INNtenseando: Alto contenido de materias

Por: Sergio Dávila Espinosa

Con cierta frecuencia se ponen de moda en las redes sociales algunas infografías que con el título de “Materias que debería enseñar la escuela” o similares incluyen elementos como nutrición, inteligencia emocional, creatividad, cuidado del medio ambiente, meditación y finanzas personales. Lo popular de éstas permite inferir al menos dos cosas:

● El desconocimiento de la mayoría de la población por la estructura curricular del sistema educativo nacional reflejado en la idea de que están ausentes de la misma, y
● La opinión de que los conocimientos escolares actuales son irrelevantes o insuficientes para las necesidades de los niños y jóvenes en el mundo actual.

Existen varios puntos de debate al respecto a la idea de agregar materias al plan de estudios. En primer lugar, está la creencia de que aquello que se enseña formalmente es lo que se aprende. Lo cual no es totalmente cierto como demuestran los resultados de pruebas estandarizadas como PISA que reflejan que, a pesar de tener en el plan de estudios materias como Matemáticas y Español, con una importante inversión de horas clase, los alumnos mexicanos son incompetentes para entender lo que leen o para utilizar los algoritmos y operaciones matemáticas en la solución de problemas cotidianos.

Y así, con una infundada confianza se recurre a la vieja tentación que experimenta toda comisión que revisa un plan de estudios y que parte de la consigna de determinar qué le puede añadir al plan de estudios en función de lo que, muchas veces de forma subjetiva considera que adolece. Pero en dichas comisiones el problema llega cuando hay que compensar las adiciones renunciando a algún contenido o materia. Me ha tocado presenciar discusiones a favor de incluir materias de redacción, técnicas de estudio, pensamiento complejo o matemáticas básicas en los primeros semestres de una licenciatura para corregir falencias de los estudiantes que egresan de las preparatorias; aunadas a férreas defensas de por qué seguir enseñando algunos contenidos. Y así, los currículos se vuelven una secuencia agotadora de materias en todos los niveles, alcanzando su culmen en la educación secundaria que incluye más de 10 materias en jornadas agotadoras de 35 horas semanales, justo en la etapa de la vida en que hoy sabemos por los avances de las neurociencias, es más difícil lograr períodos de atención y las necesidades socioafectivas de los estudiantes son ignoradas, o hasta reprimidas por el sistema escolar.

Fuente: https://sidof.segob.gob.mx/notas/5578281

Esta idealización del poder de añadir materias en el plan de estudios, seduce no sólo a la sociedad, sino también a las autoridades educativas y gobernantes. Y así, como efecto colateral de la pandemia provocada por la COVID-19, el presidente Andrés Manuel López Obrador ordenó a la Secretaría de Educación Pública incluir la materia de “Vida Saludable” que tendría como objetivo “fortalecer el sistema inmune de los alumnos, fomentándolos a tener una sana nutrición, realizar ejercicio y practicar la higiene personal y limpieza del entorno”.

Nadie se atrevió a alertar al presidente que todos los objetivos propuestos ya están incluidos en el plan de estudios sin necesidad de engrosarlo e imprimir nuevos libros. Nadie alertó al presidente que el tema del Coronavirus, sus efectos, comportamiento epidémico y conductas de prevención, ya han sido y siguen siendo abordados por los profesores de todos los niveles educativos en los proyectos integradores de diversas materias. Como nunca hay un terreno fértil para que los profesores de ciencias enseñen sobre la importancia de las vacunas, sobre la composición de los virus; para que los profesores de matemáticas enseñen sobre el comportamiento que tienen las curvas de contagios y aprovechen las gráficas para intuir o explicar su comportamiento; para los profesores de español que han fortalecido como nunca la lectoescritura al pedir a sus alumnos leer indicaciones y crear diversos tipos de textos; por los profesores de tecnología e inglés al propiciar el uso de recursos y aplicaciones por inmersión; por los profesores de historia que han pedido investigar sobre el comportamiento de otras pandemias en la humanidad; o los profesores de geografía que cuentan con diversas oportunidades para que los estudiantes conozcan desde la ubicación de Wuhan en China, hasta los municipios de Campeche o de su estado en los que hay menos índices de contagios; o por los profesores de Ciencias Sociales que han ayudado a sus estudiantes a revalorar las normas de convivencia social, que paradójicamente ahora tienen su expresión de mayor responsabilidad en el distanciamiento; y hasta por los profesores de deportes y materias culturales, que han sabido innovar para, no sólo revalorar la importancia de una vida saludable, sino también aprovechar el terreno para la expresión artística de los estudiantes como muestran numerosos escritos, collages, proyectos y fotografías, producidos en esta etapa de escuela de lejos. Y es así, como los profesores inculcan un humanismo que no requiere de libros de texto adicionales, y que no convierte objetivos vivos en contenidos farragosos y estériles que los alumnos deban memorizar para después ser calificados.

Fuente: https://pijamasurf.com/2019/09/6_materias_que_deberian_ensenar_en_la_escuela/

Es correcta la apreciación de que es necesario reforzar la higiene personal y familiar, pero para ello no es necesario una materia. Los niños y jóvenes tienen como principal fuente para adquirir hábitos el aprendizaje vicario, es decir, el observar las conductas de los adultos que convivimos con ellos, docentes y familiares. De nada sirve imprimir un nuevo libro de texto, si en casa no existe una rutina de lavado de manos cuidadosa y sistemática.

Es correcta la apreciación de que debemos propiciar la buena alimentación de los niños, pero para ello no se necesita una materia adicional a ciencias naturales o biología. Tampoco se logrará con prohibiciones absurdas decretadas en nuevas leyes o con etiquetados frontales en los productos industrializados. Es correcta la apreciación de que debemos fomentar en los niños y jóvenes valores de convivencia, celebración de la diversidad y cultura de paz. Pero de poco sirve, cuando las familias presencian y se contagian todos los días la aberrante clase de polarización incluida en el currículum político que se enseña desde la tribuna presidencial y trasciende a las redes sociales.

No nos equivoquemos. No es mediante más materias o contenidos que lograremos modelar nuevas generaciones que desarrollen armónicamente sus facultades y a la vez el amor a la Patria, el respeto a los derechos, las libertades, la cultura de paz y ese largo etcétera contenido en nuestro artículo 3º constitucional, cuyo cumplimiento hay que decirlo, tampoco depende de lo que se le modifiquen, incluyan o deroguen las legislaturas en turno.

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