¿¡QUÉ EXPERIENCIAS NOS DEJÓ 2020!?

Por: Armando Sánchez Macías
San Luis Potosí, diciembre de 2020.

Ya por terminar este año que ¡de verdad que ha sido diferente! Hemos tenido que aprender, con dureza, a ser flexibles, pacientes, resilientes, moderados, o al menos, lo hemos intentado, seguramente algunos mejor que otros. Entre la sociedad hay quienes han tenido el año más difícil en su trabajo, otros de plano lo perdieron, otros tuvieron pérdidas más lamentables y, con tristeza deben aceptar que un familiar o amigo no estará acompañándole el siguiente año porque perdieron su salud y luego la vida, en la mayoría de los casos de forma repentina, rápida, cruel, sin oportunidad de despedida.

Con el SARS-COV2 llegó también la infodemia, la epidemia de mentiras o medias verdades que por encargo y financiada por algunos intereses particulares se difunde a través de las redes sociales de internet, pero también por los medios tradicionales como algunos periódicos impresos y la televisión abierta (de los que nos toca presenciar sus últimos días). La infodemia, como campaña de desinformación planeada, ha generado incertidumbre, miedo, angustia y con ello, división, resentimiento, ira y odio hacia los que consideramos son responsables de protegernos y no lo han hecho como debieran. En muchos casos, hasta convenciendo a la sociedad de que la obligación de cuidarse y cuidar a los otros no es responsabilidad propia y que es necesario buscar -y encontrar- culpables. Uno de sus objetivos claramente es la de dividir y romper el sentimiento de comunidad, aquella que colabora y coopera por el bien común y en cambio, llevarnos hacia el ¡sálvese quien pueda! Decía el nada célebre pero muy influyente personaje social y político que puso de cabeza al mundo en la primera mitad del siglo XX, Adolf Hitler, “[…] las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña”. Hoy estamos invadidos de medias verdades, afirmaciones tendenciosas, intereses oscuros; la situación nos demanda pensamiento crítico, para lo cual es indispensable el ejercicio de nuestro derecho a dudar, a cuestionar, a revisar quién lo dice y preguntarnos el por qué. Soy un convencido de que toda afirmación está sujeta a revisión y su validez tiene carácter tentativo, por lo tanto, investigar, y sacar las propias conclusiones es indispensable para nuestra salud mental y nuestra capacidad de relacionarnos positivamente con los demás. Así mismo, para poder ser útil a la sociedad, con una actitud proactiva y propositiva.

Se dice que de las experiencias se aprende, pues bien, los problemas y dificultades nos obligan a reflexionar y pensar en formas distintas, a ser analíticos para luego tratar de entender las situaciones a las que nos enfrentamos. Identificar su origen, sus causas, sus partes y su evolución a través del tiempo. Desde el punto de vista científico, los fenómenos sociales están incluidos dentro del concepto denominado complejidad, que no es otra cosa más que reconocer que dichas situaciones incluyen una infinidad de variables, las cuales -como su nombre lo indica- están modificándose permanentemente, interactuando, relacionándose con otras y muchas veces ni siquiera somos capaces de identificarlas, mucho menos de medirlas. Le aseguro, distinguida lectora y lector que nuestros problemas son complejos, por lo cual, no tienen soluciones sencillas, se requiere conocimiento, inteligencia, innovación, recursos y buenas intenciones y acciones para resolverlos. Si le dicen lo contrario le quieren engañar, no habíamos estado como país en una situación tan compleja como la de ahora, y, sin embargo, como comunidad, y con los ingredientes que le menciono, saldremos adelante.

