DE PESOS Y CONTRAPESOS

Entre el olvido, las contradicciones y el radicalismo… El alarido de nuestra historia.

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Por Raúl Paulín

LA TRIVIA. Andrés Manuel López Obrador inició su carrera política en el priísmo de su natal Tabasco y abandonó el partido en 1989. Durante su militancia en el PRI, dejó ver ya una marcada tendencia por la izquierda radical, a pesar de que la ideología priísta nunca se inclinó auténticamente hacia ese lado de la geografía política. Culpemos de esto a sus históricas crisis de identidad, pues el cuatro de mayo de 1929, el general Plutarco Elías Calles fundó al hoy PRI como Partido Nacional Revolucionario; posteriormente, el 30 de marzo de 1938, el general Lázaro Cárdenas del Río refundó al instituto político como Partido de la Revolución Mexicana; y finalmente en 1946, el también militar Manuel Ávila Camacho lo llamó como hasta hoy lo conocemos: Partido Revolucionario Institucional.

LA CONTRADICCIÓN IDEOLÓGICA. El presidente López ha anunciado a diestra y siniestra que el máximo inspirador de su vida política es el benemérito de las Américas, Benito Juárez García; personaje al que admira y en quien sustenta su gobierno. Ha dicho que busca seguir su ejemplo pero omite mencionar un acontecimiento que involucra a otro personaje histórico casi desconocido de nombre Julio Chávez López, quien en abril de 1869 tuvo la ocurrencia de lanzar una proclama revolucionaria en Chalco, Estado de México: “¡Hermanos nuestros, queremos el socialismo!”. Esto bastó para que fuera apresado y fusilado cinco meses después, en el mismo lugar donde lanzó su consigna. La orden fue dictada ni más ni menos que por el propio don Benito, quien curiosamente odiaba el socialismo.

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LOS OLVIDOS. López Obrador intenta modificar sustancialmente la Carta Magna, aduciendo que está diseñada para beneficio de las clases más pudientes del país, entre las que se encuentra la muy sobada “mafia del poder”. Olvida que nuestra Constitución fue redactada en 1917 y representa el logro más importante de la revolución socialista mexicana.

Asimismo, ubica al PRI como un partido de derecha y lo acusa de corrupto y antisocialista; olvidó ya que Él gestó y desarrolló su influencia política en ese instituto al que se resistía a abandonar; el hijo del presidente socialista más destacado de todos los tiempos, Cuauhtemoc Cárdenas Solórzano, y el actual diputado federal Porfirio Muñoz Ledo, pueden hoy dar cuenta de ello.

Olvida también que el Revolucionario Institucional es miembro de la Internacional Socialista.

LOS MANDATARIOS SOCIALISTAS EMANADOS DEL PRI. Lázaro Cárdenas del Río, como máximo exponente del socialismo en México, instituyó la educación socialista, nacionalizó el petróleo y creó los ejidos -todos en bancarrota-. Adolfo López Mateos declaró el dos de julio de 1964: “Mi gobierno dentro de la Constitución es de extrema izquierda”, y transitó como presidente sin pena ni gloria para el socialismo. Por su parte, Gustavo Díaz Ordaz manifestó siendo secretario de Gobernación: “Izquierda, centro o derecha son relativamente cambiantes”. Tambien sentenció: “Izquierda significa capacidad de lograr la justicia social” y su gobierno dejó a los mexicanos la huella más dolorosa de la historia contemporánea; reprimió con bestialidad a los estudiantes de 1968, a los “manifestantes sociales”.

RADICALISMO. López Obrador pregona el socialismo más radical, el que odia a los empresarios, a los del poder económico, a los medios de comunicación críticos. Su lógica es la de si no estás conmigo estás contra mí. Creó una guardia nacional a su servicio y está por integrar a los vigilantes ciudadanos, quienes tendrán la función de acusar con dedo flamígero a los disidentes de la 4T.

El CONTRAPESO a estos abusos, lo nutrirá el proyecto del presunto Bloque Opositor Amplio, BOA. ¿Existirá realmente o será otra vacilada del presidente en el poder?

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