Carta del Secretario General de la ONU a los líderes del G20

Un virus microscópico ha puesto al mundo de rodillas.

La pandemia de enfermedad por coronavirus (COVID-19) ha revelado las vulnerabilidades de nuestras sociedades, nuestro sistema económico global y los marcos que rigen el sistema internacional.  Las consecuencias son claras: las desigualdades son cada vez mayores; las cargas de las deudas están por las nubes; y un número cada vez mayor de familias, comunidades y economías requieren un apoyo esencial y, en su momento de mayor necesidad, esperan una respuesta de los líderes mundiales.

La pronta reacción del Grupo de los 20 (G20) fue crucial para mitigar las consecuencias sociales y económicas iniciales de la pandemia.  La Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda fue una señal contundente y oportuna de solidaridad con los países más vulnerables, y su ampliación fue acogida con beneplácito por todos.  La adopción de un marco común para los tratamientos de la deuda más allá de la Iniciativa también indica el reconocimiento por el G20 de que será necesario un mayor alivio de la deuda.  El G20 debe ahora aumentar su ambición y adoptar medidas más audaces para que los países en desarrollo puedan hacer frente a la crisis con eficacia y evitar que la recesión mundial se convierta en una depresión mundial.

Las Naciones Unidas han aplicado una estrategia de tres pilares para salvar vidas, proteger a las sociedades y recuperarse mejor.  Hemos redistribuido 2.900 millones de dólares de los Estados Unidos para atender las necesidades relacionadas con la COVID-19 y estamos dando prioridad a la prestación de apoyo socioeconómico a los países en desarrollo.  Pero las Naciones Unidas necesitan el pleno apoyo de sus Estados Miembros, en particular del G20.

Ante esta pandemia sin precedentes, el mundo necesita un liderazgo sin precedentes que se muestre unido para responder a la crisis y recuperarse para mejorar.  La pandemia debe ser una llamada de advertencia a todos los líderes de que la división es un peligro para todos, y que la prevención ahorra dinero y vidas.

Tendremos éxito si cooperamos y logramos lo acordado en cada una de las siguientes esferas:

Afrontar la emergencia actual

Los resultados positivos iniciales obtenidos recientemente en los ensayos de la vacuna contra la COVID-19 han añadido un nuevo sentido de urgencia a la necesidad de un acceso equitativo a las vacunas, los diagnósticos y las terapias.  También es fundamental invertir en sistemas de salud accesibles a todos, incluso mediante la cobertura sanitaria universal.

Exhorto al G20 a cubrir el déficit de financiación de 28.000 millones de dólares necesarios para financiar el Acelerador del Acceso a las Herramientas contra la COVID-19 y su mecanismo COVAX, ayudar a proporcionar más productos médicos esenciales y a prestar atención sanitaria básica, sobre todo en los países en desarrollo, donde los sistemas sanitarios y las economías están menos preparados para hacer frente al desafío.  También debemos resistir cualquier forma de nacionalismo respecto de la vacuna.

Otros 115 millones de personas corren el riesgo de caer en la pobreza extrema y el hambre aguda podría casi duplicarse, lo que afectaría a la vida de más de 250 millones de personas.  Las remesas, un salvavidas para muchos, han disminuido en más de un 20 por ciento.  La violencia de género ha aumentado considerablemente, y las mujeres han asumido la mayor parte del trabajo de atención adicional generado por la pandemia.  La educación de los niños y niñas en todo el mundo, especialmente en los países y comunidades más pobres, donde el acceso a la tecnología digital es limitado, se ha visto perturbada.  La pandemia ha profundizado el duro impacto de las crisis humanitarias y los conflictos armados en las poblaciones civiles: en fronteras cerradas, se rechaza a refugiados negándoles su derecho humano fundamental de solicitar asilo.

