INNtenseando: Un paredón en cada muro te dio

El pasado lunes 31 de agosto iniciaron su semestre los casi 30,000 estudiantes de licenciatura de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Docentes y estudiantes se vieron una vez más en la necesidad de hacerlo en modalidad a distancia, con los recursos pedagógicos y didácticos que cada uno ha desarrollado en esta larga etapa de aislamiento.

A poco más de una semana de haber iniciado su curso, una publicación en redes sociales llamó la atención de la gente y pronto se hizo paradójicamente viral infectando las pantallas. Me refiero a la queja que hiciera en su muro de Facebook el joven estudiante de séptimo semestre de la licenciatura en derecho Rafael Morales, quien acusó a su maestra de la materia Derecho Civil IV, la maestra Elvia Castañón de humillarlo y reprenderlo porque percibió que estaba tomando la clase en un ambiente que podía distraerlo, suponiendo que por ello no le daría a la materia la importancia debida. El alumno expone en su muro que estaba tomando clases fuera de un ciber en la colonia jardines del sur de San Luis Potosí al que le renta el internet por no tener condiciones para conectarse en su casa como el resto de sus compañeros.

La mecha se encendió y hoy cuenta ya con 4 mil reacciones, casi 2 mil replicaciones y 835 comentarios, que de manera general acusan a la maestra de falta de sensibilidad, la insultan incluso, hay quien pide su inmediata destitución de la institución. Pronto varios medios de comunicación vieron en esta noticia la posibilidad de una nota a domicilio que pudieran usar para generar clics en sus medios, e incluso llegó a los noticieros de televisión a nivel nacional.

La institución reaccionó mediante un comunicado de la Defensoría de los Derechos Universitarios donde se informa que se generó un APERCIBIMIENTO a la docente (las mayúsculas son del comunicado) y se le pidió realizar una disculpa pública. La maestra accedió y videograbó su mensaje de disculpa. Y desde luego, antes de que desaparezca el interés por la nota, se informa que el ciber donde sucedieron los hechos ha ofrecido su apoyo al estudiante.

Sin duda alguna la pandemia no sólo amenaza nuestro sistema inmunológico sino al parecer también el sentido común y el pensamiento crítico de quienes sin usar cubrementes se contaminan del virus de una mal entendida solidaridad, que no se centra en la protección de la víctima, ni siquiera en la empatía, sino en una tácita autorización social para el linchamiento ante quien consideramos el masiosare expiatorio de nuestras frustraciones.

Aquí algunas reflexiones que me llevan a pensar que este es un caso en el que, dadas las acciones de las partes involucradas, permiten hacer un balance provisional del tipo perder-perder-perder:

  • Pierde Rafael. Porque si bien, proponiéndoselo o no se convirtió en una efímera figura de las redes sociales, podemos cuestionarle las intenciones de su actuar. ¿Cómo es posible que un alumno de 7º semestre de la Licenciatura en Derecho prefiera denunciar en redes sociales un hecho en el que se dice lastimado, en vez de platicarlo ante la coordinadora de su licenciatura, la Lic. Violeta Mendezcarlo Silva, que por cierto acababa de iniciar en esta función y que estoy seguro hubiera podido mediar en un asunto “áulico-virtual” que no debió tener mayor trascendencia? Tampoco me queda claro ¿cuál es la supuesta humillación? En el segmento que muestra el video, en mi opinión no hay tal. Hay un cuestionamiento y la extrañeza de parte de la maestra porque el alumno cambió el escenario con respecto a la primera semana de clases. Pensar en que esto es una humillación, me parece a todas luces una exageración ante una percepción. ¿estaremos de acuerdo entonces en que la UASLP forme una generación de abogados de cristal?, ¿estaremos de acuerdo en que los futuros abogados litiguen en redes sociales en vez de acudir a las instancias institucionales diseñadas para ello?
  • Perdemos los docentes. Desde luego la maestra Castañón recibió la peor parte. Al parecer el que pega en los medios pega no dos, sino miles de veces. Repudiada por otros alumnos, no sólo de la Facultad de Derecho “Ponciano Arriaga” sino de otras facultades de la UASLP que descargaron en ella numerosas frustraciones por injusticias y excesos cometidos por los docentes durante esta etapa, o desde antes. No defiendo desde luego las acciones de imprudencia o incluso discriminantes que los profesores, todos nosotros, no solo ella, cometemos cotidianamente la mayor parte de las veces de manera involuntaria. Los profesores debemos ser flexibles y tolerantes, sí, pero la flexibilidad no es ausencia de límites o disciplina. Los alumnos son expertos en el manejo de tecnología para la comunicación y el entretenimiento, por lo que adolecen muchas veces de sentido común para su uso en un ambiente académico o de productividad. Una maestra me comentó: “Ayer una de mis estudiantes estuvo en su recámara acostaba boca abajo en la cama. Se paró, arregló su clóset, fue por una fruta, sacó al perro, metió al perro…” Modelar la comunicación, la autorregulación y hasta la cultura simbólica alrededor de una clase, no sólo no me parece humillante, sino necesario en esta nueva etapa de educación multimodal.
  • Pierde la UASLP. La arrebatada y desproporcionada reacción de la Defensoría de los Derechos Universitarios, magnifica innecesariamente el hecho que, dicho sea de paso, no fue denunciado en esta instancia por el alumno, sino que recoge de las redes sociales. Juzga y condena a la maestra a un mayor linchamiento. Sin embargo, en su grito hace evidente el notorio el silencio y opacidad con la que ha decidido no reaccionar ante otros hechos que sí han sido denunciados ante la institución, no sólo por discriminación, sino por acoso y hasta violencia sexual. ¿Para qué sirven entonces los procesos y las instancias institucionales diseñadas para dirimir conflictos si lo único que recibe atención son los mensajes que se vuelven virales?
  • Pierde el sentido crítico. Ignorado por quienes de manera apresurada y quizás resentida se subieron al tren de la descalificación, manifestando desde una posición de superioridad moral su “repudio ante tan indignantes humillaciones cometidas por la maestra”. Lo peor de todo es que muchas de esas reacciones vienen de docentes. ¡Sí! ¡De docentes! Docentes que como la licenciada Castañón todos los días nos vemos expuestos en la cotidianeidad a cometer algún error. ¿quiénes reaccionaron a la publicación realmente analizaron el vídeo?

¡Qué bueno que no existían redes sociales en 1983 cuando inicié mi servicio como docente! ¡Cuántos errores cometí pensando en que ayudaba a formar el carácter de mis estudiantes!, ¡Cuántas palabras, hechos u omisiones pudieron herir a mis alumnos!, ¡Cuántas reprimendas podrían haberse subido a las redes denunciando humillaciones! Espero no sólo que hayan podido superarlo, sino que, a la luz del paso del tiempo, ese que no es posible registrar en un timeline, no sólo hayan podido disculparme, sino comprender que tuvieron como intención ayudarles a desarrollarse como personas valiosas y fuertes.

Vaya desde esta columna un reconocimiento y mensaje de solidaridad no sólo para la Lic. Castañón sino a todos los docentes que están haciendo un increíble esfuerzo por poner al servicio de la educación no sólo sus recursos materiales y pedagógicos, sino también sus convicciones a favor de que la formación profesional y humana trascienda las pantallas.

Sergio Dávila Espinosa

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