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Canoa la historia repetida en un México bronco

Lucas Lucatero

Qué onda, amigos lectores. Esta entrega será un poco más extensa y retórica (sólo por algunos renglones, no se preocupen) e intentaré hacer un análisis de un hecho a partir de un largometraje:

Las redes sociales resultan ser “mágicas”, comunicativamente hablando: en cuestión de segundos la información; verídica o no, confiable o no, objetiva o subjetiva; se difumina en el mundo con la rapidez con la que se empapa una servilleta. La noticia que circuló en medios el jueves 30 de agosto de este 2018 fue un linchamiento en el municipio de Acatlán de Osorio en el estado de Puebla. El contexto muchos de ustedes lo conocen y sería repetitivo reproducirlo aquí cuando mi enfoque será el fenómeno social, no la noticia.

¡Puebla, Estado de México! Los lugares de los eternos goteros de sangre, en este caso los linchamientos.

La doctora Elisa Godínez, investigadora del Programa Universitario de Derechos Humanos de la UNAM, menciona que un linchamiento es una práctica de violencia colectiva ejercida, asimétricamente, en contra de unos cuantos individuos. Es una manifestación radical de un contexto en el que abunda la impunidad, la falta de justicia, la inseguridad, el hartazgo social y los altos niveles delictivos; en pocas palabras, el principal causante es el mismo Estado. Esta ley del talión demuestra la obsolescencia de un sistema penal, al igual que la crisis de impartición de justicia en los márgenes geopolíticos: “[se] evidencia la fragilidad del Estado de Derecho” e incluso hay una parte de responsabilidad proveniente de las autoridades, desde las municipales hasta las federales.

Pero, ¿dónde entra nuestra película en cuestión? Vayamos por partes: este 2018 se conmemora medio siglo de la huelga estudiantil que culminó en una masacre el dos de octubre en Tlatelolco (casualmente, mientras escribo estas líneas, mi amada alma mater vuelve a despertar); cincuenta años de las onerosas olimpiadas, y de un suceso que fue poco abordado, el cual retomó y llevó a la pantalla grande Felipe Cazals en 1976: Canoa es quizás el mejor filme de este realzador; nos narra el linchamiento de cinco trabajadores de la BUAP quienes, con el propósito de escalar el volcán inactivo de la Malinche, arribaron a San Miguel Canoa, un municipio colindante con Tlaxcala y muy cercano a Puebla. Entre el reparto destacan Jaime Garza, el también cantante Arturo Allegro (el gordito bonachón), Roberto Sosa Rodríguez (padre del actor que lleva su mismo nombre) y Carlos Chávez, quienes representan a un grupo de empleados que salieron de excursión a las afueras de Puebla con motivo del puente del 16 de septiembre de 1968; además de los papeles magistrales de Ernesto Gómez Cruz (un rostro muy conocido en el cine nacional), Salvador Sánchez, Manuel Ojeda y Enrique Lucero (¿recuerdan quién representaba a la Muerte en Macario? Pues ese mero es, sólo que aquí la hace de malo).

Conviene aquí hacer un paréntesis para recordar el cine independiente: a mediados de los 70, ante los albores de la liberación sexual, el uso de drogas como la mota y los cuadros (lsd), y ante una etapa decadente del cine nacional (atrás había quedado la folclórica y aurea época del Indio, Ismael Rodríguez, Roberto Gavaldón de la Félix, Lola del Río o Cantinflas), los chavos, en ese entonces, cineastas Arturo Ripstein, Paul Leduc y Felipe Cazals, principalmente, decidieron conformar un movimiento, hasta cierto grado de contracultura, ya fuera para no depender del presupuesto o apoyo del gobierno, a quien la mayor parte del tiempo se la pasaban tirándole con sus temáticas antipriistas o sexosas, y así, durante cinco años, prácticamente del 75 al 80, se produjeron buenas películas que no fueran ficheras: El apando (Cazals, 1976), La viuda negra (Ripstein, 1977), El lugar sin límites (Ripstein, 1978), Rigo es amor (Cazals, 1980), por mencionar algunas.

Que no se nos vayan las cabras como si fuera platica de viejitos: Canoa es el no olvido de un acontecimiento que fue opacado por otro más abominable: la masacre en la plaza de las Tres Culturas. La primera fase de la película comienza como una especie de documental en el que se nos muestran estadísticas y entrevistas que orientan al espectador y lo sitúan en el poblado de San Miguel Canoa e implícitamente se siembra el germen de una problemática (el fanatismo religioso y la manipulación del cura) que desembocará en el linchamiento. Otro de los personajes más interesantes y seductores es el interpretado por el primer actor Salvador Sánchez, quien funge como guía en toda la diégesis, una especie de “Melquiades” como en Cien años de soledad quien, aparte de ser narrador, hasta cierto punto dentro de una metahistoria, es también personaje y espectador.

Existe en YouTube una entrevista que le hace Alfonso Cuarón a Felipe Cazals acerca de este largometraje, a la cual les recomiendo echarle un vistazo. Las revelaciones son anonadantes: desde una película indispensable de ver para comprender el séptimo arte mexicano, en la que flashbacks y flashforwards se combinan, además con la completa ausencia de banda sonora (ahora que lo reflexiono no hay música), que la filmación se llevó a cabo, sorprendentemente, en cinco semanas; hasta donde el master Cazals menciona que los sobrevivientes del linchamiento estuvieron presentes durante el rodaje y asesoraron, por así decir, a los actores. Sin duda una de las mejores películas del cine nacional.

Muchos se preguntan ¿para qué sirve el arte? Pues para sorpresa de ellos el arte no nos hace ser mejores personas. No; a mí no me ha funcionado. Sin embargo, nos ayuda comprender y asimilar el mundo, aceptar, de acuerdo con Emmanuel Levinas, al otro (le autre) y permitirnos aprender de éste. Pues bien, Canoa viene a ser un planteamiento artístico para no seguir reproduciendo la violencia, tampoco juzgar a los pueblos que han practicado el linchamiento, sino por el contrario aprender de este error. Elisa Godínez, especialista en este tipo de fenómenos sociales, nos propone la educación como forma de sublimar esa violencia contenida, una profilaxis en zonas donde el linchamiento se ha repetido, tales como talleres de paz, programas educativos, trabajo con los jóvenes, y yo añadiría el arte como un agente extra: talleres de teatro, de lectura, de creación literaria, de cine, etcétera, dirigidos a jóvenes y no tan jóvenes, éstos últimos los más conservadores.

Amigos, pues muchas gracias por leerme y soportarme. Sólo les recuerdo que hasta la fecha Canoa la pueden encontrar al youtubearla, aunque con muy baja calidad. Así que, en este 15 de septiembre para conmemorar esos sacrificios, en lugar de ver Netflix o ponerse como las placas de tráiler…hasta atrás, cómprense una chelita, su botana o su pozole y disfruten de esta genial película. Saludos y esperemos abordar en nuestra siguiente entrega, ahora sí, a Bigas Luna.

Lucas Lucatero

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