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GROENLANDIA: EN LA MIRA DE LOS VIKINGOS

                           

Por Rita Elvenqueen

En tiempos antiguos los americanos poca cuenta nos dimos que aquella isla estaba tan cerca de nosotros. Tuvo una época en que era más verde y más fértil de lo que es ahora, por eso los escandinavos la llamaron Greenland (tierra verde) a diferencia del lugar gélido de donde ellos provenían, Islandia (Iceland, tierra del hielo).

            Durante la etapa final de mi adolescencia me dediqué a leer con avidez cuanto texto sobre celtas y vikingos cayera en mis manos. Fue así como aprendí que el famoso personaje de Erik el Rojo (mote debido a su cabellera) fue expulsado de Noruega por haber cometido un asesinato, tuvo que refugiarse en Islandia pero la vida para él y su familia en el exilio era muy dura, por ello reunió a varios navegantes y aventureros para que lo acompañaran en busca de un lugar mejor y efectivamente dieron con lo que querían, Groenlandia. Igual como ocurrió en Escocia, el norte de Francia y otros asentamientos escandinavos, estos fieros guerreros de conducta incluso nefasta se volvieron pacíficos granjeros en cuanto se sintieron seguros en aquella isla apta para cultivar y criar animales.

            Otras vertientes de la historia dicen que había en la isla desconocida un bien muy buscado por los antiguos nórdicos: el marfil de morsa. Este era un producto lujoso que todos los reyes europeos pagaban muy bien para hacer joyería y las famosas piezas de ajedrez medievales obtenidas de este material precioso.

            Muy pronto, los europeos aprendieron que no estaban solos en ese paraíso recién descubierto. Las tribus inuit que se expandieron por la América del círculo polar ártico también vivieron en Groenlandia. Aunque por ley tuvo que darse cierto mestizaje, ambos pueblos por lo general se mantuvieron alejados uno del otro. Por miedo a lo desconocido, por la imposibilidad de que sus costumbres congeniaran entre sí y por la misma apariencia física tan distinta el encuentro de dos mundos no dio un resultado colorido como el de Latinoamérica.

            Si los nórdicos de Groenlandia hubieran sabido que la convivencia con los nativos hubiera podido salvar su asentamiento, entonces quizá su comportamiento hacia ellos hubiera sido diferente. Aunque los blancos llegaron con los adelantos medievales eso no significaba que los indígenas vivieran en la barbarie. Se sabe, por ejemplo, que conocían la metalurgia y el hierro forjado con meteoritos, por extraño que esto suene.

            Viviendo con base a la agricultura, la ganadería y vistiendo a la última moda de Europa, los vikingos no estaban listos para lo que se avecinaba. Aquella isla que los acogió con su exuberante vegetación pronto se tornaría helada otra vez, haciendo fracasar a sus sembradíos y la insuficiencia de campos para el pastoreo llevó a sus animales a la muerte. Se quedaron sin alimento y la ropa que llevaban no era suficientemente abrigadora para las bajas temperaturas que sufrieron. Un día, ya en el siglo XV, simplemente en la Escandinavia europea se dieron cuenta de que hacía mucho que no tenían noticias de sus hermanos de Greenland y quisieron ir a ver qué había sido de ellos. Las granjas estaban abandonadas, había esqueletos humanos y de animales por doquier aunque no parecía que los hubieran atacado los indios.

            Esto quedó como un misterio hasta los siglos XX y XXI cuando la ciencia pudo al fin explicar lo que pasó. Al quedarse sin trigo y verduras su dieta se redujo y sus animales empezaron a morir. Pasaron hambre y frío cuando la comida se acabó, llegaron al grado de comerse a sus propios perros, los cuales eran sus acompañantes. Por los restos en sus basureros se ha notado cómo hirvieron los huesos una y otra vez hasta que ya no pudieron obtener nada de ellos. Las enfermedades respiratorias originadas por la falta de abrigo y arreciadas por la mala comida también fueron causa de que la población completa muriera. En cambio los nativos dominaban la caza de las ballenas, focas y su técnica de curtir pieles les dio ropa apropiada para el clima.

            Los prejuicios raciales y religiosos muchas veces nos llevan al fracaso, qué más prueba que esta historia.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Imagen: WERWNSKIOD, Erik. “Slaget ved Solskjel”. Dominio público.
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