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“CÁNCER O CHANCRO DEL TOMATE”, ENFERMEDAD QUE PUEDE CONTROLARSE CON MÉTODOS MOLECULARES EN EL IPICYT

  • Es causada por la bacteria Clavibacter michiganensis subsp michiganensis, la cual produce heridas en el tallo del tomate, inhibe el crecimiento y se marchita.
  • Esta enfermedad causó pérdidas millonarias en Sinaloa hasta por casi 40 millones de dólares; por lo que en el IPICYT podría encontrarse ya su solución.

A través de genes extraídos de tomates silvestres; investigadores y estudiantes de la División de Biología Molecular del IPICYT, han generado plantas de tomate que rescatan genes ancestrales tolerantes a enfermedades como el “chancro” o cáncer del tomate comercial, investigación que se hace mediante fondos CONACYT y con el apoyo de la Fundación Produce SLP, quien apoya a agricultores de la región tomatera de San Luis Potosí.

Así lo explicó el investigador del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica, doctor Ángel Gabriel Alpuche Solís, quien dio a conocer que existen varias enfermedades en el tomate que han causado históricamente pérdidas millonarias en México y en particular en San Luis Potosí, como es el cáncer bacteriano, situación que se está revirtiendo con diagnósticos moleculares más certeros creados en el IPICYT y por métodos de control biotecnológicos y bio-racionales.

“Estos métodos de diagnóstico de enfermedades se basan en extraer el ácido nucleico (ADN) de la planta y tienen la ventaja que incluso antes de que veamos síntomas en el tomate o el chile, podemos saber qué enfermedad está presente. Conseguimos apoyo de la Fundación Produce SLP para ofrecer este sistema de diagnóstico inicialmente a agricultores de San Luis Potosí y actualmente a través del Laboratorio Nacional LANBAMA a todo el país; identificamos hongos, bacterias y virus de plantas”, indicó Ángel Alpuche, quien también es coordinador del LANBAMA.

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El doctor en Biología Molecular dio a conocer que la enfermedad del cáncer bacteriano es causada por la bacteria Clavibacter michiganensis subsp michiganensis, la cual produce heridas en el tallo del tomate, se taponea y ya no llega agua al resto de la planta. Enfermedad que en Sinaloa causó pérdidas hasta por 40 millones de dólares en años pasados.

 

“Es un problema grave a nivel nacional, por lo que buscamos alternativas que nos llevaran a controlar el problema, como la modificación genética de una planta comercial con genes de plantas silvestres y además el uso del control biológico a través de bacterias benéficas. Para esto contamos con apoyo de fondos CONACYT y cerca de 10 estudiantes de Posgrado que han realizado la investigación por varios años”, agregó el Investigador Nivel 2 dentro del SNI.

Detalló que Pablo Lara, estudiante de doctorado del IPICYT encontró que existen 13 genes del tomate que tienen que ver con sus sistema de defensa; uno de ellos (SCE I sumo), fue el que se seleccionó de la planta silvestre y mediante el análisis funcional desarrollado por Mayra Esparza, se apagó el gen del tomate silvestre mediante un proceso llamado silenciamiento mediado por RNA de interferencia.

Al silenciarse y después de introducir en la planta la bacteria, se le quita el escudo al tomate por lo que se hace susceptible, “con lo cual se demuestra la participación de ese gen en el proceso de defensa en tomate”, indica Ángel Gabriel Alpuche.

Después, la estudiante Mireya Rodríguez toma ese gen y lo sobreexpresa genéticamente (lo produce en grandes cantidades) en un tomate susceptible, para ver si le confería resistencia (se adiciona el escudo) y posteriormente, otra estudiante del IPICYT Norma Luna, ya con la generación 2 de este tomate modificado (T2) demuestra que la planta se hace resistente, recuerda el Coordinador del Laboratorio Nacional de Biotecnología Agrícola, Médica y Ambiental (LANBAMA).

Por último, Ángel Gabriel Alpuche Solís explica que los ensayos en invernadero de plantas de tomate comercial modificadas han demostrado que es posible generar resistencia al cáncer bacteriano; sin embargo, se siguen estudiando más genes de defensa de tomates silvestres por parte de su alumno Leonardo Bristaín a fin de tener una mayor batería de “escudos” que protejan mejor a la planta. También han aislado del suelo bacterias benéficas como Pseudomonas y Bacillus que pueden competir contra Clavibacter y al aplicarlas como medida preventiva, evitar se establezca la enfermedad en el tomate.

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