ODIADA Y BUSCADA: LA BRUJA

Rita Lemus Grande

La figura de la bruja como personalidad se pierde en la noche de los tiempos, igual que el mago, el rey, el héroe o la princesa. Durante el día, las personas murmuran con desprecio acerca de aquella mujer que vive en una casa apartada del pueblo y, de la que se dice, practica las artes mágicas. Pero al llegar la noche los mismos quienes la señalaron se dirigen, a veces disfrazados u ocultos bajo una capa, a la ya mencionada vivienda en busca de la dama en cuestión ¿Qué quieren? Causar la desdicha a otra persona, enamorar a alguien o tal vez la cura para una extraña enfermedad. La bruja sin duda ha sido una leyenda que ha fascinado a muchos a lo largo del tiempo y las culturas.

          Estas mujeres no siempre fueron perseguidas por la sociedad. Hubo una época en que trabajaron codo a codo con los hechiceros al servicio de reyes o que de forma particular gozaron de buena fama. Brujas y magos desempeñaron papeles complementarios en la petición de buenas cosechas, triunfo en la guerra y otras necesidades de interés común. Igual que sus contrapartes masculinas, alguna vez se hallaron organizadas en órdenes que las distinguieron. Muchos creen que al propagarse el cristianismo se acabó esta cultura de poderosas féminas… pero lo cierto es que no fue así.

          Si bien, hasta el siglo XVI todas las cortes europeas seguían teniendo su mago, estas parecen haber dado la espalda a las brujas mujeres; pero lo que no todo el mundo sabía era que gran parte del acervo mágico de las antiguas hechiceras se había conservado en los conventos de monjas ¡Sí! Se tiene memoria de algunas abadesas y hermanas que, con gran maestría, dominaron artes descendientes de los conocimientos ancestrales: alquimia, botánica, astrología, filosofía y algunas veces hasta adivinación… eso sí, manejadas con reserva.

          Un caso muy llamativo y que me parece que vale la pena mencionar es el de las brujas del mar. En los lugares costeros llegó a hablarse de mujeres poderosas a quienes se podía encontrar en alguna playa solitaria o alguna cueva no lejos del agua. Al igual que las brujas comunes, vendían conjuros y pócimas a quienes lo solicitaban; pero tenían además la fama de intervenir en el comportamiento del oleaje, las tempestades y la niebla. Uno de los muchos misterios mágicos atribuidos al mar. El ejemplo que más viene a la mente es el de la hechicera mencionada en el cuento de Hans Christian Andersen “La Sirenita”, la cual no tiene parte inferior del pulpo como en la película y su actitud hacia la princesa que desea ser humana es más bien indiferente; sin dejar de tener grandes poderes sin los cuales la historia sería muy distinta.

          De mar o de tierra, las brujas han vivido siempre apartadas del reino, la aldea o la ciudad ¿Por qué? Fuera de los lugares de culto a Dios (o a los dioses) el ser humano se sentía desprotegido. Solo en un sitio sin ley podían darse los prodigios y los maleficios. Lejos del calor de los hogares, que es sagrado, acechan las creaturas que tienen pacto con la naturaleza, que pueden ser malvadas o ambivalentes… y mejor perderlas que encontrarlas.

          El avance de la ciencia y la filosofía más los progresos tecnológicos crearon para el ser humano una atmósfera más segura pero más artificial. El alumbrado público terminó por espantar a los fantasmas que atravesaban la parte antigua de las ciudades, a los carruajes que pasaban atronando la oscuridad, a las brujas y hasta (dicen) al mismo demonio. Al caminar por una calle oscura tememos a los vivos, no a los muertos ni a lo sobrenatural.

          Hay varias versiones de la bruja moderna, pero todas parecen quedarse cortas ante la horrenda, pero artísticamente esmerada, imagen de una viejecita ofreciendo a la hermosa doncella una manzana envenenada. Uno de estos nuevos estereotipos puede ser la bruja wiccana (derivado a veces muy superficial de la hechicera celta) o la persona que ofrece adivinación, limpias y amarres en un mercado o en un sitio web. La verdad ninguna de ellas nos inspira ni el miedo ni el respeto que se le tienen a la antigua bruja del bosque, de la selva o del mar.

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“El Círculo Mágico” de John William Waterhouse (1886). Dominio Público.
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