INNtenseando: La pesadilla

 

Sergio Dávila Espinosa
Sergio Dávila Espinosa

Escuchó el despertador mientras soñaba que estaba en la mesa de un ruidoso restaurante rodeado por gente a la que no reconocía. Se estiró y se dispuso a iniciar su rutina, esa que había repetido cada día de las últimas semanas. Después de estirarse y vestirse, y de una accidentada mediación de 10 minutos, se dirigió en su auto rumbo al parque para trotar un poco. Desde que se reabrió el parque, todos los días procuraba llegar temprano para evitar hacer demasiada fila al pasar el filtro sanitario. Todos los días había que ponerse el cubrebocas y un empleado de seguridad sumamente amable le obsequiaba un poco de gel antibacterial, le tomaba la temperatura dirigiendo su termómetro al cuello, por aquello de quienes sienten amenazadas sus neuronas, le deseaba un buen día y le pedía “cuídese mucho”. Ese día fue diferente. Las puertas del parque estaban abiertas de par en par, y habían retirado el filtro sanitario, aunque el guardia estaba a la entrada, ya sin ningún gel.

De todas formas, se puso el cubrebocas, abrió la ventana y el empleado con su acostumbrada amabilidad le dijo: “buenos días jefe, ya puede retirarse el cubrebocas” y le extendió la mano para saludarlo y desearle un buen día. Ya no le dijo “cuídese mucho”. Experimentó una extraña sensación al contestar el saludo, hace más de tres meses que no saludo a nadie de mano, pensó. Y de inmediato despachó sobre sus palmas una buena cantidad de gel antibacterial de un pequeño recipiente que portaba en la guantera del automóvil, pensando incluso que reportaría al guardia por irresponsable.

Al manejar de regreso rumbo a su casa, después de trotar 5 km encontró a su paso algunos automóviles que tocaban las bocinas de sus automóviles como cuando se celebra una boda, se festeja el triunfo de un equipo de fútbol o en las recientes protestas políticas. A pesar de ser temprano, le pareció raro ver que los autos transportaban numerosas personas, y alcanzó a ver un auto compacto lleno de jóvenes en el que incluso uno de ellos sacaba medio cuerpo por la ventana celebrando con una bandera improvisada formada por varios cubrebocas amarrados. -Qué locos, pensó. Al pasar por la glorieta bocanegra, frente del parque de Morales vio más coches y muchos jóvenes que llegaban a congregarse. Se abrazaban, reían, y escuchó una improvisada porra: “coronavirus, cuarentena, covid, se van a la fregada, yo ya me vacuné”.

Fuente: https://www.nytimes.com/es/2018/06/17/espanol/america-latina/mexico-alemania-lozano.html

Al llegar a su casa, superó la tentación de encender el televisor para ver el noticiero. Desde el mes de abril había cambiado su rutina y ahora por ningún motivo veía los noticieros de la mañana. Su contenido, con reportes de muertes, excusas y ocurrencias lo ponían de malas durante todo el día. Además, no tenía tanto tiempo. Debía bañarse y prepararse para asistir a un seminario a distancia sobre “Metodología para la planeación en un modelo híbrido”. Había perdido la cuenta de cuántos webinars, conferencias y cursos había atendido durante la triple cuarentena. Al menos dos al día. A veces se le empalmaban y tenía que escoger el que más le interesaba. Pero el curso de hoy era diferente. Estaba convocado por la dirección de su escuela y el objetivo era que todos sus compañeros maestros se prepararan a enseñar alternadamente a distancia y de forma presencial, debido a que, por las medidas de distanciamiento social, se había dicho que esa era la opción: Trabajarían con la mitad del grupo de forma presencial los lunes, miércoles y viernes de una semana, así como los martes y jueves de la siguiente, mientras que la otra mitad del grupo trabajaría a distancia desde casa. La segunda parte del grupo alternaría con el primero los días en que asistiría a la escuela.

Se había adelantado siguiendo por su cuenta los webinars que trataban sobre “Clase invertida” y empezó a recopilar y organizar diversos recursos, materiales y videos que utilizaría para que los alumnos trabajaran desde casa. También había perfeccionado su uso de tecnologías como Kahoot, Padlet o Pixton, que antes sólo conocía de nombre y que ahora planeaba incorporar a su planeación para hacer más interactivas y motivantes sus clases.

