Por: Vera Delgadillo Vélez

En el mundo del arte y aún más profundamente en el surrealismo, el nombre de Leonora Carrington constituye todo un referente. Conocer su vida resulta curiosamente apasionante y sumergirse en su obra se convierte en suculento e intrigante.

Coincidentemente,el año en el que Leonora Carrington llegó a este mundo, fue la primera vez que el término surrealismo (surréalisme) fue utilizado por Apollinaire en Francia, de manera tal que es como si así, su destino hubiera sido marcado. Sin que Leonora lo supiera, el surrealismo crecía a la par de ella.

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Leonora se destaca por la locura de sus sueños e ideas, por las ocurrencias de sus pensamientos y por la bravía de plasmarlos en lienzo. Su vida diaria fue excéntrica hasta la médula y al igual que ella, sus amistades también lo fueron. Justamente, para poder acercarnos más a Leonora, es preciso revisar la descripción que su amiga Elena Poniatowska (Leonora, 2011), escribe en su libro dedicado a ella:

Una mujer indomable, un espíritu rebelde. Fantasiosa y excéntrica en su infancia.  Estaba destinada a crecer como la rica heredera de un magnate de la industria textil, pero desde pequeña supo que era diferente, que su capacidad de ver lo que otros no veían, de conectar con los animales, la convertía en especial. Desafió las convenciones sociales, a sus padres y maestros, y rompió cualquier atadura religiosa o ideológica para conquistar su derecho a ser una mujer libre, personal y artísticamente. Leonora Carrington es  hoy una leyenda, la más importante pintura surrealista, y su fascinante vida, el material del que se nutren nuestros sueños.

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Aunque originaria de Londres, Leonora pasó a instalarse a Francia, tras quedar embelesada por el artista Max Ernst. Las habilidades y dotes artísticas de Max, cautivaron por completo a Leonora, aun cuando éste le doblaba la edad. Comenzaron su romance cerca de 1937 y pronto se mudaron a vivir juntos en su distinguida casa de campo. Durante este tiempo se desenvolvieron en la completud de la vida artística y bohemia haciendo de su día a día la convivencia con increíbles personalidades y representantes del arte de ese tiempo, tales como Salvador Dalí, André Breton, Joan Miró, Pablo Picasso, entre otros. Su amor fue artístico, casi poético y lleno de las profundidades de la pasión y del descubrimiento.

Poco tiempo fue el que duraron viviendo en su casa de campo, ya que se vieron forzados a separarse dada la persecución de Max producto de los conflictos que daban inicio a la Segunda Guerra Mundial, culminando con su confinación en el campo de concentración de Les Mills. Este evento representó un gran impacto para Leonora, trayendo como consecuencia una desestabilización psíquica que incluyó ser internada en un hospital psiquiátrico en Santander, ya que, tras la captura de Ernst; Leonora se había instalado en España.

El tiempo que duró internada, Leonora vivió presa de la locura, envolviéndose día con día en su soledad y tristeza por su separación con su compañero de arte y pasión. Después de un tiempo,  logra escapar y, es en Portugal donde se encuentra con el escritor mexicano Renato Leduc, quien se convierte en la pieza clave para poder salir del viejo continente. Unen sus vidas civilmente y antes de trasladar su vida a México, Leonora viaja a Nueva York, donde en ese momento el arte y todos sus representantes solían reunirse en las grandes cumbres artísticas.

Ya en México, Leonora se divorcia de Leduc y continúa expandiéndose en el arte, mientras día con día su alma se enamoraba de cada rincón que conocía de México. Fueron muchos los surrealistas que se habían instalado en el mismo país, dada la situación en el continente europeo, razón por la cual cada vez convivían más y  Leonora expandía cada vez más su potencial artístico y creativo.

Es en 1944 cuando conoce a Emérico Weisz, fotógrafo quien también se había refugiado en México tras estar en Hungría y Marruecos. Ambos habían conocido a la pintora Remedios Varo y a partir de ese momento compartieron sus vidas. Juntos dieron vida a dos hijos: Gabriel y Pablo.

Leonora estaba enamorada de la vida y de la pasión, y estos gustos aumentaron cuando se instaló en México. Fue donde formó grandes amistades pero las más importantes fueron con Elena Poniatowska y con Remedios Varo.  Apasionadas todas del arte, de lo sublime, de lo surreal, de lo hermoso y de lo bohemio. Compartían el gusto por  la magia y la alquimia, los cuentos de hadas, las profundidades del sueño y del inconsciente.

Los años seguían caminando mientras la obra surrealista tocaba su punto máximo de la mano de increíbles artistas. Los años pasaron por Leonora, por su cabello, por su cuerpo, por su cara y por su  mente. La mujer que salió de Londres a la edad de 20 años, con el tiempo se convirtió en la mujer representante del surrealismo y su obra se compone de innumerables cuadros, litografías, poemas, cuentos y hermosas esculturas. Aventurera y apasionada hasta lo más profundo de su ser y con una vida llena de recuerdos e intensidades, Leonora se despidió de este mundo a causa de una neumonía en el año 2011.

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Referencias y enlaces.

  1. Aberth, S. (2004). Leonora Carrington. Surrealismo, Alquimia y Arte.
  1. Carrington, L. (2017). Memorias de abajo. Prólogo Elena Poniatowska, traducción Francisco Torres Oliver. Alpha Decay.
  1. Ordaz, P. (2011). La locura del vivir. El País.
  2. Poniatowska, E. (2009). Un mural en la selva, el de Leonora Carrington. Revista de la Universidad de México.
  3. Poniatowska, E. (2011). Seix Barral.