Colaboradores

 La Educación vista por Freud

“La indiferencia crece.

En ninguna parte el fenómeno es tan visible como en la enseñanza,

donde en algunos años, con la velocidad del rayo, el prestigio

y la autoridad del cuerpo docente prácticamente han desaparecido.

(Lipovetski, 2010: 38).

Dr. Armando Sánchez Gutiérrez

El papel social de la educación desde la perspectiva del Psicoanálisis. El estudio de la situación que vive el sistema educativo es complejo, y exige múltiples perspectivas. La filosofía psicoanalítica es una de ellas. Hoy la abordamos mediante esta técnica que nació siendo terapéutica, ya que de manera general,  se ocupa de descubrir los acontecimientos de la vida pasada de las personas y las consecuencias que tienen en su presente, de manera puntual, se buscan las causas de los problemas y desajustes emocionales derivados de las deficiencias educativas.

En el desarrollo de esta especialidad, Sigmund Freud juega un papel primordial, siendo que a pesar de su formación inicial, sus investigaciones no se centran en la medicina, sino, que su reconocimiento histórico se debe a la elaboración de un método para tratar las enfermedades mentales y que, posteriormente, se incorpora al estudio de otras áreas del conocimiento humano: la cultura, el arte, la misma educación, etc.

El mismo Freud solía comparar al psicoanálisis con la arqueología, tal como señala Bruno Bettelheim en su estudio Freud y el alma humana: “El trabajo del psicoanálisis consiste en desenterrar los restos del pasado, profundamente enterrados, y combinarlos con otros fragmentos que son más accesibles; una vez que todas estas piezas han sido conjuntadas, es posible especular sobre el origen y la naturaleza de la psique humana” (Bettelheim, 1993: 56). Ahora, hagamos un pequeño recorrido…

De inicio, es pertinente señalar que Freud concebía a la personalidad como integrada por tres sistemas: el ello, el yo y el súper yo, los cuales, al organizarse de manera unificada y equilibrada, generaban una estructura mental sana, permitiéndole al individuo relacionarse  de manera eficiente y satisfactoria con su entorno, pero cuando no existía ésta armonía, el sujeto  se mostraba inadaptado, insatisfecho consigo mismo,  con  las personas a su alrededor o con las actividades que la sociedad le encomendaba.

Por lo tanto, Freud, entendía que, en la organización de la personalidad, juega un papel importante la “energía psíquica”, la cual “proviene del alimento que se ingiere y se invierte en la circulación, respiración, digestión,  conducción nerviosa,  actividad muscular, percepción, memoria y pensamiento” (Hall, 1987: 41). Este elemento asume diversas formas, siendo energía mecánica, térmica,  eléctrica y química. Esta última cumple  tareas psicológicas, tales como, pensar, percibir y recordar.

psychology-2706902__340

De igual manera, dicha personalidad,  obtiene su energía de los instintos, los cuales son: “una condición innata que imparte instrucciones a los procesos psicológicos” (Hall, 1987: 42) y los cambios que sufre determinan conductas diversas: “si la mayor parte  de la energía  está controlada por el súper yo, su conducta será moralista. Si está controlada por el yo, su conducta será realista. Y si depende del ello, sus acciones serán impulsivas” (Hall, 1987: 42). Y así mismo, continúa Hall: “ahora bien: aunque los procesos que constituyen el yo y el súper yo actúan como frenos del ello, el yo y el súper yo también tienen sus fuerzas impulsoras propias” (Hall, 1987: 56).

En consecuencia, señalaba que  todo suceso mental que ocurría fuera de la conciencia y que no podía hacerse consciente mediante un esfuerzo de la atención, se consideraba perteneciente a otra región más profunda de la mente  que llamó: el inconsciente, y sugería que: “la conciencia era solo una delgada corteza de la mente total, que como un témpano, tenía la mayor parte escondida debajo de la superficie consciente” (Hall, 1987: 62).

Para Freud lo consciente es aquello aceptado y reconocido como propio por el sujeto en el momento presente, que dirige su atención y regula su comportamiento y actitud.

En relación con el preconsciente, especificaba, incluye los contenidos mentales que pueden hacerse conscientes de manera fácil, sí se realiza un esfuerzo por concentrar en ellos la atención y la memoria.

psychology-2706899__340.jpg

El tercero de los elementos, el inconsciente, lo consideraba el reservorio de los deseos reprimidos. Sus contenidos quedaron fuera de la conciencia, como consecuencia de la censura social o la represión. Dichas emociones son amenazantes para el equilibrio mental del sujeto, al poner en crisis sus valores éticos e intelectuales, haciéndose presentes mediante las formaciones del inconsciente: sueños, lapsus o síntomas neuróticos.  Los deseos reprimidos difícilmente llegan a la conciencia, solo lo logran mediante la relajación de los mecanismos de defensa, como es el caso del sueño, la locura o mediante la terapia psicoanalítica.

En ese sentido, Sigmund Freud se refiere al tema educativo en su estudio El malestar en la cultura. En dicho texto, considera que la civilización está basada en la represión permanente de los deseos instintivos por ser incompatibles con la sociedad civilizada. Y en esa línea de pensamiento, el papel que juega la labor educativa es buscar la modificación represiva de las pulsiones y así “socializar” a los seres humanos. Y todo ello para aspirar a una evasiva felicidad.

A la luz del Psicoanálisis, señala que la felicidad no es un valor cultural, siendo la insatisfacción el pago por vivir en sociedad, lo cual ocurre en dos momentos: “A nivel filogenético,  en el desarrollo del hombre animal en su lucha con la naturaleza”. Se hace presente, en la manifestación bipolar de la libido, en uno es la fuerza que da vida a la creación, mediante la fantasía, pero de manera simultánea, todo lo va destruyendo

Y de igual manera, “En la influencia sociológica, a partir del desarrollo de los individuos y grupos civilizados en la lucha entre ellos mismos, y con su medio ambiente”.

Esto nos lleva a considerar que desde el punto de vista freudiano la destructividad es innata, que acompaña al ser humano a lo largo de su vida, debiendo recibir una canalización perpetua con la finalidad de establecer las condiciones de la estructuración de la cultura: Dándole vida a la función del educador.

Bibliografía.

-Bettlelheim, B. (1993), “Freud y el alma humana”. Ed. Crítica. Barcelona.

-Freud, Sigmund, (1988) Obras Completas.  Barcelona.  Orbis.

-Hall, Calvin. (1954), Compendio de psicología Freudiana. Argentina Paidós

-Lipovetski, G. (2010), “La era del vacío”. 11ª Ed. Anagrama. Barcelona.

-Lipovetski y Serroy (2010), “La cultura –mundo”. Ed. Anagrama. Barcelona.

-Marcuse, H. (1968). Eros y civilización. México. Ed. Joaquín Mortiz.

-Tamayo, Luis. (2004), “El discipulado en la formación del psicoanalista”.            ICM/CIDHEM, México

-Tamayo, Luis. (2010), “La locura ecocida”. Fontamara. México.

 

Anuncios