Exhorto al G20 a que apoye la aplicación de niveles mínimos de protección social para todos, independientemente de la edad, el género, la religión, el origen, la situación migratoria o la orientación sexual, en particular para quienes se encuentran en la economía informal e invisible de los cuidados.  El G20 debería convenir eliminar las restricciones de viaje específicas que impiden respetar los derechos humanos y el derecho de los refugiados.  También exhorto al G20 que adopte medidas inmediatas para que el costo de las remesas se aproxime a cero.  Las economías del G20 también deberían asegurarse de que se aplique una perspectiva de género en el diseño de los paquetes de estímulo fiscal y los programas de asistencia social.

Esta pandemia también ha demostrado cómo la degradación ambiental engendra pandemias.  El G20 debería aumentar las inversiones en la biodiversidad, la acción climática y la restauración de los ecosistemas como base de nuestras sociedades y economías.

Estabilizar las economías, salvaguardar el espacio fiscal y hacer frente 
a los problemas de la deuda

A medida que la crisis se profundiza, la urgencia de mayor acción crece día a día.  Se vislumbra una posible gran crisis de deuda soberana el próximo año.  


En septiembre de 2020, el Primer Ministro del Canadá, el Primer Ministro de Jamaica y yo convocamos a los Jefes y las Jefas de Estado y de Gobierno para estudiar medidas de política urgentes a fin de movilizar a la comunidad internacional en favor de una recuperación sostenible.

En consonancia con el menú de opciones discutido en esa reunión de líderes, exhorto al G20 a tomar varias medidas importantes:

•           Apoyar una nueva emisión de derechos especiales de giro (DEG)    y la reasignación de los DEG no utilizados; 

•           Prorrogar la vigencia de la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda hasta finales de 2021 y ampliar su cobertura para incluir a los países vulnerables de ingresos medios que la necesiten; 

•           Ampliar, para abarcar a los países vulnerables de ingresos medios, la posibilidad de acogerse al marco común para el tratamiento de la deuda, y considerar la posibilidad de conceder un mayor alivio de la deuda, incluidas las cancelaciones de deuda; y 

•           Construir una arquitectura global para aumentar la transparencia y la sostenibilidad de la deuda.

La salvaguardia de los empleos, especialmente para las mujeres y los jóvenes, debe ser un componente básico de toda respuesta socioeconómica.  Aliento a los dirigentes a que aboguen por la protección social universal, encabecen la iniciativa de trabajo 100 por ciento decente de la Organización Internacional del Trabajo, apoyen a los países en desarrollo para que implementen rápidamente un ingreso básico temporal e inviertan en programas de creación de empleo y de readaptación profesional, especialmente para los jóvenes.

Para mantener la liquidez que necesitan los países en desarrollo, reitero también el llamamiento contra la retirada prematura del apoyo fiscal y monetario a las economías.  Es preciso aumentar la asistencia oficial para el desarrollo a fin de satisfacer la acuciante necesidad de todos los países vulnerables, incluidos los pequeños Estados insulares en desarrollo, de contar con financiación anticíclica.  Y es preciso adoptar medidas inmediatas para combatir los flujos financieros ilícitos, entre otras cosas digitalizando las administraciones tributarias, gravando la economía digital y reforzando el intercambio automático de información.

Alinear la recuperación con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París

Esta crisis es una oportunidad para consolidar una recuperación inclusiva   y un futuro sostenible y resiliente.  Exhorto al G20 a que siga aplicando medidas de recuperación ambiciosas alineadas con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático.

