INNtenseando: Las escuelas matan la creatividad

Sergio Dávila Espinosa

Con gran pesar anunciamos que Sir Ken Robinson murió pacíficamente ayer, 21 de agosto de 2020, rodeado de familiares después de una corta batalla contra el cáncer.”

Así fue anunciado en redes sociales el pasado sábado el deceso del influyente educador, autor y conferencista británico, famoso por defender un modelo de escuela innovadora capaz de desarrollar la creatividad y los talentos naturales de los niños.

Hace muchos, pero muchos años vi una charla de TED que se llama “Las escuelas matan la creatividad” y que recomiendo buscar a los lectores en Youtube. Me gustó mucho porque coincido con las ideas, pero también porque de inmediato me cautivó el ácido y británico sentido del humor de su ponente: Sir Ken Robinson.

La charla va de cómo las oportunidades del ambiente que nos rodea, y en particular de la escuela, puede contribuir a impulsar o frustrar el desarrollo de nuestras capacidades, esas que a veces llamamos “talentos naturales”.

Robinson critica, no sin razón, la estandarización del currículum y la preeminencia que hemos dado en todos los sistemas educativos del mundo a unas materias sobre otras, poniendo en la cúspide a las matemáticas y la lectoescritura, y dejando relegados el arte y el deporte. Es el autor de esa idea hoy tan reproducida en internet de que las escuelas deberían dedicar al menos el mismo tiempo a enseñar a los niños y jóvenes a bailar que a resolver problemas matemáticos. ¡Cómo hubiera sido diferente mi vida si así hubiera sido! ¿Se imaginan que en las secundarias enseñáramos a los adolescentes a bailar salsa o cumbia una hora diaria? ¿Se imagina cómo eso contribuiría no sólo a su coordinación psicomotora sino a su autoestima y como un ámbito privilegiado para construir relaciones sociales sanas con el sexo opuesto? Robinson critica también cómo es posible que en las escuelas se enseñe música sin escucharla, literatura sin leer o poesía sin escribirla.

El video me transportó a mis primeros años como docente con chicos de secundaria. No sabía gran cosa sobre teorías de educación, pero ya algo no me gustaba cuando se privilegiaba el llamado valor de la disciplina por sobre cualquier pequeño espacio de libertad de los alumnos. Todos obligados a usar el mismo tipo de libreta. Todas forradas con el mismo color, y escribiendo nombre y clave en todas las páginas con el mismo color de tinta. Ningún espacio que permitiera la expresión, ya no digamos artística, ni siquiera de reafirmación personal.

Desafiando a mis colegas experimentados, yo les permitía a mis alumnos forrar como quisieran su libreta, poner los recortes que les gustaran. ¿Que si hubo abusos? ¡Claro! Pero pocos. Eran adolescentes acostumbrados a reprimir sus gustos, pero con la imperiosa necesidad de expresarse. La mayoría pusieron ilustraciones de motos, equipos de fútbol, toreros, artistas juveniles o incluso alguna, hasta dibujos de Disney. A mí me parecía una ventana de entrada a su personalidad. Una oportunidad para conocerlos mejor y dialogar:

-¿Te gusta la tauromaquia?

-Sí profe, mi papá tiene un rancho. Cuando quiera lo invito…

También recordé el día que descubrí a un pequeño adolescente de trece años que en lugar de copiar en su cuaderno los apuntes, dibujaba caricaturas de sus compañeros. Por mi mente pasaron las alternativas para sancionar esa conducta que entonces se acostumbraban: enviar a la dirección por un reporte, guardar el cuaderno y mandar llamar a sus papás o arrancar esas páginas y romperlas en pedacitos frente a sus compañeros. Opté por pedirle que pusiera atención y que su “castigo” sería hacer un dibujo de todo el grupo como si posáramos para una foto y lo llevara al día siguiente. Así lo hizo puntualmente. Y a todos nos encantó. Lo pusimos en el periódico mural del salón, desplazando el cuadro de honor y las efemérides. Después me enteré de que siguió haciendo dibujos semejantes de sus grupos en los siguientes años de secundaria y preparatoria, llegando incluso a imprimirlos en playeras distintivas en los torneos deportivos y en la graduación. El tiempo pasó y regresó al colegio contratado como profesor de dibujo y ha impartido también talleres de caricatura. ¿Y si hubiera optado por otro castigo hubiera sido el mismo final? Nadie puede saberlo. Pero me queda la satisfacción de no haber reprimido un talento natural.

En esa charla, Ken Robinson menciona un libro, que entonces estaba en prensa. Tuvo que pasar mucho tiempo para que lo consiguiera porque el título finalmente fue diferente al que anunció en la charla, su nombre: El elemento. Con ejemplos vivos a partir de entrevistas, y con su personal sentido del humor que sólo puedes percibir si has visto sus videos, te va llevando por reflexiones nada triviales sobre la creatividad, la innovación y el aprendizaje. A pesar de que data de 2009, no ha perdido un ápice de vigencia, y seguramente es un referente para conocer y reconocer su legado.

¿Cómo promoveremos ahora los talentos naturales durante el Aprende en Casa 2? ¡Qué reto más grande! ¿Cómo dar espacio a la creatividad en la enseñanza a distancia o en línea mediada por televisión o por computadora? ¿Hay espacio para tratar a la creatividad con la misma importancia que a nuestros contenidos? No esperemos que la SEP nos diga cómo hacerlo. Desarrollar la creatividad de los estudiantes sólo será posible si nosotros también desarrollamos la nuestra al planear nuestras intervenciones pedagógicas.

“No se trata de estandarizar la educación, se trata de subir el estándar de la educación” (Ken Robinson)

Fuente: https://twitter.com/SirKenRobinson/status/1297227635253223424?s=20

Sergio Dávila Espinosa

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