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Más allá de la zona de confort: La zona de aprendizaje.

Por: Vera Delgadillo Vélez

En la actualidad, la vida se ha potenciado hacia la tendencia de conocer, hacer, crear experimentar, cosas y situaciones de todo tipo, presentando panoramas que en otras épocas quizá hubieran parecido impensables. La disponibilidad de tantas opciones y su fácil acceso, genera en muchos individuos la extrema necesidad de vivirlos y experimentarlos. Sin embargo, existe una gran parte de personas que ante tanta diversidad, facilidad y alcance, prefieren quedarse con lo de siempre, limitándose a conocer nuevas experiencias.

¿Qué diferencia existe entre quiénes tienen apertura a la experiencia y quiénes no la tienen? La respuesta es sencilla: están sumergidos en una zona de confort. Este término se ha hecho tan común en los últimos tiempos, que pareciera como si no necesitara una explicación. Sin embargo, es preciso definirla para ampliar su conocimiento y entendimiento. Podemos definir la zona de confort como “ese espacio que controlamos, en el cual nos sentimos cómodos, protegidos, donde todos los procesos son controlados y controlables. Es el espacio donde siempre se han hecho las cosas de la misma manera”. (Forés, et. al., 2014)

La zona de confort podríamos decir que es peligrosa, ya que en ocasiones pareciera que es imperceptible, pero su alcance es grandísimo.  Lo anterior debido a que se conforma un espacio personal o un posicionamiento conformado por actitudes, procedimientos y estrategias que habitualmente utilizamos y con las que nos sentimos “cómodos” (Freire, 1970). Más que comodidad, la zona de confort genera seguridad, lo cual, hace que sea más complicado darse cuenta que quizá sea momento de plantearse si cambiar, mejorar o modificar una acción o un hábito sea adecuado.

Enfrentar la zona de confort podría resultar complicado, ya que hacerlo, llega a generar inseguridad, incertidumbre, miedo, resistencia al cambio o a lo habitual, ya que se está haciendo frente a una situación “desconocida”. Cuando se afrontan estas situaciones displacenteras, de manera más continua y decidida, se está dejando de lado la zona de confort, para encaminarse de manera más directa a la zona de aprendizaje.

Hablar de zona de aprendizaje marca una diferencia entre el actuar cotidiano y rutinario y el actuar innovador, creativo, expectante y atrevido. Es definida como la zona a la que el individuo sale para ampliar su visión del mundo y la experiencia personal. Es aquella zona donde se observa, se experimenta, se compara y se aprende. (González, 2015).

La transición de la zona de confort a la zona de aprendizaje podría parecer complicada, sin embargo, ciertas herramientas contribuyen a su desarrollo. Según el Dr. Mario Alonso Puig “El miedo nos impide salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona”.

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¿Cómo salir de la zona de confort?

  • Crear hábitos. Crear hábitos, siempre es una de las decisiones más acertadas que se pueden tomar para la una transición de un estado de una zona de confort a una zona de aprendizaje, ya que implica un cambio significativo en la consecución de acciones en el día a día.
  • Autoconocimiento. Es quizá uno de los factores más importantes a tomar en cuenta para descubrir la zona de aprendizaje, ya que el autoconocimiento requiere de mucha sinceridad y congruencia con uno mismo para llevarse a cabo. Con lo anterior será más sencillo identificar qué acciones diarias encaminan hacia la zona de confort y han estado limitando las acciones hacia la zona de aprendizaje.
  • Reflexiona. Este punto se vincula con la respuesta de cuestiones tales como ¿Por qué salir de la zona de confort?, ¿Para qué salir de la zona de confort?, ¿Qué beneficios se obtienen al salir de la zona de confort?, ¿Qué riesgos implica la zona de confort?, entre otras,
  • Autodisciplina. Junto con la formación de hábitos, la autodisciplina será de gran utilidad para la consecución de acciones que encaminen a la zona de aprendizaje y busquen el mantenimiento de la misma.
  • Atrévete. El punto crucial para conocer la zona de aprendizaje y dejar la zona de confort es atreverse y tomar la decisión de crear hábitos que beneficien, capacidad de autoconocimiento, reflexión sobre las acciones y generación de autodisciplina; ya que todo esto involucra dejar acciones que nos depositan en la “seguridad” y “comodidad” de la zona de confort.

Referencias.

  • Forés A., Miravalles, J., Sánchez,J. (2014). Salir de la zona de confort. Dilemas y desafíos en el EEES. Tendencias Pedagógicas. Universidad de Barcelona
  • Freire, P. (1970). Pedagogía del Oprimido. México: Siglo XXI.
  • González, J. (2015). Poniendo otra mirada a la adolescencia. Convivir con los riesgos: drogas violencia, sexualidad y tecnología.
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