ECOS Y REFLEJOS

 

Zoila Patrón Cantú
ZOILA PATRÓN CANTÚ

Los festejos a la distancia son saludables, ante la llegada del día del padre resulta angustiante ser consciente del peligro que representa para ellos el acercamiento con los hijos debido a las pandemias que están presentes en el mundo, efectivamente, “las pandemias” porque no sólo el coronavirus amenaza a las personas, también está la crisis económica.  Por lo tanto, la angustia se traslada a los bolsillos.

De acuerdo a cifras de la ONU 395 millones de personas podrían sufrir pobreza extrema debido al coronavirus. De tal manera que también habrá padres jubilados que, en teoría deberían de estar gozando su retiro y ahora muy probablemente se verán obligados a dar apoyo a sus hijos, los cuales han sido víctimas de despidos como consecuencia de la pandemia.

La situación en el país va mostrando el reflejo de una sociedad decadente, con falta de valores por la ausencia del desahogo monetario. Por ello, se han incrementado los índices en la delincuencia, los asaltos y robos. La misma sociedad criminaliza a aquellos que desesperados toman riesgos con la idea de dar de comer a su familia. Pero ¿qué tan necesario es involucrarse en esta situación y qué es lo que motiva a un ser humano a buscar esta opción como si fuera el último recurso?

Quizá en México ha hecho falta la solidaridad, el pensar en el trueque como opción, el desprendimiento, la otredad. Ciertamente se han hecho evidentes algunos casos de apoyo, pero sólo unos cuantos. Lo cierto es que el distanciamiento generado por la contingencia ha separado físicamente a las personas, las ha aislado también del reflejo en otros seres humanos pero es importante recuperar valores, escuchar los ecos a la distancia para comprender que quizá somos nosotros los que emitimos ese grito alguna vez.

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