Por: Iván Martínez-Costa

En distintas ocasiones, hay situaciones en las que tenemos que actuar con urgencia, donde por verdadera emergencia es necesario acelerar el coche. Sin embargo, parece ser que cada vez nuestros asuntos son más urgentes y más prioritarios. En otras ocasiones, tenemos la necesidad de pasar antes que el otro con afán de competencia, de que se note la potencia de nuestro coche y parece que la carretera es sólo para nosotros…

…y nos alejamos de las necesidades del otro.

Como en varias ocasiones, me es muy grato caminar por las calles de mi ciudad y de las que he tenido oportunidad de visitar. Creo que de esta manera puedo conocer un poco más de la arquitectura y de la gente. Sin embargo, es cada vez menos común, lamentablemente, que los conductores cedan el paso al peatón, que vean por la seguridad propia y ajena, favoreciéndose sus prioridades. Considero que por esto, los accidentes han ido creciendo exponencialmente, y hemos sido cada vez más los afectados.

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Y esto, porque todos queremos llegar temprano al trabajo, (o al menos, a tiempo), pero por otro lado, queremos dormir más, o ir a dejar a los niños a la escuela, para seguir con nuestras actividades, o simplemente, para “ganarle” al de adelante. Rara vez se acepta la responsabilidad de estos actos, argumentando excusas y diversos comportamientos que siempre se observan en los accidentes automovilísticos.

Considero amigo lector, que la raíz de esto, no es meramente que tengamos la necesidad de ir de prisa, sino que hemos dejado de preocuparnos y ocuparnos, como sociedad de las necesidades del otro, con tal que se cumplan las propias. Por ejemplo, ceder el paso, o detenerse en el paso peatonal, no quita más que unos minutos, sin embargo, parece que esos minutos son precisamente los que no podemos perder cuando se va al volante…

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…y nos alejamos de las necesidades del otro.

Esto puede tomarse como cultura vial, pero considero que, aún más, es cuidar y servir al prójimo, que cada vez es más raro ver en nuestra sociedad.

Por esto, amigo lector, una vez más los invita su servidor, a procurar al prójimo a ayudarle y servirle, cediéndole el paso al peatón, bajarle a la velocidad y comprender que todos tenemos necesidades y preocupaciones, ya que en la medida que uno sirve a un ciudadano, se sirve así mismo como hijo de la misma sociedad.

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Hasta la próxima.

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