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El paso de Gauguin por Tahití en la 21 muestra de cine francés de este 2018

A Mauricio Guillén

El sábado 22 de septiembre fui invitado por mi amigo, el politólogo Mauricio Guillén, a Cinepolis con todos los gastos pagados (se tienen ciertos beneficios cuando uno hace las cosas por gusto y no por obligación, como estas reseñas que he comenzado desde hace dos meses). Como él costearía las palomitas jumbo y los boletos, también escogió la película de la muestra de cine francés; tres días antes me telefoneó para decirme que tenía un especial interés por Gaugin. Le confirmé el viernes.

Maury me hizo reflexionar de la gran industria cinematográfica que ha logrado emprender Francia en los últimos cincuenta años. Después de Hollywood el séptimo arte se lo disputan Bombay y Francia. He visto las mejores expresiones de cine provenientes de ese país; esos franceses son arrolladores, capaces de elaborar interesantes, ingeniosas, estéticas y creativas tramas que van desde el impactante drama hasta una comedia negra y a veces hasta ácida; es así como se nos plantea este filme que corresponde a un fragmento de la vida del pintor; ese lapso de Paul Gauguin por Tahití en la búsqueda de perfecciones, experiencias, colores y el contacto con otra cultura que lo orillaron a mejorar su técnica.

Gauguin pertenece a la rica generación de pintores impresionistas, aunque él es más bien posimpresionista, de las dos últimas décadas decimonónicas: fue compadre de Van Gogh y de Degas, no se llevó tan bien con Monet ni con Renoir, de hecho, se dice que Monet le tenía cierto recelo y que hablaba mal de él. ¡Qué fregona debe de haber sido Francia en esos años! (Paris tiene ese don de imantar artistas, recuerden Midnight in Paris de Woody Allen) Porque si investigamos más, incluso hasta podemos encontrar nexos de estos pintores con la literatura: no dudo que Guy de Maupassant o Flaubert, cuyos años de existencia se traslapana, oyeran hablar de estos pintores o que incluso los invitaran a pistear. Las bellas artes siempre terminan encontrándose.

Paul Gauguin nació en Orleans, Francia en 1848, hijo de un periodista disidente y su madre era española con ascendentes colonos en el Perú. El pintor vivió sus primeros siete años en Lima, de ahí que su lengua madre fuera el español. La vida con todo y sus avatares lo obligó a desempeñar diferentes trabajos: corredor de bolsa, vendedor de arte, hasta cargador de costales, lo que diríamos en México como diablero.

En sus pinturas de Gauguin los colores se pelean por sobresalir, todos son agresivos, hay un contraste permanente y fuerte. Su representación de los ojos es excepcional, pues es la mirada la que aporta la mayor carga semiótica al rostro.

Bajo la dirección de Édouard Deluc se filmó en 2017 Gauguin, voyage de Tahití; la fotografía corrió a cargo de Pierre Cottereau y es muy buena, por ejemplo, hubo una secuencia que me impacto: cuando Gauguin se interna en la selva tahitiana para encontrar motivos de arte, la cámara capta el efecto de espejo cuando los protagonistas pasan al lado de un río. De colores floridos, vívidos y contrastes perfectos, la fotografía es un plus en este filme. Vincent Cassel; a quien hemos visto ya en otros largometrajes de calidad, como Irréversible y a quien le tengo un especial odio por haberme bajado a mi novia Mónica Bellucci; una vez más se la rifa en su actuación abrumadora.

Para despejar mis dudas consulté la página francesa Allocine y leí las opiniones del año pasado, puesto que fue cuando se estrenó en Francia y la verdad son multifacéticas: hay quienes dicen que el filme omite que Gauguin, encima de pederasta, haya propagado la sífilis por la isla o el trasfondo colonizador francés hacia la polinesia francófona; sin embargo, la mayoría son favorables.

A mí casi no me gusta el cine biográfico, lo considero un poco plano, y es que en la realidad nuestras vidas, o por lo menos la mía, no son extraordinarias como nos ha lavado la cabeza Hollywood. No obstante, si lo que desean entretenerse en esta muestra de cine francés les recomiendo que acudan a nuestra hermosa Cineteca Alameda y escojan esta película. Saludos.

Lucas Lucatero

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