LEÍ “EL MONASTERIO” DE WALTER SCOTT

Rita Lemus Grande

Guerras en una frontera turbulenta que se desenvuelven en una tierra fría y montañosa, de la que además, se dice que está encantada llegando los personajes a constatar esto último. Mientras en Renacimiento brillaba ya en otras partes del continente europeo, aquellas regiones escocesas parecían aún sumergidas en una Edad Media en la que se mezclaba la religión católica con las antiguas leyendas sobre seres que habitan en la naturaleza. Con todo ello conviven las emociones humanas más intensas. De esto se trata el libro, que vio la primera luz en el año 1820, “El Monasterio” de Walter Scott.

            Pero pongámonos en contexto. El libro se editó por primera vez durante las décadas iniciales del siglo XIX, “el siglo romántico”. Durante aquellos días estuvo de moda el buscar que los sentimientos triunfaran sobre la razón ¿Con qué fin? Escapar del siglo anterior (el XVIII) en el que la ciencia y la filosofía avanzaron en gran medida con no pocos beneficios para todos, pero… estos descubrimientos racionales iban quitando el “encanto” y el “misterio” al mundo. Por ello los artistas de la época de Walter intentan realzar las pasiones, los eventos paranormales y un pasado histórico que nunca podemos poner a prueba más allá de ciertos límites ¿Para qué? Para volver a convencer al mundo de que vivimos en un lugar mágico, que podemos ir más allá de lo material.

            Walter me impresiona, parece muy adelantado a sus compatriotas, pues el Romanticismo como tendencia poco había salido de Alemania para cuando publicó este volumen; no obstante no carece de aquél espíritu épico ni de cierta atmósfera oscura que tanto caracterizó a los años 1800.

            Los amantes de la literatura moderna y latinoamericana podrían encontrar a este libro empalagoso e incluso de cierta tendencia infantil, pero… ¿Saben qué? Se necesita ser al menos dos de las siguientes tres cosas para poder disfrutarlo: un romántico empedernido, un amante de la historia y un fiel entusiasta de los cuentos de hadas (yo confieso ser todo lo anterior). Lo primero lo he explicado ya, vamos a las otras dos cosas.

            Un amante de la historia; porque el desarrollo de esta narración transcurre durante los días de pugna entre las reinas Isabel I de Inglaterra y María Estuardo de Escocia. No solo cada una de estas soberanas se sentía amenazada por la otra, sino que también estaba la lucha entre los católicos del norte y los protestantes del sur. Para saber más de este tema, al menos para entender el libro, recomiendo la película “Las Dos Reinas” (“Mary, Queen of Scots”) con las actuaciones de Saoirse Ronan y Margot Robbie en los papeles de María e Isabel respectivamente.

Además, Walter nos entretiene describiendo detalladamente las costumbres y las ideas de la época en una forma tan clara que nos parece ver los acontecimientos a través de los ojos de un personaje o de otro. A veces dentro de la misma trama y otras con ilustrativos pies de página, pero el escritor construye para el público una imagen muy nítida.

            Dije que también hay que ser un fiel entusiasta de los cuentos de hadas y así es. La dosis paranormal corre desde el principio hasta el final de la historia representada por una ninfa (la “Dama Blanca” de Avenel) que es guardiana de esta antigua familia escocesa, los Avenel, y por quienes es capaz de influir en el curso del destino y alterar los hechos para los que sin ella no habría vuelta atrás. Uno diría que el carácter de una ninfa es bello y sutil, pero el carácter de este personaje combinado con los agrestes y helados paisajes de Escocia la hacen ver algunas veces más terrorífica que dulce, a pesar de su hermosura.

            De esto se trata “El Monasterio” de Walter Scott.

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Imagen: La Dama Blanca de Avenel (Rita Lemus Grande)

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