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LOS CUENTOS DE HADAS COMO MAPA DE LA PSICOLOGÍA HUMANA

Rita Lemus Grande

          Los llamados “cuentos de hadas” o “cuentos maravillosos” siguen fascinando a una generación tras otra y nunca parecen hacerse viejos; nunca pasan de moda ¿Por qué? En la antigüedad, en un mundo en el que el ser humano debía afrontar la vida sin visitas al psicólogo, estos relatos ayudaban a las personas a afrontar la vida y a vencer las adversidades ¿Cómo? Pasaré a explicarlo y, me gustaría también, darles un ejemplo ocurrido en mi propia vida.

          Prisionera del dragón: La princesa simboliza nuestro lado sentimental e intuitivo, esa voz interior que dice siempre qué deseamos realmente y nos es fácil ignorarla (y más en un mundo lleno de tecnología). Ejemplo: Yo estudiaba la licenciatura en Comunicación a pesar que hubiera querido ser artista profesional. Me deprimía no estar en mi elemento; esta era la voz de la princesa clamando ayuda.

          Llega el príncipe: El joven héroe de los cuentos fantásticos representa al lado ejecutivo de nuestra personalidad. Ese impulso que te hace levantar el teléfono, plantarte en una oficina o lo que se necesite para que la felicidad regrese. Ejemplo: Tomé la decisión de solicitar una baja temporal en la universidad para estudiar un instrumento y solfeo con el fin de saber si realmente la música era mi vida.

          Atravesando el bosque encantado: Esto es el proceso que uno debe superar con fin de un mejoramiento. Por el camino, el príncipe va a encontrar amigos (como el enano del bosque) para prestarle ayuda (como una espada mágica); pero también se topará con peligros con los que no contaba Ejemplo: Aprender a leer partituras fue como desentrañar un idioma desconocido, había niños pequeños que lo hacían mejor que yo; acostumbrarse a la práctica diaria fue todo un reto. Pero creció mi creatividad; me volví constante y conocí a  una maestra que estuvo conmigo a cada paso (gracias maestra Ceci Mosqueda).

          Ahí está la cueva del dragón: Para cuando llegamos a este punto se es una persona nueva y mejor que cuando decidimos atravesar el bosque. Estamos preparados, antes no hubiéramos podido enfrentar al dragón pero ahora sí. El dragón o la bruja malvada de un cuento representan a nuestros mayores miedos, nuestros prejuicios, envidia y toda actitud que no nos permite avanzar. Ejemplo: Mi dragón no era el examen de admisión; sino el miedo que yo tenía de no aprobarlo.

          El duelo: Es el momento más importante, para el cual se necesita haber recorrido ya cierto camino, no puede ser lo primero. Consiste en mantener la calma,  no alebrestarse y tomar las mejores decisiones en una situación apremiante; sin pensar demasiado y sin equivocarnos. ¿Les confieso algo? Mi dragón me lastimó (me puse demasiado nerviosa y no supe si resolví los ejercicios musicales bien o mal). Todavía con el ardor de las quemaduras encontré mi nombre en la lista de los aceptados.

          Y fueron felices para siempre: Ahora nuestros deseos más sinceros congenian con nuestra capacidad de manejar la situación; el príncipe y la princesa están juntos. A empacar la libreta pautada, el violín y el metrónomo porque hoy es primer día de clases.

          Escribir, leer o narrar un cuento de hadas es el proceso alquimista que se vale de la sublimación, la cristalización y la calcinación para desmenuzar el corazón humano en sus elementos puros o en sus colores primarios (por eso a los niños les gustan tanto, son ellos quienes entienden el mundo en esta forma). Y sí, los cuentos de hadas se parecen entre ellos (como los como los conciertos para violín de Vivaldi, decía Stravinsky). Pero esto es porque todos hablan de cómo resolver un problema en la mente humana. Si cambias las palabras mágicas el conjuro no servirá (Recuerda: no funciona para arreglar las cosas entre dos o más personas, es exclusivo para la individualidad).

          Pero veo con tristeza que muchas personas han olvidado las enseñanzas de los cuentos maravillosos en su vida adulta, donde hay dragones de verdad. Sin embargo yo prometo, a todos quienes lean este ensayo, que si aplican esta fórmula nunca se verán tomando ansiolíticos o antidepresivos por razones psicológicas.

          Me despido deseándoles un buen cuento, que sus dragones sean pequeños y sus príncipes muy valientes.

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