INNtenseando: Anfibios pedagógicos. La evolución del rol docente.

Hace aproximadamente 380 millones de años, yo no lo vi, pero lo aprendí en la escuela,

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Sergio Dávila Espinosa

existieron unos peces llamados sarcopterigios que desarrollaron una aleta carnosa, musculosa y alargada que junto con su estructura ósea le permitieron desplazarse de manera torpe y ondulante del agua dulce en la que vivían, a la tierra.

Con el paso del tiempo y como efecto de su adaptación al medio ambiente reforzaron sus extremidades para deambular por la superficie terrestre y asolearse tranquilamente, también aumentaron el tamaño de sus ojos para tener mejor visión en la tierra, su piel se hizo semipermeable y sus otrora branquias se convirtieron en pulmones para poder respirar fuera del agua. Esta historia relatada en un par de párrafos requirió de millones de años para pasar de los sarcopterigios a los anfibios pasando por los tetrápodos.

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¿Y por qué un pez que nada alegremente en las aguas dulces de un lago querría salir a la superficie terrestre? Es muy probable que no lo haya hecho por gusto sino para huir de grandes depredadores acuáticos o para buscar mejores condiciones de alimentación fuera del agua. Esta historia de lenta evolución nos enseña cómo en el mundo animal sólo el mejor adaptado sobrevive. Es la historia de éxito de ejemplares que fueron heredando en su ADN las trasformaciones que les permitieron sobrevivir y reproducirse. Pero quizás, si los antepasados de las salamandras, ranas, sapos y ajolotes albinos no se hubieran sentido amenazados seguirían respirando por sus branquias en Xochimilco u otros lagos de agua dulce. Y claro, de ello no se habla casi nunca, pero en el camino se habrán quedado miles de ejemplares que no pudieron adaptarse y murieron devorados o asfixiados al salir del agua o por quedarse en ella.

La repentina aparición de la COVID-19 provocó que los docentes acostumbrados a nadar un poco aletargados ya en aguas dulces y en las que respirábamos a través de nuestras branquias de clases presenciales, fuéramos arrojados de pronto por una ola a un medio que hasta ahora permanecía desconocido para la mayoría: la educación a distancia. Claro que algunos pocos especímenes ya tenían tiempo desarrollando sus aletas e incursionando temerosamente algunos, e intrépidamente otros, en el uso de recursos tecnológicos para mantenerse en contacto con sus alumnos o para brindarles un entorno enriquecido complementario.

¿Qué seguirá ahora? Estamos a unas cuantas semanas de la concreción de diferentes escenarios que hasta hoy se mantienen contingentes. Unos con mayor probabilidad que otros:

  • Clases presenciales con grupos completos: Para que este escenario sea factible es necesario que el semáforo se encuentre en color verde y que la SEP autorice a los centros educativos funcionar en las mismas condiciones de antes de la Jornada de Sana Distancia. Parece poco probable pensar en clases presenciales con grupos de 50 alumnos, actos cívicos con todo el contingente escolar y práctica deportiva.
  • Clases híbridas alternando la mitad de un grupo presencial con la mitad a distancia. Este escenario es factible si aun cuando el semáforo estuviera en verde, la SEP indicara la necesidad de mantener una sana distancia entre los alumnos dentro de las aulas, lo que llevaría a que asistiera la mitad de un grupo lunes, miércoles y viernes de una semana; martes y jueves de la siguiente; mientras la otra mitad hace lo propio. De esta manera, los alumnos tendrían que trabajar alternadamente unos días de manera presencial y otros a distancia. Se especula que es el escenario elegido por las autoridades y que será dado a conocer en las próximas semanas. 
  • Clases presenciales alternadas con clases a distancia. Este escenario considera que las actividades presenciales iniciadas bajo el supuesto de semáforo verde se vean interrumpidas si éste vuelve a cambiar de color o se detecta un brote de contagio dentro de las escuelas y, por ende, se ordena un cierre temporal de los mismos. Lo cual puede suceder a nivel escuela, municipio o incluso a nivel estatal o nacional. Es un escenario Deja vu de lo ocurrido en el mes de marzo, con la diferencia de que ahora sabemos que puede ocurrir y sólo los profesores desprevenidos se verían sorprendidos como antiguos tetrápados que no evolucionaron.
  • Clases a distancia durante todo el semestre. Los pronósticos más pesimistas del avance de la pandemia consideran que sería posible que si para el 21 de septiembre el semáforo aún no estuviera en color verde, la SEP podría indicar que el inicio del curso 2020-2021 sea a distancia y esto se podría prolongar indefinidamente. Y de pronto “flash” los docentes son abandonados al sol y peligros naturales de la tierra, un medio al que tienen que adaptarse con rapidez o morir en el intento.

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Y así, los docentes en este 2020 nos encontramos ante una situación que no queríamos, que no imaginábamos y para la que no estamos totalmente adaptados. Tiene ahora un nuevo sentido aquellos cursos de TIC que otrora desdeñamos por procrastinación o simplemente por falta de necesidad.

La experiencia de los meses pasados nos fortaleció irremediablemente la aleta carnosa de la competencia tecnológica. Pero ¿será acaso suficiente para afrontar los continuos cambios de modalidad derivados de las condiciones? De lo presencial a la distancia, y después, de regreso al aula, y poco después, nuevamente el regreso.

Sólo esperemos que el proceso no nos lleve millones de años, ni tengamos que lamentar la pérdida de ejemplares que no lograron adaptarse al nuevo medio.

P.D. Gracias a Gaby Hernández Nieto por sus dibujos

Sergio Dávila Espinosa

13 de julio de 2020

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