Democracia ¿Mito o realidad?

La palabra Democracia proviene del griego  “δημοκρατία” (democratía), y se compone de los términos “δῆμος” (démos), que puede traducirse como ‘pueblo’, y “κράτος” (krátos), que significa ‘poder’. Entonces cuando hablamos de Democracia, en resumen podemos concluir que es el poder que nace del pueblo para el pueblo.

Pero cuántas veces hemos escuchado en diversos foros, reuniones familiares o entre amigos, a mí no me gusta hablar de política, no me interesa la democracia, estoy cansado de nuestros representantes (diputados y senadores) y del mal gobierno.  Estas expresiones, solamente denotan la falta de responsabilidad ciudadana y en algunos casos, la ignorancia.

Perdón por mi ironía, pero nadie firma un cheque en blanco a alguien que no conoce, pues haga  de cuenta que cuando usted ejerció su derecho a elegir a su representante (diputados y senadores)  a través del voto razonado y usted  ni razono su voto, ni conoció a su candidato automáticamente usted firmo ese cheque en blanco. Después de este proceso, sigue sin involucrarse y solamente  expresa esas voces de inconformidad, al no sentirse representado, pero  resulta oportuno recordarle que usted también es parte del problema y lo que quiero con esta reflexión es que usted tome mayor participación ciudadana, no es suficiente quejarse sin actuar.

Savater (2000) dice “un ciudadano responsable debe ser capaz de argumentar sus demandas, sus deseos y sus planteamientos sociales, pero también debe ser capaz de entender los razonamientos de los demás, los planeamientos de los otros, de entender su capacidad racional.

Así es que ¿Será suficiente salir a las calles con peticiones y cerrar avenidas principales?, ¿pararse enfrente de instituciones públicas, para quejarse y ser escuchado? o ¿existirán otros mecanismos para que el ciudadano de a conocer sus peticiones y sean atendidas por sus representantes?

Como podemos construir una democracia participativa en la que dejemos de ser simples espectadores y pasemos a ser protagonistas del cambio y transformación, en la que empecemos a ver ciudadanos responsables que se interesan por los asuntos de interés común.

En la Grecia Antigua, Pericles señalo:

“Nosotros, los atenienses, tomamos nuestras decisiones o las sometemos a una adecuada discusión: porque no pensamos que las palabras puedan detener la acción sino que es preciso pasar de pronunciarlas a realizarlas. Lo peor es lanzarse a actuar antes de que las consecuencias hayan sido debatidas de manera adecuada. Otros son valientes por ignorancia; y cuando se detienen a pensar, empiezan a temer. ”

Para los antiguos griegos ciudadano, es aquel que se involucra en los asuntos públicos, es aquel que se mantiene vinculado con los éxitos y grandeza de su patria.

Generar una cultura democrática, es una tarea que compete a todos, no es un tema que deba atribuirse solamente a algunos, como sabemos en todas las sociedades, confluyen diversos intereses económicos, religiosos, sociales, políticos y culturales.  Los ciudadanos no surgen de la nada: se forman en la participación, por lo que es necesario fortalecer una educación cívica para que el ciudadano sea participe y tome acción, incida en las decisiones de gobierno. Los nuevos ciudadanos aprenden a reflexionar en los deberes y derechos cívicos, poseen capacidad para exponer con claridad sus intereses.

Para Rosseau “La participación produce un cambio notable en los hombres, pues ejercitan y desarrollan sus aptitudes, amplían sus  ideas y ennoblecen sus emociones”. La participación ciudadana va más allá, pues permite el nacimiento de asociaciones, partidos y sindicatos que se vinculan y refuerzan para llevar acciones del bien común.

Lic. Y M.C.I. Rafael Munguia Garduño

Especialista en impuestos y comercio internacional

Catedrático, conferencista, asesor y promotor cultural.

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