LO QUE COVID NOS MOSTRO…

Mtra. Nereida Cervantes Facundo

El pasado 24 de agosto se inició el nuevo ciclo escolar, en donde aproximadamente 30 millones de estudiantes iniciaron clases desde casa, sin embargo, también represento profundas desigualdades en el proceso  de enseñanza-aprendizaje, por ejemplo, la gran brecha digital, la cual, no solo se refiere al acceso a la conectividad (dispositivos celulares, computadoras o tablets, Internet, paquete de datos o televisión) sino también a las posibilidades de capacitación sobre las nuevas tecnologías Tics, la posibilidad de desarrollar estrategias, desarrollo de habilidades, disponer de lugares y tiempos propicios para realizar una clase.

Otra de las desigualdades estructurales que enfrenta este tipo de aprendizaje a distancia, es el estar al pendiente de los hijos y salir de casa para poder trabajar, lo que para otro tipo de familias, quizás sus actividades y entornos laborales les permiten desarrollar ambas cosas, es decir, estar al cuidado de los hijos y del trabajo (home office) para otras tantas no lo es así.

Aunado al hecho de que también, el ambiente familiar en el que algunos estudiantes se encuentran actualmente, caracterizado por numerosas carencias y realidades como la violencia, la enfermedad o la falta de una estructura social que les apoye, sitúa a muchos niños y niñas, en entornos difíciles que no permiten dar respuesta a lo realmente importante, su bienestar.

Nos enfrentamos a partir de ahora a un cambio social y educativo mucho más profundo de lo que posiblemente podíamos llegar a imaginar. Todo parece indicar que el mundo online seguirá adquiriendo protagonismo, pero debemos tener presente que este tipo de educación no consiste simplemente en adaptar de forma improvisada el contenido educativo a plataformas,  para que los alumnos puedan enviar sus tareas y exámenes, dar clases virtualmente o establecer una vía de comunicación, sino crear aprendizajes significativos y desarrollar capacidades de resiliencia en la juventud.

Por otra parte, también quiero resaltar que seguimos ante una brecha de género, según un análisis de ONU Mujeres México, dentro del hogar las mujeres son generalmente las encargadas de las tareas de educación, así como de las actividades de limpieza, coordinación logística de la vivienda, ocio y entretenimiento entre los integrantes de la familia. Además, en una situación de emergencia en la que se pueden generar inquietudes en las personas dependientes, la contención emocional ocupa también tiempo de las mujeres. Lo cual denota largas jornadas de trabajo remunerado y no remunerado.

Con esto no quiere decir que no reconozca como también muchos papas se han integrado a la educación o desarrollo de actividades domésticas, sino resaltar la importancia que tiene el asumir de manera compartida las responsabilidades y que los empleadores cambien su visión a una nueva cultura laboral en donde hombres y mujeres tengan acceso a igualdad de condiciones que les permitan equilibrar las responsabilidades del hogar.

En este contexto, resulta importante concluir que la complejidad del problema exige actuar de manera coordinada mediante acciones colectivas que permitan hacer frente a la crisis con resiliencia, sin olvidar las necesidades de todos los sectores involucrados y los efectos diferenciados, establecer que uno de los desafíos que tiene México es la reorganización social de los cuidados para alcanzar la plena corresponsabilidad entre el Estado, el mercado y las familias. Si se entiende esto creo que iniciaremos un nuevo rumbo…

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