Me reconforta el liderazgo demostrado por un número creciente de Estados del G20 que se han unido a la coalición de países que se comprometen a que las emisiones netas a nivel mundial tengan valor cero para 2050.  Confío en que todos los miembros del G20 se comprometan con esta visión y presenten, mucho antes de la vigésimo sexta Conferencia de las Partes, contribuciones determinadas a nivel nacional más ambiciosas y estrategias de neutralidad en carbono que sean coherentes con las trayectorias que limitan el aumento de la temperatura global a 1,5 grados centígrados.  Asimismo, invito a todos los líderes del G20 a que aprovechen la Cumbre sobre la Ambición Climática, que me dispongo a convocar el 12 de diciembre de 2020, conjuntamente con Francia y el Reino Unido y en asociación con Chile e Italia, para anunciar sus planes y políticas destinadas a cumplir los objetivos del Acuerdo de París.  Para alcanzar emisiones netas de valor cero se necesitarán todas las formas de financiación.  La financiación pública, incluido el compromiso de los países desarrollados de aportar y movilizar 100.000 millones de dólares para la acción climática, permitirá apoyar el desarrollo de una infraestructura resiliente y construir una economía de la energía renovable.  Sin embargo, la incorporación de una financiación privada sostenible es esencial para que el mundo tenga acceso a los billones de dólares necesarios para la transición de nuestras economías a una emisión neta cero.

            A tal efecto, los países del G20 deberían:

•           Establecer una dirección clara para la política climática convirtiendo los Compromisos de París en objetivos legislados a nivel nacional.

Esto proporcionará más certeza a las empresas e inversores sobre dónde canalizar sus inversiones y reducirá al mínimo los costos de la transformación de las economías para lograr una emisión neta cero, asegurando una transición más fluida al tiempo que aumentan los empleos y los ingresos.

•           Alinear el gasto público destinado a la recuperación de la COVID con los objetivos climáticos y de desarrollo sostenible. 

Los canjes de deuda pueden utilizarse para transformar la deuda pública en inversiones sostenibles.  Los bonos verdes pueden ayudar a financiar la sostenibilidad ambiental.  Las medidas fiscales deberían contemplar la fijación de precios del carbono y la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles.

•           Incorporar un marco para asegurar que toda decisión financiera tenga en cuenta el cambio climático, en primer lugar y ante todo, exigiendo la presentación de declaraciones financieras relacionadas con el clima.

Además, una prioridad debería ser la creación de normas, estándares y sistemas de certificación para alinear la financiación pública y privada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París.  La Alianza Mundial de Inversionistas para el Desarrollo Sostenible, que he convocado, ha contribuido a allanar el camino para ello con una definición común de la inversión en el desarrollo sostenible.

•           Utilizar los bancos de desarrollo multilaterales, regionales y nacionales para apalancar y reducir el riesgo de las inversiones en las economías en desarrollo y emergentes, apoyando la movilización de la financiación y la inversión privadas, e insistir en que esas instituciones alineen su financiación y sus operaciones con los objetivos de París. 

Espero con interés la colaboración del G20 para promover una transformación completa de todo el sistema financiero en apoyo del desarrollo sostenible.

•           Asegurar la solidaridad mundial y la cooperación multilateral como centro de nuestras acciones.

El mundo se enfrenta al mayor reto y la crisis más grave desde la Segunda Guerra Mundial.  Ningún país puede actuar por su cuenta ni recuperarse por sí solo; estamos juntos en esto.  La única manera de superar esta crisis y construir un futuro más inclusivo, resiliente y sostenible es a través de la solidaridad mundial y la cooperación internacional.  Es esencial que nos comprometamos con un multilateralismo que sea ambicioso e inclusivo y que anteponga la solidaridad a la acción solitaria.

En este septuagésimo quinto aniversario de las Naciones Unidas, tenemos una inmensa responsabilidad colectiva respecto de las generaciones futuras.  Insto a la Cumbre de Líderes del G20 a que escuche el pedido de los miembros de las Naciones Unidas en general, adopte medidas ambiciosas y amplias prestando especial atención a los países y las personas más vulnerables y refuerce nuestras capacidades para prevenir futuras crisis.

Aprovecho esta oportunidad para reiterar a Vuestra Excelencia/Su Majestad/Su Alteza el testimonio de mi consideración más distinguida.

                                                                            António Guterres

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