parte de una orquesta formal y por ende ha sido siempre un objeto amado por el pueblo, por la gente que se desenvuelve entre las calles, los mercados y los talleres artesanales.

            Por desgracia en México y el mundo hubo una época en que todo lo que no formara parte de una orquesta sinfónica o ejecutara obras clásicas era visto como de menor talante, como cosa vulgar que no mereciera respeto o admiración y esto es un error. Al entrar el siglo XIX (año 1800) Europa se interesó en recuperar su folclor pero en México ese fenómeno no se da hasta terminada nuestra Revolución.

            Durante el siglo XIX gobernaron estas tierras personajes como Guadalupe Victoria, Antonio López de Santa Anna, Benito Juárez, Maximiliano de Habsburgo y al final Porfirio Díaz. Mientras los eventos que leímos en libros sobre Historia de México transcurrían, a la gente de clase alta le gustaba ir al teatro, pero nunca a ver huapangueros o danzas folclóricas, canciones típicas del país. El espectáculo favorito de la élite era la ópera y preferentemente traída de Italia, trabajo de compañías extranjeras que muchas veces se instalaban en la Ciudad de México por meses. Los aristócratas mexicanos acogían estas presentaciones como si fueran lo mejor del mundo cuando la verdad es que solo las compañías más mediocres del Viejo Mundo se paseaban por acá. A cambio, la gente rica despreciaba las melodías e instrumentos propios de la tradición mexicana (suelo decir a mis alumnos que en aquella época hubiera sido justo que los artistas lanzáramos tomates al público desde el escenario y no al revés).

            Mientras la gente rica faroleaba con la ópera, en los barrios y el campo se fortalecía la maravillosa música tradicional mexicana y, sobre todo en el norte, el acordeón echó raíces firmes en la tierra árida. Pronto dejó de ser un instrumento de inmigrantes y gitanos para quedarse en el sentir nacional.

            No tiene la guerra ganada todavía, igual que otros instrumentos como la vihuela mexicana (la vihuela española se tocaba con arco igual que un violín), la jarana, la huapanguera, etc. sigue asociándose en la mente de las personas a la música de cantina, ahora al crimen organizado, a las canciones de desamor y a otras cuestiones que supuestamente desmerecen su calidad, lo cual no es cierto y tan inculto es quien no conoce las artes clásicas como quien desdeña la tradición folclórica, la moda es sólo una opción.

            El acordeón como cliché se asoció al corrido norteño, quizá por el cine mexicano y alude bastante a la Revolución, basta oír “Jesusita en Chihuahua” para estar seguros de esto. Toda esta cultura giró en gran parte alrededor del mítico Pancho Villa que igual que el acordeón era querido por muchos y odiado por otros tantos.

Los corridos muchas veces pueden estar en clave, allá por 1915 los usaron los revolucionarios para mandarse mensajes acerca de las victorias y derrotas de sus bandos y, por mala suerte, hoy los grupos criminales se siguen valiendo de ellos para comunicarse y amenazarse. Bien que mal todo esto ha sido parte de lo que somos y el acordeón ha estado presente en estos episodios de la historia, es un testigo que con su sonido musical nos relata también lo que ha pasado.

Las personas escucharán música de acordeón escapando de algún local de comida y/o bebida y sus reacciones serán distintas, unos pueden identificar la canción que les gusta, otros pueden pensar que se trata de un establecimiento “naco” e incluso hay quien se aleja a paso rápido temiendo una balacera. Sea como sea en cada grupo cultural mexicano que se dé a la tarea de viajar por otra parte del mundo llevando nuestro sonido debe incluir siempre un buen ejecutante de acordeón.

oda-krohg-el-acordeon-pintores-y-pinturas-juan-carlos-boveri

BIBLIOGRAFÍA:

  • Imagen: KROHG, Oda (1860-1935). “El acordeón”. Dominio Público

1 Comentario »

  1. El Maestro Antonio Tanguma Guajardo, Abelardo Lalo Garcia y otros acordeonistas norteños fueron los que sacaron del rancho y de los pueblos el acordeón y el bajosexto junto a su musica regional norteña y la trajeron a las grandes urbes como Monterrey donde fue que a partir de 1937-1938 cuando los comenzaron a incluir en las programaciones radiofónicas de estaciones como la XEH y la XET, allí mismo fue donde en aquellos años comenzaron las incipientes y discretas grabaciones de la música regional.

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