El LÁPIZ PEQUEÑO

Por: Monica Alejandra Sánchez Castillo

En un día de escuela para los lápices Neftalí, Juan y Pedro tuvieron un compañero nuevo, él era un poco más pequeño que todos y se llamaba Lalito. En el primer día de Lalito por obvias razones quería hacer nuevos compañeritos, pues él era muy amigable; cuando se llegó la hora de receso Lalito al igual que Neftalí, Juan y Pedro salieron a lonchar, Lalito llegó con los tres lápices y les dijo: -¡hola!, ¿puedo lonchar junto con ustedes?- a lo que ellos respondieron enojados y a una misma voz -¡NO!-. Ellos no querían a Lalito por qué decían que no era igual a ellos, que ellos no podían ser amigos de alguien tan pequeño. Lalito estaba muy triste, pues no tenía los amigos que él tanto deseaba tener.

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 Los compañeros de otros salones se dieron cuenta que los del salón de Lalito no lo querían, así que le propusieron a Lalito que si quería ser amigo de ellos, a lo que Lalito respondió que sí.

Lalito se divertía mucho con ellos, sus días eran maravillosos y se llevaban entre todos.

En una ocasión, Neftalí, Juan y Pedro se pusieron celosos al ver que ellos se llevaban bien y todos los días se divertían mucho; pensaron que tal vez no importaba el físico de Lalito. Fue así como empezaron a hablarle, conocerlo mejor y darse cuenta que era un lápiz que tenía una tinta muy especial, llena de brillos y con un muy bonito color. Neftalí, Juan y Pedro le dijeron a Lalito: -hola Lalito, oye perdónanos por portarnos tan malos contigo, la verdad no nos habíamos dado cuenta del gran lápiz que eres, ese muy amable y a pesar de que no te tratamos tan bien al principio no te importó y mira, ahora somos unos muy buenos amigos- a lo que Lalito respondió contento: -pues la verdad es que no soy rencoroso, me gusta tener muchos amigos y lo de amable me lo enseñaron desde casa, mi mamá me ha dicho que no importa lo que pase, siempre tengo que ser amable con todos, pues nunca voy a saber cuándo necesitaré la amabilidad de alguien-.

Cada día Neftalí, Juan, Pedro y Lalito se hicieron amigos muy cercanos. Salían cada fin de semana, iban al cine, a jugar videojuegos a la casa de Lalito y a dar la vuelta. Se tenían mucha confianza entre ellos, todo se contaban, hasta el más mínimo detalle.

Lalito nunca se olvidó de sus compañeros lápices de los otros salones que lo quisieron cuando no tenía a nadie más y cuando se llegó el cumpleaños de Lalito decidió hacer una mega fiesta con todos sus amigos y todos están muy contentos, comiendo y jugando.

“Nunca juzgues a nadie por su apariencia, pues no sabemos los sentimientos y valores con los que cuentan, como nuestro amigo lápiz Lalito”

 

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