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“Ama a tu prójimo como a ti mismo”

“Ama a tu prójimo como a ti mismo”

Marcos 12:31

Por: Anónimo MX

 

Amigos de Nación en mi primera colaboración quiero compartir la siguiente experiencia que me sucedió el día de hoy.

Llegué unos minutos tarde a mi clase. Como siempre me senté en la penúltima fila de adelante hacia atrás y en la penúltima silla de izquierda hacia derecha. Todo parecía absolutamente normal hasta ese momento, con la excepción de que no suelo llegar tarde. La clase trataba de la cultura china y en particular se hablaba del taoísmo, confucionismo y budismo.  En especial me llamó la atención el tema de las máximas virtudes del confucionismo: la tolerancia, la bondad, la benevolencia, el amor al prójimo y el respeto a los mayores y antepasados.

¡Nunca imagine que Alguien nos pondría a prueba de inmediato!

Mientras escuchábamos atentos al profesor, éste se distrae por un momento dirigiéndose a una persona que estaba en la puerta del salón y que al momento no alcanzaba a ver.  El profe le decía en tono amable, pero a la vez desconcertado  -¿Va a entrar?… Pues pásele – Entonces ingresa un viejito muy delgado, con ropa un poco desgastada, bastón y cachucha color negro. Lo de la edad no sería muy raro porque la mayoría de mis compañeros de clase son jubilados, sin embargo se notaba avergonzado y bastante confundido.

Bien, nuestro personaje entra a la clase y toma asiento a sólo una banca de donde yo estaba. Balbuceaba algunas palabras y daba la impresión de tener problemas para hablar. De inmediato percibimos un fuerte olor a orina que penetraba hasta el cerebro, pero pareció no importarle y tomó asiento entre las miradas desconcertadas de todos. Las señoras rápidamente movieron sus sillas o se cambiaron de lugar para alejarse de donde estaba el señor. Yo me quedé allí inmóvil, pero con una mente tan inquieta que me fue imposible prestar atención a la clase que ya trataba sobre “Las Analectas” de Confucio.

¿Qué pensaba? Lo primero que vino a mi mente fue el desagrado por el olor y el reclamo mental hacía el maestro porque le había permitido ingresar a la clase. Otro pensamiento más “positivo” fue “si estamos hablando de las virtudes de Confucio, es momento de ponerlas en práctica”. Así mismo juzgué a las señoras por comportase tan poco tolerantes ante la presencia del anciano. Me juzgué a mí mismo por vanagloriarme por el hecho de no haberme movido y demostrar un poco más de tolerancia, pero a su vez pensaba “¿y si tiene piojos? ¿y si se orina en medio de la clase?…¿y si se dirige a mí y no sé cómo contestarle?. En fin, en un minuto hice toda una historia y una serie de juicios de la nada, o de mis propias batallas mentales que se me antojaban más grandes que los “Anales de primavera y otoño” un periodo plagado de guerras internas en la antigua China.

La clase continuó con la Dinastía de Qin Shin Hang. A una señora se le ocurrió prender el ventilador y eso ayudó a dispersar el olor. Nuestro visitante no se movió en ningún momento. Él estaba atento a clase. Me sorprendió cuando el profesor puso unas imágenes de la Muralla China y los Guardianes de Terracota  y quiso participar, pero no se le pudo entender una sola palabra. Sentí pena por Él. Quise imaginar que Nuestro Compañero era alguien que sabía mucho pero no podía expresarlo por su problema del habla.

Para no dar más vueltas a la historia, les comento que así transcurrió la hora y media de la clase entre la crueldad de los emperadores y la crueldad de los pensamientos. Me imagino que muchos deseábamos que el maestro dijera  – La clase ha terminado, pueden irse –  o que el visitante se aburriera y se fuera.

Del lado izquierdo del Improvisado Compañero estaba sentado otro señor más o menos de la misma edad, pero que se veía sano y bien vestido. De igual manera en ningún momento se movió. Lo que pude observar es que estaba disfrutando la clase. Estuvo atento, tomando apuntes y fotografías con su celular de los mapas que aparecían en la pantalla.

En la parte final de la clase hubo quien no se esperó a que culminara  y salió rápidamente del salón. El viejito del bastón se esperó hasta el final. A partir de ese momento la experiencia no dejó de rondar por mi mente. La quise compartir con casi todo mundo porque me pareció un gran aprendizaje.

Mi primera gran lección fue la que tiene que ver conmigo mismo. La manera en qué reaccioné; el ego, la poca tolerancia, la inseguridad. Me descubrí poniéndome máscara tras máscara y que son máscaras que uso cotidianamente. No lo había concientizado, pero me dio miedo mi propia vejez o la muerte de un familiar. Él fue mi espejo mental. Construí mi propia muralla que igual que la Gran Muralla no sirvió para nada. Los pensamientos me asaltaron como los mongoles y manchures sin que el ejército chino pudiera hacer nada.

La segunda lección fue saber que no soy el único con ese actuar. Que todos usamos esas máscaras. Nos vanagloriamos cuando creemos saber más, ser doctos en filosofías espirituales, historia, cultura, etc. Pero basta sólo un momento, una breve experiencia para demostrar que nuestra “espiritualidad”  y sapiencia es tan frágil y falsa. Así como describo esta escena imagino a la mayoría de las personas que se autoproclaman bondadosas. Las que viven la religión solo a conveniencia, cuando les es agradable, cuando les brinda ego espiritual, pero se alejan cuando hay “mal olor”. Las que, como yo, tienen una lucha interna por querer ser mejores pero finalmente todo lo juzgan mentalmente. Hubo quienes ni siquiera voltearon a ver al compañero y sí, hay quienes son indiferentes al prójimo.

En la tercera lección, para mí la más importante, aprendí que también podemos ser un poco más como aquel señor que disfrutó la clase y no se cambió de lugar. Por supuesto en ningún momento mostró rechazó al compañero, pero tampoco tuvo que demostrar una exacerbada y en ocasiones falsa compasión. De igual manera el maestro respetó en todo momento al visitante. Inclusive lo hizo sentir uno más en la clase. Ni menos ni más.

Finalmente reflexioné ¿Acaso nuestro improvisado compañero no fue nuestro mejor Maestro? ¿Acaso no nos proporcionó un aprendizaje mucho más valioso que saber toda la historia de China? ¿En realidad los seres humanos vivimos las virtudes de Confucio, de Buda, Cristo, Mahoma o cualquier otro líder espiritual?

Nuestro Compañero Especial no estuvo allí por casualidad. Alguien lo envió con un mensaje que espero todos los hayamos podido entender.

 

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