INNtenseando: UBER SCHOOL

Por: Sergio Dávila Espinosa

Si yo le preguntara amable lector cuál de estas dos opciones prefiere: salir de su casa para comer en un restaurante o pedir comida a domicilio por medio de Uber Eats. ¿Qué me contestaría?

Es muy probable que se incline por la primera opción. Salir a un restaurante es una experiencia festiva en la que se puede dar gusto a todos los sentidos. Y si además se comparte con personas que uno quiere, es una oportunidad ideal para convivir y celebrar alguna fecha especial, la amistad o el amor.

Pero hay veces en que las familias por el cansancio que produce el tremendo cotidiano, prefieren quedarse relajadamente en casa, o viven una situación especial que les impide salir, y para ellos se creó el servicio a domicilio. Entonces, uno no espera que la comida se presente en mesas arregladas, con vajillas de buen gusto, acompañada de coctelería de autor, carrito de postres y fondo de música viva. Los estándares cambian cuando se hace un pedido a domicilio. Uno sólo desea que la comida llegue pronto con una temperatura adecuada, sin batirse y que corresponda al pedido solicitado. Este servicio por cierto tiene décadas que fue implementado por algunas pizzerías, pero últimamente se ha diversificado a partir de la incursión de tecnologías como Uber Eats y otras similares.

Pensemos por ejemplo en el caso de que uno de los integrantes de una familia está enfermo y no puede salir de casa. El resto de la familia podría salir a un restaurante, pero probablemente preferirá comer algo en casa para acompañarlo solicitándolo por medio de la citada aplicación. Entonces mi pregunta inicial ya empieza a tener aristas que impiden generalizar sus resultados si no se consideran las situaciones específicas del contexto.

¿Y por qué le hago esta pregunta? Es que recientemente he visto en redes sociales que los medios de comunicación han publicado titulares como éstos: “Desagrada a niños clases a distancia” (Reforma, 8/11/20), “Uno de cada cuatro escolares dice que no ha aprendido nada durante la pandemia” (Said, 10/11/20) o “Los ‘nativos digitales’ son los primeros niños con un coeficiente intelectual más bajo que sus padres” (BBC, 28/10/20). Estos titulares y otros similares han sido profusamente compartidos en redes sociales, sin contexto, sin análisis y sin propuesta alguna, actuando como golpes a la esperanza que descalifican el intenso trabajo que están haciendo millones de alumnos y maestros alrededor del mundo.

¿Se imagina lo absurdo que resultaría que publicáramos comentarios como “Desagrada a las familias que la comida a domicilio llegue fría” o “Tres de cada cuatro niños extraña el área de juegos de Mc Donalds”?

Y es que la disyuntiva es tramposa. Por supuesto que los alumnos, docentes y padres de familia, preferimos trabajar de manera presencial que hacerlo a distancia. La escuela tiene como primera función la de dotar a los niños y jóvenes de un espacio seguro que les permita la interacción social, y como segunda, colaborar con los padres de familia y sociedad en general a la educación de las nuevas generaciones. El interminable período de aislamiento provocado por la epidemia de COVID-19 nos ha puesto en serias dificultades para lograr ambos objetivos, especialmente el primero. Pero no lo elegimos por gusto.

La educación a distancia es lo que hay. No podemos modificar esa realidad. Al menos no por ahora, al menos no como antes. Entonces la pregunta no debería ser si preferimos trabajar presencialmente o a distancia, sino cómo estamos trabajando a distancia y qué estamos logrando. La educación a distancia ya existía hace décadas, pero no todos la elegían por no adecuarse a sus gustos o necesidades. La educación a distancia es el Uber School que nos permite trabajar en condiciones de aislamiento y que no lo dudemos, cuando todo esto termine, seguirá entre nosotros para combinar o complementar la experiencia educativa.

Es cierto que algunos maestros por mala actitud, limitaciones pedagógicas, de competencia tecnológica o de acceso a dispositivos o internet, han logrado traspasar la distancia con un halo de terror, indiferencia, tedio o abandono. Algunos ejemplos de ello inundan las redes sociales. Al parecer tenemos una tendencia para encontrar y reproducir lo malo, como si nos alegraran estos hallazgos.

Pero también es cierto y justo reconocer que miles de profesores en el mundo se han actualizado de manera emergente, no sólo en el uso de herramientas tecnológicas como Zoom o similares, sino también en metodologías educativas como el Aula Invertida, la Gamificación o la aplicación de Neurociencias para diseñar clases no sólo fructíferas sino agradables y divertidas.

Es una gran falacia afirmar que los alumnos no han aprendido nada. Hemos pasado décadas afirmando que el aprendizaje significativo es el que trasciende del aula a la vida de nuestros estudiantes, y ahora parece que sólo valoramos aquel conocimiento que se quedó encerrado en el aula. Nuestros alumnos han aprendido a trabajar a distancia, a organizar su tiempo, autorregulación en el manejo de dispositivos, competencias digitales y muchos de los contenidos esenciales de los programas de estudio. Valorar el trabajo de los maestros y alumnos durante esta etapa requiere, como refiere Marcela Momberg, un cambio cultural que nos llevará tiempo y aprendizaje social.   

Habrá tiempo de regresar a comer en familia, de disfrutar un aperitivo, una buena charla, un vino recomendado por el somelier y un postre preparado en la mesa. Por ahora, es tiempo de comida a domicilio. Y esto, no necesariamente es malo ni tiene que ser una experiencia que no se pueda disfrutar.

2 comentarios

  1. Muy cierto, no estoy de acuerdo con que se diga que “no se está aprendiendo”. Creo que con voluntad y trabajo se pueden lograr las cosas. Soy docente, tengo muchas limitantes pedagógicas, pero estoy dispuesta a seguir aprendiendo para poder trabajar mejor con mis alumnos durante esta situación

    Muy interesante artículo Matro. Sergio!

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  2. Me pareció muy interesante el articulo y la comparación que hace con la comida y la educación a distancia que se viene llevando acabo en estos tiempos.y con el cambio de cultura esperemos que nos ayuden un poco o mucho los gobiernos.

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