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ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA: ANTES DE QUE INMIGRAR FUERA ILEGAL

Por Rita Elvenqueen

¿Cómo es posible que Cristóbal Colón descubriera América si había millones de personas viviendo aquí? Aunque los libros de Historia nos han enseñado esto si aplicamos un poco de sentido común es extraño ¿No les parece?

En la ambiciosa conquista a nuestro continente pocas regiones perdieron tanta riqueza cultural y personalidad como lo que hoy es Estados Unidos de América. Las tribus primigenias fueron casi exterminadas y sus sobrevivientes obligados a vivir en reservas muchas veces en condiciones infrahumanas. Algunas personas mencionan con envidia que a México los españoles llegaron a saquear mientras los ingleses arribaron más al norte a “crear una nueva nación”. Sí, pero el costo fue demasiado alto. Tanto que hubiera sido preferible evitarlo.

Enorme territorio, dotado de paisajes maravillosos. Es también la prueba de que el “Nuevo Mundo” en realidad no tenía nada de nuevo. A lo largo y ancho de sus dominios se han encontrado no solo vestigios de las magníficas tribus norteamericanas. En lo que hoy es Nueva Jersey se han encontrado construcciones monolíticas similares a las europeas, incluso se le llama al sitio “El Stonehenge de América” ¿Pista de que los celtas llegaron antes que los conquistadores? Si esto no es satisfactorio, en alguna parte del sur se encontró una tumba perteneciente a un guerrero medieval europeo, esto último obviamente no se ha reconocido oficialmente pero muchas señales así lo indican.

No solo los europeos ya habían estado aquí antes. En colorado se encuentra el famoso Palacio Acantilado, un pueblo abandonado que han atribuido a los indios anasazi, aunque no pocos historiadores digan que las viviendas tienen más el estilo de Oriente Medio (judíos y árabes) que de los aborígenes.

Se rumora también que hay jeroglíficos egipcios en las cuevas de varios estados originales de la época faraónica (¿Por qué en los cuerpos secos de algunas momias se han hallado restos de cocaína, originaria de América?).

Por todo lo antes mencionado, tal parece que la Unión Americana estuvo destinada siempre a ser el punto de gran confluencia entre pueblos de todo el mundo.

La Historia como ciencia, no sólo en Estados Unidos, está hoy acusada de haber sido etnocéntrica a lo largo de varios siglos ¿Y qué es etnocéntrico? Quiere decir que gira alrededor de una sola raza, en este caso la blanca. Los caucásicos escribieron o contaron todos los datos que hoy forman parte de lo que sabemos pero nadie se atrevió a escuchar a otros pueblos. De haber sido así nuestra actitud sería otra, pues conoceríamos el porqué de numerosas incógnitas que hoy todavía crean un hueco en la existencia tanto social como individual.

A partir del Renacimiento, los europeos empezaron a sentirse dueños de todo el mundo, con derecho a humillar y despojar a otras culturas con miles de pretextos, como por ejemplo: el color de la piel, la creencia religiosa, las costumbres “bárbaras” e incluso la carencia de alma que achacaron a su conveniencia. Estados Unidos se convirtió en un país dominado por los blancos, antes y después de su independencia, y con esto llegó a ser heredero de toda esta cultura altiva que mira por debajo del hombro a lo que no cuadre con la apariencia “aceptable”.

Por la, quizá, excesiva confluencia y movimiento de diferentes culturas sobre su territorio nos da la impresión de que realmente nada entrañable logró echar raíz en su suelo. Esto puede ser cierto en las grandes ciudades porque estoy segura de que en provincia y lugares rurales hay más valores de todo tipo que han venido de generación en generación.

Los estadounidenses tienen muchas cosas que otras naciones desearían poseer: el núcleo de la economía mundial, la meca del cine y de la moda, un estilo de vida con el que los países pobres ni siquiera pueden soñar. Pero debajo de ese barniz trivial siguen palpitando las venas ocultas de un país multicultural. Vive, aunque sofocada, la sabiduría y la bravura de los indígenas, así como los deseos de los pioneros europeos de hallar una vida mejor. Todo esto combinándose, aunque se quiera que no, con la tenacidad incansable de nuestros paisanos.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Imagen: HEDLEY, Ralph (1848-1913) “The Market Wagon” (1906).
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