LA SEGURIDAD UN PROBLEMA COMÚN Y UNA RESPUESTA SIN RUMBO

En los últimos días después de estar todos los reflectores y espacios de opinión en el

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Mtra. Nereida Cervantes Facundo

tema de salud relacionado con el COVID 19, ha surgido una vez más una preocupante ola de fenómenos delictivos tan impactantes, que resulta importante insistir en direccionar la política de estado o criminal hacia otra visión, la de la Seguridad Ciudadana.

Cuando hablamos de seguridad, normalmente la entendemos o la asociamos a su definición tradicional, que hace referencia al mantenimiento de la paz y el orden público que se logra a través de los mecanismos de control penal y de las acciones de prevención y represión de ciertos delitos y faltas administrativas que la vulneran, particularmente a través de los sistemas de procuración e impartición de justicia. (Ramos, 2005: 35).

Sin embargo, entender el fenómeno de la inseguridad desde la desigualdad social, la falta de oportunidades educativas y laborales, el ingreso precario, así como en la fractura de las sociedades y el deterioro del tejido social  resulta imprescindible para la toma de decisiones en esta materia.

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En este sentido, autores como Guillermina Baena Paz, ha señalado con respecto al concepto de seguridad que es necesario enmarcarlo en un aspecto más amplio que no se encuentre limitado a la idea de las fuerzas del orden, toda vez que la eminente crisis del Estado-nación y la acelerada globalización, ha incrementado las amenazas, por lo cual no puede reducirse en el marco tradicional de la Seguridad del Estado.

En consecuencia, para que cualquier ser humano pueda sentirse seguro debe estar libre de amenazas ya sean generalizadas o violentas, y para lograrse se requiere deconstruir este concepto partiendo de la base de que el Estado renuncie a su función privilegiada de monopolizar la seguridad y aplicar una seguridad que venga desde las personas, la cual tendrá que complementarse con la seguridad del Estado.

Desde esta perspectiva, podemos resumir, que el nuevo planteamiento se dirige hacia el desarrollo humano sostenible, porque precisamente busca transformar el esquema con que se ha entendido a la seguridad pública como aparato de represión y control para transitar hacia la reconstrucción del tejido social al considerarla como un elemento indispensable en la prevención del delito y para generar entornos más seguros.

Ante este panorama, la idea de que las políticas de seguridad reactiva y punitiva fracasaron radica en que se les atribuyen respuestas simplistas a fenómenos sociales complejos y multicausales y en la que ahora los tomadores de decisiones deberán cuestionarse muy seriamente la agenda que nos permita construir posibles soluciones a corto y mediano plazo  que contribuyan a disminuir los fenómenos delictivos de nuestro país.

Mtra. Nereida Cervantes Facundo

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