INNtenseando: LA SEP Y EL QUINTO PARTIDO

Sergio Dávila Espinosa

El pasado miércoles el presidente Andrés Manuel López Obrador decidió nombrar al actual secretario de educación pública, Esteban Moctezuma Barragán como nuevo embajador de México ante EE.UU. Aunque aún están pendientes sendas autorizaciones del gobierno de aquel país y el senado mexicano, con esta decisión muestra la prioridad que concede a la relación con nuestro poderoso vecino y socio comercial, sobre todo ante el nuevo escenario que representa la llegada del demócrata Joe Biden a la presidencia de aquel país.

No cuestionaré los méritos del secretario saliente para ocupar esa responsabilidad, porque no los conozco. Pero el mensaje es claro: Para nuestro presidente es más importante la embajada estadounidense que la educación nacional. No puede explicarse de otra manera, por más maromas que seguramente se exhibirán en los próximos días. Sin embargo, esto no es nuevo, es justo reconocer que la educación nacional, a pesar de los discursos, ha estado relegada como prioridad en todos los sexenios, lo cual queda evidenciado en la cantidad de inquilinos que ha tenido la oficina de los sucesores de Vasconcelos. Desde su creación en 1921, por la SEP han pasado 41 secretarios en 20 administraciones federales. El promedio de permanencia de un secretario de educación en nuestro país es de 2.4 años. En sólo cuatro administraciones en la casi centenaria historia de la SEP, su titular permaneció incólume todo el sexenio. El último de ellos fue Reyes Tamez durante la administración de Vicente Fox. En contraste, en los sexenios de Pascual Rubio y Carlos Salinas de Gortari, tuvimos en cada una cuatro secretarios desfilando por la puerta giratoria de dicho despacho.  

¿Y por qué es relevante analizar la duración de los secretarios de educación en su cargo? Recordemos por un momento lo que sucede en el futbol con la selección nacional. Los datos son muy semejantes. Desde 1923 a la fecha hemos tenido 45 directores técnicos o entrenadores, lo que refleja una duración promedio de 2.2 años en el cargo. Es un empleo, digámoslo así, de alto riesgo. Un día la gente te aplaude, y al siguiente pueden pedir tu cabeza, dependiendo de los resultados del equipo. Y cada vez que nos sometemos al ciclo de ilusión-decepción-enojo al que nos enfrentan los mundiales de fútbol, se habla de que no es posible tener buenos resultados sin un plan a largo plazo, lo que implica como premisa mínima, la continuidad del estratega al menos por un período mundialista. Y claro, siempre surge la comparación con tal o cual país que tiene el mismo entrenador desde hace dos o tres mundiales con mejores resultados.

La educación no genera el mismo nivel de interés en la ciudadanía. Los resultados de cada evaluación internacional nos siguen dejando sin pasar de la primera ronda, por decirlo en términos futbolísticos. Claro que aquí nunca existe la pasión o presión social para despedir al entrenador cuando nos va mal. Las excusas sobran. Que si nos enfrentamos con los países ricos, que si los exámenes no están contextualizados, que si la OCDE es una agencia neoliberal perniciosa que quiere apoderarse de la educación mundial para privatizarla. Los cambios del estratega de la educación nacional nunca obedecen a los resultados, sino siempre a otros factores: los políticos. Como piezas de ajedrez pasan de una secretaría a otra, mostrando sus superpoderes para liderar cualquier tema nacional. ¿Imaginan que de pronto nos anunciaran que el “Tata” Martino a partir de enero dirigirá a la selección olímpica de clavados o que la nueva entrenadora del Tri será Paola Longoria?

Como los cambios de entrenadores del Tri, el nuevo secretario o secretaria llegará en un momento de urgencia que le impedirá diagnosticar y planear con el tiempo y seriedad que el caso lo amerita, la continuidad o ajuste de los programas. Entre sus prioridades, afrontará la continuación del reto más importante que ha enfrentado la SEP en el siglo XXI: atender la obligación del estado para llevar educación a todos los niños y jóvenes del país superando las limitaciones impuestas por la pandemia. Inevitablemente tendrá que dar continuidad a los planes del regreso ordenado, seguro y prudente de los escolares a clases.

Estaremos pendientes del nombramiento que nos dijeron se anunciará pronto. Nos volverán a entusiasmar con las credenciales de preparación, o de honestidad y lealtad ciega; del ungido ocupante temporal de República de Argentina #28, quien nos prometerá con plena seguridad, que esta vez sí llegaremos al anhelado quinto partido. Sin embargo, la experiencia nos muestra que no hay razones para el optimismo.

P.D. Como regalo navideño para mis lectores, esta columna descansará las próximas dos semanas. Tiempo no merecido, pero sí indispensable para hacer un alto y evaluar los proyectos de este año y planear los del próximo. Les agradezco mucho su preferencia y les deseo salud, armonía y felices fiestas.

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