Creo yo, que bien nos vendría hacer un ejercicio para pensar y evaluar cómo ha sido nuestra experiencia personal ¿qué ha sido realmente útil y necesario este año? ¿qué cosas son realmente valiosas? Seguramente se dará cuenta que hay actividades o cosas que creíamos indispensables y que, -a fuerza de no poder realizarlas- hemos caído en cuenta que nos habíamos convencido de que lo eran, pero que, realmente esas creencias ya no se sostienen. Prepárese para que la llamada nueva normalidad se mantenga, no estamos ante un cambio de hacer y entender las cosas, estamos ante una transformación, las cosas no volverán a ser lo que eran, ni a entenderse como antes. Estos acuerdos generales de ser, hacer y estar, denominados paradigmas por Thomas Kuhn, tienen la característica de permanecer cierta cantidad de tiempo y luego reorganizarse, en palabras de Kuhn estas situaciones se denominan revoluciones científicas. Tome en consideración que no es esta vez el pensamiento del hombre el que está generando el cambio, es el contexto el que se modificó, esto dará lugar a que vivamos una época muy interesante, diferente, retadora y sí claro, con incertidumbre, lo cual, dígame si no, nos causa estrés, angustia y ansiedad. Nos iremos acostumbrando a vivir con menos certezas y más dispuestos a la adaptación. No se preocupe, estamos evolutivamente preparados para ello.

Y ¿después de este año? ¿nos hemos hecho conscientes de la importancia del sentido de comunidad? Me refiero a que el bienestar propio se alcanza cuando se logra el bienestar de los demás. En palabras del escritor romano Apuleyo: “uno a uno, todos somos mortales. Juntos, somos eternos”, la trascendencia de una persona solo es posible a través de los demás, al fin y al cabo, hasta las personas que persiguen toda su vida el ser reconocidas, necesitan de los otros para que los reconozcan. El sentido de comunidad es inherente al ser humano, somos, por diseño, seres que requieren de los demás para su supervivencia. ¿No le parece que es este un momento en el que se hace muy evidente esta condición humana? Aunque la tecnología nos invita a olvidarnos un poco de nuestra naturaleza y nos trata de sumergir en mundos alternativos y distintos a esta realidad, le recomiendo, ahora más que nunca, aferrarse a la realidad, mientras más, mejor. Cuide la comunicación, pero hágala de manera humana, afectiva y con empatía, así como necesitamos sentirnos comprendidos, lo requieren los demás. El círculo virtuoso comienza por dar y poner de su parte.

No ha habido un momento en nuestra historia en que sea tan importante estar despiertos y conscientes. No quiero decir que deje de tener sueños y aspiraciones, sin embargo, saber en donde está parada o parado, con qué condiciones cuenta y qué propósito tendrán nuestras acciones será decisivo, para nuestro bienestar y el de los que nos rodean. Asegure lo que sea posible, arriesgue con moderación y, si le es posible, no se complique la vida con situaciones que pueda hacer de lado.

Finalmente, creo que un aprendizaje que debemos rescatar de 2020, no solo de entender, sino de practicar, es pasar del sentido de colaboración -el cual implica trabajar de la mano con los demás para alcanzar los propósitos y objetivos comunes- hacia el de cooperación, que nos obliga a mayor compromiso. En la colaboración cada uno debe hacer el trabajo que le corresponde, la cooperación implica además hacernos responsables de que los demás conozcan, entiendan y tengan las habilidades para poder hacer su parte; implica acompañar y apoyar a los otros para que todos tengamos las condiciones adecuadas para mejorar como personas y con ello mejorar a los demás. Considero que vivimos en un gran país, con muchas cosas buenas y algunas no tanto, sin embargo, el país lo hacemos las personas, Usted, los demás y yo. Lo que ha sido y lo que es México, es el resultado de lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer. Lo que puede ser, depende de nuestras actitudes, comportamientos y acciones.

Empecemos por nosotros, porque, así como una lámpara alumbra para sí misma, irremediablemente también alumbra para los demás, si mejoramos como personas, es inevitable que nuestras acciones tengan un efecto positivo hacia la comunidad. ¡Bienvenido 2021! como vengas, como seas, es el mejor año que tenemos por vivir. Que haya salud, fe en la nobleza y grandeza del ser humano y esperanza en que vendrán mejores tiempos, para todos.

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