INNtenseando: Educación: La otra vacuna.

Sergio Dávila Espinosa
Sergio Dávila Espinosa

En San Luis Potosí estamos regresando virtualmente al semáforo rojo por contagios del coronavirus SARS-CoV-2 causante de la COVID-19. Y califico el regreso de virtual pues la percepción general es que, si el color del semáforo poco modificó las conductas sociales de riesgo en el pasado, es muy baja la probabilidad de que lo haga ahora.

Es interesante observar el clamor en redes sociales donde unos llaman a los demás a no salir y no exponerse. Lo hacen en todos los tonos: súplica (por favor cuidémonos), chantaje (hazlo por tus padres y abuelos) o franco reclamo con insultos incluidos (por culpa de una bola de estúpidos ahora todos estamos en riesgo).

Asimismo, en las redes sociales, así como en los comentarios que acompañan a las conferencias COVID-19 estatales se sugiere, pide o exige a las autoridades una mano dura para evitar que las personas salgan de sus casas o se reúnan. Se pide impedir que se instalen tianguis, irrumpir en fiestas para suspenderlas e incluso algunos proponen instaurar un toque de queda.

Aquí la influencia de los adultos sobre la niñez y juventud es fundamental. De poco sirven los mensajes desesperados de las secretarías de salud federales y estatales si el testimonio de los padres es contradictorio. Si éstos no usan cubrebocas, no hacen ejercicio o se reúnen “sólo un ratito” con “unos cuantos” amigos.

¿Qué es necesario para que la sociedad se cuide y acepte las medidas de aislamiento indicadas por la autoridad? ¿Qué pasará en las escuelas cuando regresemos a las actividades presenciales, aunque por lo pronto esto parezca cada vez más lejano?

Nación MX 2
Fuente: https://slpcoronavirus.mx/semaforo-de-la-nueva-normalidad/

La primera estrategia sería claramente la coerción. Órdenes autoritarias respaldadas por una posición de poder. La policía disolviendo fiestas, los inspectores cerrando comercios, las madres o padres de familia no dejando salir a sus hijos adolescentes. Estas estrategias son rápidas y eficientes, pero sólo en el corto plazo. De hecho, mostraron su utilidad en la primera etapa de la Jornada de Sana Distancia allá por la segunda quincena de marzo, pero su efecto ya está caduco.

Estrategias de coerción en la escuela podrían tener expresión en la estricta observancia de los protocolos sanitarios, tales como la instalación de filtros, no aceptar alumnos con síntomas de enfermedad o el uso continuo del cubrebocas durante toda la jornada escolar.

La segunda estrategia es el convencimiento racional. Se basa en la hipótesis de que las personas modifican su conducta como respuesta a un razonamiento. Deberíamos todos reaccionar a los datos científicos sobre las probabilidades de contagio y las posibles complicaciones de la enfermedad. Sin embargo, hay estudios que indican que son las estrategias menos eficaces. Los estudiosos del cerebro saben que no basta saber que algo es bueno para hacerlo o malo para evitarlo. La mayor parte de la gente conoce los beneficios para la salud del ejercicio y los fumadores saben el daño que se están ocasionando. Pero es que el saber no basta. La gente no sale a la calle porque no sepa que es peligroso. Lo sabe, pero como nuestro cerebro siempre es influenciado por las satisfacciones a corto plazo, prefiere salir por un helado AHORITA que esperar quince días para comprobar que sigue con salud al igual que su familia nuclear.

En la escuela las estrategias de tipo racional implicarían hablar dentro y fuera del salón sobre los peligros del contagio, así como las recomendaciones para mitigar su probabilidad. Mensajes del director, campañas informativas, y múltiples trabajos y proyectos encargados por los profesores a los estudiantes. No soy pitoniso pero imagino a los alumnos con el cubrebocas instalado como cofia, bajando de internet, copiando y pegando la información para el trabajo que les dejaron de tarea “sobre el COVID-19”

La tercera y última es la educación. Sólo la conexión de las ventajas de un cambio con los deseos y necesidades de las personas, logran activar la motivación y con ello la recompensa placentera necesaria para mantener el cambio a largo plazo. Para un proceso educativo que sea capaz de reorientar las acciones de las personas es necesario analizar los factores que generan la resistencia (podría ser la brecha entre lo inmediato de la satisfacción obtenida por una conducta de riesgo, contra el beneficio de una salud no valorada hasta que ésta se pierde, lo cual no sucede de manera inmediata a la conducta de riesgo), y después buscar los deseos y necesidades personales que pueden funcionar como antídotos para reducir la resistencia al cambio (qué beneficios y satisfacciones inmediatas podemos tener si nos mantenemos resguardados en casa). Beneficios como las tardes de convivencia familiar alrededor de un juego de mesa o rompecabezas; o tardes de conectar con los abuelos, tíos o primos por videoconferencia.

Nación MX 3
Fuente: https://pixers.es/cuadros-en-lienzo/jeringa-es-contra-los-germenes-37865504

El Doctor Pablo López encuestó a un grupo de directores de escuelas en una conferencia reciente titulada “Sanidad en la escuela. Conviviendo con el Covid-19” sobre el que consideraban el filtro de protección más efectivo para prevenir la diseminación de COVID-19 en la escuela. Las opciones fueron:

  1. Concientización/ educación de padres de familia, alumnos y personal escolar
  2. Filtro sanitario equipado a la entrada del plantel
  3. Implementación estricta de medidas de higiene permanente
  4. Uso generalizado de equipo de protección personal (batas, cubrebocas, guantes, etc.)

Los resultados de esta encuesta pusieron en primer lugar la primera opción y en segundo la implementación estricta de medidas de higiene. Es decir, una combinación entre las estrategias de educación para atender el problema a largo plazo y la coerción para actuar ante la emergencia.

 

La educación es la otra vacuna. La que ya estaba inventada. La que ya está al alcance de todos.

Sólo con la vacuna de la educación la gente respetará y cuidará la salud propia y de los demás por sobre los satisfactores inmediatos que la ponen en riesgo.

Sólo con la vacuna de la educación se interiorizarán y mantendrán las medidas preventivas básicas como el lavado frecuente y consciente de manos, el estornudo de etiqueta y el evitar saludar de mano o beso.

Sólo con la vacuna de la educación nuestros alumnos serán capaces de sortear la batalla de la infoxicación y discernir entre conocimiento científico y Fake-news. Batalla en la que, por cierto, también los profesores participamos cuando publicamos o replicamos mensajes superficiales sobre teorías conspirativas o curas milagrosas.

Y aquí entonces la paradoja. ¿Cómo podemos construir estrategias educativas dirigidas a los niños, adolescentes y jóvenes con miras a transformar sus hábitos en favor del cuidado necesario en esta nueva normalidad si no podemos trabajar con ellos en las escuelas?

Este reto se añade a los ya de por sí numerosos y difíciles que tenemos para el inicio del ciclo escolar 2020-2021. Ojalá los docentes seamos capaces de tener a tiempo las dosis suficientes de esta vacuna necesaria para afrontar la nueva normalidad. Una vacuna que para que surja efecto tendrá que administrarse con gotero y en dosis diarias de liberación prolongada.

Sergio Dávila Espinosa

20 de julio de 2020

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