EL VALOR DE OPINAR

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Armando Sánchez Macías

 

 

 

 

 

Estimado lector, considero yo, no sé usted, que todas las opiniones son valiosas, es un derecho que gozamos como ciudadanía de este país. Podemos expresarnos sin censura, si bien, la autocensura que nos impone nuestra educación, valores, cultura y experiencias previas siempre está presente, y se hace patente al momento de emitir nuestras ideas. Se puede tener una opinión de todo ¡por supuesto! La democracia se construye con las voces de la ciudadanía.

Nación MX

Creo yo, que no es conveniente que unos opinen más y otros opinen menos, todos deberíamos ser generadores de opiniones y por supuesto, escuchados. Tampoco creo que algunas opiniones valgan más que otras. En el terreno de las opiniones todos estamos parejos, o por lo menos, así debería ser. Ser rubio o moreno, adinerado o humilde, de ciudad o de comunidad rural, no debe -o debería- considerarse un condicionamiento para valorar las opiniones. One man, one vote decía George Orwell. Puede estar usted o no de acuerdo ¡total! ya las reglas electorales del país están en la Constitución.

¿De dónde surgen las opiniones?  De ideas, creencias, estados de ánimo, experiencias, intereses, deseos, aspiraciones, frustraciones y muchas otras fuentes. Expresarnos es necesario, deseable y ayuda a la construcción de la opinión pública, eso que se percibe acerca de personas, fenómenos y situaciones que ocurren todo el tiempo a nuestro alrededor y que puede o no afectarnos.

Así como son muy valiosas las opiniones habría que decir que también tienen sus limitaciones. No es lo mismo una opinión que un hecho. Los hechos son aquellos fenómenos que ya ocurrieron, que pueden ser observados, medidos y evaluados en su justa dimensión y de manera objetiva. En realidad, no importa mucho mi opinión acerca de mi estatura y peso, son lo que son, independientemente de mis percepciones, deseos, motivaciones, ideología o forma de pensar.

En este orden de ideas, las opiniones y los hechos pueden parecerse mucho, ¡y de hecho se confunden mucho! pero son esencialmente muy distintas, dado que los primeros son percepciones que cada uno tiene, con la subjetividad que esto implica. Mientras que los hechos, son situaciones ocurridas, observadas, medidas, verificadas y verificables. Se basan en evidencia. Un hecho es un hecho porque se puede comprobar, describir, cuantificar sin lugar a interpretaciones. A diferencia de las opiniones, los hechos son incontrovertibles y se tiene la certeza de su veracidad.

Debemos decir también que los hechos pertenecen al conocimiento de tipo científico, y que, a pesar de opiniones, la ciencia es la herramienta más poderosa, confiable y noble que tenemos. La ciencia ha probado su valía durante la historia de la humanidad, y al final de cuentas, dígame usted si no, hasta los más creyentes o místicos – cuando tienen alguna afección de salud- prefieren ir a una consulta médica que ponerse a rezar.

En estos tiempos en que nos encontramos ante una oferta ¡brutal! de ¿información? es de suma importancia cuestionarnos, es decir, eso que dice el locutor, periodista, propagandista, vendedor, vecino, mercadólogo, político u otra persona transmitiendo un mensaje ¿es opinión o es un hecho?  ¡Cuántas veces nos hacen pasar opiniones por hechos! ¡Gato por liebre! ¿Manipulación? ¡Nooo, para nada!

Acerca de lo valioso del valor de opinar permítame hacer una segunda reflexión. En estos tiempos de pandemia pareciera que los hechos -lo que si es verificado- se han venido desprestigiando y le van dando lugar a las opiniones – lo que no está verificado- y yo considero ¡qué valor tienen para opinar algunos! Vemos a personas que saben nada de salud pública opinar como si fueran epidemiólogos. Al vecino diciendo que esto pasó en tal o cual ciudad, dándolo por hecho, cuando sus fuentes son las redes sociales -con sus notables deficiencias en la veracidad comprobada- si, bien un impulso grandísimo para poder escuchar más voces.

Por último, no dejemos de reflexionar que los prejuicios -esos juicios que hacemos sin tener evidencias para respaldarlos- son una fuente inacabable de opiniones; el machismo, el clasismo, el racismo, ¿cosmopaletismo? y otros “ismos” que se le ocurran, o conozca y yo no, por definición, estarán incluidos en las opiniones, bien o mal intencionadas, hay que valorar, pero también tener precaución de las opiniones; porque, sabe qué, en la medicina, puede venir el veneno, y de a poco, en dosis pequeñas, igual y nos enfermamos; o como decía el célebre anónimo “no debemos tomar la terquedad de nuestros prejuicios como valor para defender nuestras opiniones”. Gracias por leerme, un abrazo fraterno.

Armando Sánchez Macías

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