Delfinita y su gran amigo Tiburosin

Scroll down to content

Autora: Estefanía Vargas

Érase una vez unos delfines que vivían en medio del  Océano, entre ellos había una delfín muy pequeñita y todos los días iba a jugar al arrecife solita.

Sus papás siempre le advertían sobre los tiburones, y le decían que se alejara de ellos, porque la podían engañar para poder devorarla, ya que ellos solo pensaban en comer y solían engañar a los animalitos indefensos marinos y así conseguir su alimento diario.

Delfinita disfrutaba mucho ir a jugar, siempre con el cuidado que le recomendaban sus padres, evitando tener contacto con los tiburones, pero un día vio que se acercaba una manada de tiburones y rápidamente nadó hasta lograr esconderse detrás de un hermoso coral, y poco a poco observó como la manada se iba alejando, sin darse cuenta que  olvidaban al tiburón más pequeño de todos, el cual iba jugando sin darse cuenta como los mayores se alejaban y cuando se dio cuenta lloró mucho porque se sentía solo.

Delfinita lentamente se acercó a él, temerosa de ser devorada, pero con la ilusión de por fin tener un amigo dentro del océano, guiándolo para que llegara a su hogar; fue así como poco a poco se hicieron grandes amigos y todos los días se reunían en el mismo lugar para divertirse entre muchos malabares y carcajadas.

Cierto día, papá Delfín descubrió que su hija jugaba con un tiburón y decidió alejarla, temeroso a que su pequeñita corriera algún peligro, ella todas las tardes añoraba ir a jugar con su amiguito, dejo de comer y enfermó de tristeza.

Su padre al ver a su pequeñita deprimida, decidió ir en busca de los tiburones y hacer una tregua, para lo cual los tiburones aceptaron y explicaron que ellos solo buscaban su alimento pero no querían dañar a los delfines, pues los consideraban los animales más inteligentes del océano.

Fue entonces cuando decidieron reunirse todas las tardes y charlar los adultos en los que los pequeñines disfrutaban de sus juegos, dándose cuenta que los tiburones no eran tan malvados como creían, inclusive los llegaban a defender de otros animales marinos que querían hacerles daño. Delfinita y su pequeño amigo Tiburosin fueron por siempre los mejores amigos.

dolphins-3748940__340.jpg

Moraleja: Antes de juzgar a alguien por su apariencia, debemos darnos la oportunidad de conocer el interior de las personas.

A %d blogueros les gusta esto: