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VIEJAS HISTORIAS DE ACAPULCO

VIEJAS HISTORIAS DE ACAPULCO

Por Rita Elvenqueen

Ahora que falta muy poco para el descanso de Semana Santa las hermosas playas de Acapulco se verán otra vez llenas de gente y movimiento. Cuenta con todas las comodidades y atracciones con que puede soñar un turista y hay opciones para diferentes presupuestos, pero no siempre fue ese complejo vacacional que es ahora, antes fue un paraíso de costas vírgenes donde las leyendas se escondían en cada rincón, fue un punto estratégico para la Guerra de Independencia y durante la década de 1920 el idealista Juan R. Escudero organizó ahí una de las luchas más arduas por la igualdad y la justicia.

            Sabemos de sobra que para cuando Cristóbal Colón llegó a América y los españoles se instalaron en México el “Nuevo Mundo” no tenía en realidad nada de nuevo y nuestro continente tiene otro litoral igual de largo del lado del Océano Pacífico, cruzar el Atlántico no era la única opción para llegar a estas tierras. Estando así las cosas, se cuenta que un monje chino de nombre Fa Hsien fue el primer extranjero en pisar las orillas acapulqueñas en el año 417 d. C. (mientras el Imperio Bizantino estaba en su apogeo en Europa). El religioso de oriente contó a los suyos que había llegado a unas playas muy hermosas donde conoció a nativos amigables a los que dio a probar el arroz y ellos a cambio le ofrecieron deliciosas tortillas de maíz, carne seca de venado y cerdo salvaje. Los aborígenes y el chino intercambiaron prendas de vestir y otros suvenires en los varios viajes que hizo el monje. En la historia oficial de China se lee esta historia pero no tenemos manera de corroborarla.

            Bueno y ¿de dónde viene la palabra “Acapulco”? Pues de una historia con todo el estilo de Romeo y Julieta. Se cuenta desde la época prehispánica que una tribu yepe ocupó cierta región de la costa para luego ser expulsados por un bravo grupo náhuatl. Quiso el destino jugar con el corazón humano cuando Acatl, hijo del jefe náhuatl se enamoró de Quiáhuitl, hija del jefe yepe. Por no poder vivir su amor el joven lloró maldecido por su suegro hasta que se transformó en charco y de él crecieron algunos carrizos. Ella, por el poder de Quetzalcóatl, tornó en nube para arrojarse sobre su amado en cada tormenta. De ahí el nombre del lugar Acapulco= carrizos arrasados.

            Para los españoles fue uno de los puntos gracias a los que trazaron la ruta comercial más grande de la historia hasta ese momento. Los galeones partían dos veces por año a Acapulco desde Manila, de donde traían joyas increíbles, especias, esclavos, telas y otros lujos para España y la Nueva España, allá comerciaban con productos europeos.

            Ya en la era un poco más contemporánea, durante la contienda de Independencia, en Acapulco se llevó a cabo el fusilamiento del estandarte de la Virgen de Guadalupe, generalísima de las tropas insurgentes. Los españoles realizaron un juicio a la imagen de la “morena del Tepeyac” que arrebataron a Morelos en una batalla, se le acusó de crímenes contra la corona y se le fusiló (que no nos sorprenda esto dado que en la Edad Media la Iglesia juzgó y condenó a la hoguera a varios cerdos de corral y elevó a los altares a un perro). Ya más avanzada la guerra, el caudillo Pedro Ascencio (mano derecha de Vicente Guerrero) fue sitiado cerca de Acapulco por las tropas realistas pero hábilmente se escondió en las cuevas con su regimiento para luego reaparecer danzando ataviados con máscaras y cuernos de animales. Como los peninsulares eran sumamente supersticiosos, creyeron que en verdad los diablos estaban saliendo del infierno y huyeron. Todavía se hace junto con los festejos del 15 de septiembre un “concurso de diablos” en Acapulco.

            Mientras la Guerra Cristera abatía a varias partes del país, Acapulco tenía sus propios problemas. Juan R. Escudero, se convirtió en líder sindical para los trabajadores del puerto, pues no habiendo siquiera muelles en muchos lugares, estos trabajaban descargando los barcos lidiando con el peso de las cajas y las olas a la altura del pacho a la vez para ganar un mísero sueldo. Imprimió periódicos, organizó sindicatos, les hizo saber a los empleados sus derechos. Por esto fue casi asesinado una vez, le dieron un tiro en la cabeza y un cirujano estadounidense lo operó con una cuchara. Volvió en silla de ruedas a sus actividades políticas para finalmente ser fusilado junto con sus hermanos.

            Aquí les dejo unas muestras históricas para que la próxima vez que se hallen en el Puerto de Acapulco sepan ya que se encuentran en una tierra antiquísima de indígenas, amables exploradores chinos sin ambición de conquista, lugar bañado de mar y de sangre de muchos valientes.

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BIBLIOGRAFÍA:

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