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Machuca y Allende en su laberinto dos películas para no olvidar

Este año antes de conmemorar el 17 aniversario de las torres gemelas es más digno recordar los 45 años del golpe de estado en Chile auspiciado por el mismo país que hoy se proclama víctima.

Recuerdo que desde muy escuincle me interesaron temas de guerrilleros, de guerras injustas, etc. Salía de mi prepa en el Montecillo (aquel edificio decimonónico que más que bachillerato parece casa de brujas: la Margarita) y me iba a la biblioteca de la alameda. Ahí comenzaron mis primeros pininos de “investigador” (¿apoco soy investigador? ¡Pero si todavía ni me titulo!) al ahondar en el movimiento estudiantil del 68, incluso me largaba horas a la hemeroteca, que en ese entonces se situaba en la calle Madero, por atrás del Hotel Panorama (ignoro si aún está ahí). Cuando descubrí Youtube mis primeras navegaciones fueron, entre muchas otras, acerca del golpe de estado en Santiago de Chile en 1973; el pinochetazo que dejó miles de desaparecidos y exiliados, que asesinó a un trovador (Víctor Jara) en el Estadio Nacional y que, dicen las malas lenguas, envenenó a un poeta mayor (Pablo Neruda).

Hace tiempo recuerdo haber leído para un ensayo de la fac a Maurice Halbwachs, sociólogo francés que desarrolla el concepto de la memoria colectiva (la memoire colective); lo poco que se me quedó y que parafraseo fue el concepto del no olvido; es decir, un conjunto de individuos para tener presente un hecho, ya sea una injusticia o una bella tradición, es necesario reproducir actos que permitan a las nuevas generaciones poseer los datos suficientes para no olvidar; la memoria es la única resistencia ante la barbarie. Mencionaba ya en la entrega de Canoa que una forma de perdurar la memoria es el arte; así pues, Machuca y Allende en su laberinto son filmes que cumplen esta función. La primera película es del 2004, dura apenas dos horas y fue merecedora de numerosos premios: mejor fotografía en el Festival de Cine de La Habana (resulta curioso que la fotografía de Machuca estuvo a cargo del famoso Miguel Littin, quien también fue el director y guionista, diez años después, de Allende en su laberinto); también recibió el Premio de Mejor Película en el Festival Internacional de Cine Contemporáneo (este festival se inauguró en 2004 en la Ciudad de México premiando a Machuca, pero lamentablemente se esfumó en 2010 por falta de varo).

La trama dibuja dos sectores opuestos en el Chile utópico que intentó construir Allende. El yin y el yan en completo desequilibrio: por un lado, la clase obrera y desfavorecida en el protagonista Pedro Machuca, su prima Silvana y su familia, partidarios de la Unidad Popular; la clase pequeñoburguesa, representada por Gonzalo Infante, quien se hace amigo de Machuca por una extraña innovación de los sacerdotes de la teología de la liberación en su afán de ser equitativos juntan en colegios a niños acomodados y de clase baja.

Como si todo en la vida fuese símbolo, esa oposición de clases se refleja en la portentosa fotografía de Littin: contrastes entre colores oscuros y vividos del vestuario del reparto, incluso la fotografía anuncia cambios dentro del filme, por ejemplo, en cierta secuencia en la casa de Gonzalo en donde ven por TV el bombardeo a La Moneda imperan las sombras y una luz mortecina.

Allende en su laberinto (2014), una producción de Chile y Venezuela, cuyo nombre es un guiño a la novela de Gabo (El general en su laberinto) que describe los últimos meses de vida de un Bolivar moribundo, derrotado, pobre y nostálgico, así, de la misma manera se describe el último día del doctor Salvador Allende Gosens, desde que se despierta en su residencia, con la mala noticia de un alzamiento militar en Valparaíso, hasta el momento en que las tropas golpistas le dan el tiro de gracia en La Moneda (yo aún no me trago el cuento de que Allende se suicidó). Algo que no me gustó en la secuencia donde los jets lanzan los misiles hacia el palacio de gobierno chileno fueron los efectos especiales, que de entrada parecen como salidos de la película de Godzila de los 60, es decir, muy chafas. No se puede tener todo en la vida.

Recomendables estos dos filmes si usted quiere apreciar, sin tener que leer en los libros de historia, una parte de la historia de América Latina del siglo XX. Allende en su laberinto la encontré en Netflix hace como medio año, en cuanto a Machuca, les recomiendo que se consigan a su proveedor de películas de culto, que lo busquen hasta por debajo de las piedras; esto ya hasta debería de ser un oficio bien pagado, pues a diario contemplo cómo hay miles de espectadores muy maleducados por Hollywood, quienes se conforman con películas de a pesillo en cines de a millón. Hasta la próxima.

Lucas Lucatero

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