VACÍOS DE PODER, ESPACIOS PARA LA VIOLENCIA

Lic. Y M.C.I. Rafael Munguía Garduño

Especialista en impuestos y comercio internacional

Catedrático, conferencista, asesor y promotor cultural.

 

“Es mejor prevenir mediante programas específicos, que reprimir”

Como sabemos, nuestro país enfrenta serios problemas de violencia e inseguridad pública, resultado de un estado fallido y políticas incipientes que no están orientadas a resolver los problemas de origen, así como también de una reducida participación ciudadana y de su involucramiento en los temas de interés común.

Basados en los principios de libertad, justicia y paz en el mundo, es que desde 1948, fue proclamada la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en su artículo 3º. Quedará establecido:

“Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona

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Entonces, porque en México no podemos gozar con plenitud de este derecho, ¿Qué acciones necesitamos llevar a cabo como sociedad civil para enfrentar el problema? Será suficiente con salir a las calles, detener el flujo vehicular de principales avenidas, para que nuestras voces sean escuchadas ¿hasta dónde vamos a permitir que la violencia continúe? y que estos vacíos de poder sigan ocupando los espacios para que la delincuencia organizada se posicione cada día más en nuestra sociedad.

De acuerdo a Irvin Waller un profesor canadiense destacado en la prevención del delito, autor del libro “Menos represión, más seguridad”, ha identificado factores de riesgo que propician la delincuencia, mismos que fueron clasificados en cinco grupos: Familia (Baja supervisión, familiares delincuenciales, disfunción)  Educación (Ausentismo, bajo nivel de motivación, problemas de comportamiento) Individual (Abuso de drogas y alcohol, baja motivación, baja capacidad de interacción social) Relaciones (Amigos delincuentes, falta de modelos de vida relevantes) Ámbito vecinal (Pobreza, drogas y armas de fuego, condiciones de vida precaria, bajo capital social, desorganización).

Su tesis seduce a algunos políticos al señalar:

“Es más barato y eficaz invertir los recursos en prevención mediante programas específicos que en represión”.

Un ejemplo que vale la pena citar es en Inglaterra y Gales, donde se aplica un programa de inclusión de la juventud, que se enfoca a unos 50 jóvenes en situación de riesgo, de entre 13 y 16 años, en cada uno de los 70 barrios más peligrosos de Inglaterra y Gales donde hay más pobreza y violencia. Se trabaja con ellos en centros juveniles durante diez horas semanales, donde se les da entrenamiento deportivo, informática, alfabetización y asesoramiento en salud. En Bogotá se aplicaron programas de prevención, donde se creó un observatorio de la violencia.

Los problemas de la violencia también están ligados a la pobreza, a la desigualdad y a la falta de oportunidades.

Por lo que es indispensable la participación ciudadana. En ellos tiene que recaer una nueva alternativa para identificar los factores de riesgo a tiempo real.

Si de verdad se quiere enfrentar el problema, debemos evitar foros de charlas y reuniones mediáticas con funcionarios de alto nivel, los gobiernos necesitan destinar los recursos en campo, trabajando con las organizaciones de la sociedad civil en un proyecto de prevención del delito, identificando los fenómenos delincuenciales, analizando sus causas, construyendo programas, vigilando y dando seguimiento. Los ciudadanos cobran relevancia cuando se involucran en los temas de interés común.

Para Rousseau: “La participación produce un cambio notable en los hombres, pues ejercitan y desarrollan sus aptitudes, amplían sus ideas y ennoblecen sus emociones”.

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