Apuró su desayuno, papaya y cereal, como cada día, se sirvió una gran taza de café y encendió su computadora. Había guardado en su agenda la liga de la capacitación por lo que hizo clic en ella sin obtener la respuesta de siempre: “el administrador le permitirá el acceso en un momento más”, en lugar de ello la frase de advertencia fue “esta sesión fue suspendida por el administrador”. -Esto está más raro que el comportamiento de los chavos que vi esta mañana, pensó. Así que envió un mensaje de Whatsapp a su coordinador en busca de respuestas.

  • Buenos días coordi. ¿No sabes qué pasó con el curso? Me sale que se suspendió
  • Pues eso, se suspendió. JEJEJEJEJE
  • ¿Ah caray? ¿Por qué? ¿Canceló el expositor? ¿Cuándo se repondrá?
  • Noooooo nosotros lo cancelamos a él. Muy a tiempo. Sólo le pagaremos la mitad.
  • No entiendo nada. ¿Y por qué lo cancelaron?, ¿Y entonces ahora qué haremos? ¿Cómo nos prepararemos para dar clases en modalidad híbrida?
  • Daaaa pues ya no vamos a dar clases en modalidad híbrida!!!!
  • ¿Y eso? ¿Entonces, regresaron el semáforo a rojo otra vez?
  • ¿De verdad eres el único que no se ha enterado?, mira…

Su coordinador le envió una liga de Youtube en la que se reproducía el mensaje a la nación en el que el Presidente seguido del algunos de los miembros de su gabinete, con rostros alegres y actitud triunfante, anunciaron el descubrimiento por parte de un investigador de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Se trataba de una enzima contenida en la pulpa de los litches, deliciosos frutos cultivados en la huasteca potosina, capaz de producir inmunidad inmediata ante el SARS-CoV-2, por lo que bastaba una dosis de dos gotas del jugo de un litche para acabar de una vez por todas con la posibilidad de infección. El secretario de economía habló también de las proyecciones por los ingresos que generaría la explotación de litches huastecos para la producción masiva y exportación inmediata de frascos de gotas cuyos pedidos se agolpaban por parte de numerosos países que no conocen el dulce néctar del fruto milagroso.

 

Fuente: https://www.flickr.com/photos/revistahuasteca/4703168351/in/dateposted/
Fuente: https://www.flickr.com/photos/revistahuasteca/4703168351/in/dateposted/

Incrédulo, adelantó el vídeo al turno del secretario de educación. Anunció que, durante las siguientes dos semanas, las que originalmente se destinarían a la capacitación, se haría llegar a todas las escuelas del país, las dosis necesarias para que todos los alumnos quedaran vacunados. Y anunció con entusiasmo, el regreso a la “feliz normalidad”. (Así le llamaron). Las escuelas podrían llenarse nuevamente en grupos de 40 o más alumnos, estos podrían seguir compartiendo sus refrescos y alimentos sin el menor asomo de riesgo y lo más importante, las clases serían nuevamente presenciales. Se cancelaría de inmediato el programa Aprende en Casa, así como todo seminario o curso orientado a dar clases a distancia o con uso de la tecnología. “Es tiempo de desinstalar el zoom de las computadoras”, “las TIC volverán a ser parte del contenido de las clases de computación, de donde nunca debieron salir” y “regresaremos a nuestros libros y planeaciones” fueron las frases más aplaudidas por los presentes. Al final del mensaje el presidente remató alzando la voz como en el grito de la independencia: “A partir de hoy se instala la feliz normalidad, volveremos a ser los mismos, la pesadilla ha terminado”.

Detuvo el vídeo con la reproducción del mensaje, repitiendo para sí mismo ¿Volveremos a ser los mismos? ¿La pesadilla ha terminado? Y con la confusión que se experimenta cuando sueñas que estás soñando, no atinó a estar seguro si la verdadera pesadilla terminaba o iniciaba.

Sergio Dávila Espinosa

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