UNO QUE OTRO APUNTE SOBRE LOS MONSTRUOS

Rita Lemus Grande

En cada rincón del mundo tienen sus monstruos  favoritos, siempre tan arraigados al sentir popular que sin ellos estaría incompleto el cuadro de cualquier ciudad o región. Pero, nos aferramos a ellos de una manera tan vehemente que hemos dejado claro que los necesitamos…Pero… ¿Para qué necesitan a la bruja Kikimora en Finlandia, al “Siempre Detrás” en Estados Unidos y a la Pata Sola en América del Sur? Sencillo: el miedo (junto con la agresividad) es un sentimiento instintivo que nos ayuda a mantenernos alerta.

          Uno podría pensar que estando seguros en la ciudad, rodeados de luz artificial y de comodidades que nos trae la era moderna no necesitamos defender nuestra vida. Pero hay delincuencia, desastres naturales y violencia natural que se despierta a la menor provocación en los seres humanos. No lo sabemos, pero estamos listos para esto y para más.

          El miedo como línea de supervivencia aun así parece algo muy animal… y pensar que el hecho de ser pensantes hace esto más complejo, pero no lo desaparece en ningún momento. La misma creatividad empleada en levantar grandes catedrales, pintar cuadros abstractos y componer conciertos para piano se ha utilizado en la creación de incontables fantasmagorías que dan forma en la oscuridad también a nuestras peleas interiores, contra nosotros mismos.

          Así como la lluvia y el cambio de las estaciones se atribuyó antiguamente a la voluntad de un grupo de dioses, también el corazón humano era gobernado por fuerzas más allá del entendimiento de entonces, así se van conformando las ninfas guardianas y las brujas que acechan donde el calor de la casa (generado en la cocina) ya no propaga su esencia. Nuestro hogar es un lugar conocido y seguro. También tenemos un conjunto de ideas y sentimientos que son nuestra “casa” psicológicamente hablando, los procesamos todos los días y no les tenemos miedo; pero las experiencias nuevas, las personas que van llegando a nuestra vida traen consigo sensaciones que no conocemos y también a este reino incógnito le tenemos respeto y temor, por ello la vida es difícil. Cada una de esas novedades es un monstruo.

          Y la razón por la que tememos a la oscuridad es simplemente porque somos una especie diurna… aunque algunos no lo parezcan… si no, poseeríamos visión nocturna y las horas de oscuridad no tendrían el misterio, ni el encanto, que nuestro lado creativo les ha dado.

          Por cierto… si te estabas preguntando quiénes son aquellos personajes mencionados al inicio de este artículo ahora lo diré: Kikimora es una bruja paranormal muchas veces retratada con garras y pico de ave. Su pasatiempo predilecto es hilar en una rueca por lo que las personas en Finlandia dicen escuchar en sus casas el sonido de algo que gira sin saber de dónde proviene y es porque una Kikimora ronda su hogar; por la noche tiene otros vicios como meterse a la cama de un matrimonio para inspirar celos e inseguridades entre ellos ¿Ven por qué creo que cada espanto representa un sentimiento humano? Obviamente, Kikimora data de mucho antes de que existiera la terapia de pareja. El “Siempre Detrás” es una leyenda presente en las zonas boscosas de Massachusetts y aledañas, se trata de un gran animal peludo que persigue a la gente por el bosque o por el campo a unos cuantos pasos a fin de comérselos, pero es tan flexible que puede estirarse y doblarse detrás del árbol más delgado o la roca más pequeña, de forma que siempre uno voltea hacia atrás nunca se le puede ver directamente. Por último, la Pata Sola de Colombia es, supuestamente, el fantasma de una mujer que en vida fue bella y dada a los amoríos; por su comportamiento le cortaron una pierna y ahora se aparece como una creatura coja, pero cambia de forma o esconde su carencia de forma que nadie la note, así atrae a los hombres incautos para devorarlos. Tanto ella como el “Siempre Detrás” podrían haber nacido de la desconfianza que se les tiene por la noche a los lugares descampados.

          Mi “monstruo” favorito es cierto esqueleto rebosante de ternura que pelea siempre con sus conflictos existenciales. Cuéntanos ¿Cuál es tu fantasmagoría favorita? Estamos muy interesados.

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