INNtenseando: MI PODER ES LA EDUCACIÓN

Sergio Dávila Espinosa

Con este lema, la UNESCO propuso celebrar este pasado domingo 24 de enero el día internacional de la educación. Una oportunidad para recordarnos a todos que una educación de calidad es necesaria para la viabilidad de nuestro presente y la posibilidad de un futuro para los niños y jóvenes.

El tema de este año es: “Recuperar y revitalizar la educación para la generación COVID-19”. Y pretende motivar a la sociedad en general y a los gobiernos para reforzar la educación y darle su lugar en el centro de la recuperación de las afectaciones prexistentes y enfatizadas durante la pandemia. Es cierto que se cerraron escuelas en casi todo el mundo y que 1,600 millones de estudiantes se quedaron sin clases presenciales, en varios países como el nuestro, aún permanecen así. Es cierto también que aproximadamente la tercera parte de éstos, por diversas causas, no han podido tener acceso a la continuidad de sus estudios en las diversas alternativas y modalidades a distancia que se implementaron con mayor o menor éxito.

Pero no idealicemos el pasado. Antes de la pandemia ni nuestro mundo era un paraíso, ni la educación era valorada con seriedad por la comunidad internacional, ni por los gobiernos, ni por la totalidad los docentes, madres, padres y alumnos que hoy dicen extrañarla. Hoy deseamos regresar a las aulas, pero olvidamos que antes de la pandemia 262 millones de niños y jóvenes en el mundo no asistían a ellas. Hoy deseamos regresar a las clases presenciales aduciendo que la tecnología no nos permite enseñar ni aprender igual, pero olvidamos que 617 millones de jóvenes que terminaron su educación obligatoria antes de la pandemia, son incapaces de comprender un texto o de realizar operaciones matemáticas básicas para la vida actual.

Nuestra educación, está diseñada como si nuestros estudiantes fueran a egresar en las condiciones de la década de los ochenta, ignorando que el mundo tecnológico amenaza con desaparecer trabajos que considerábamos perdurarían por siempre. Que lo digan si no, los vendedores de seguros, empleados bancarios, analistas financieros, agentes de viajes, o taxistas, que están siendo reemplazados no por computadoras o robots, pero sí por gente que es capaz de interactuar eficientemente con la tecnología.

Claro que es tiempo de pensar en reabrir las escuelas, y en esta discusión considerar la forma de hacerlo de manera segura, pero también discutamos sobre su efectividad. ¿De qué sirve que se priorice a los docentes para recibir la anhelada vacuna, si se les niegan apoyos económicos para acceder a dispositivos tecnológicos propios y actualizados?, ¿De qué sirve que regresemos a las aulas si los gobiernos no invierten de manera decidida en disminuir las brechas tecnológicas y de acceso a la conectividad?

Debemos repensar que la educación presencial ya no puede estar centrada en la clase expositiva y la asignación de numerosas tareas poco significativas para los estudiantes. No debía haber sido antes de la pandemia, cuantimenos ahora que hemos revalorado la importancia del cuidado de la salud, la investigación y la prosumición de contenidos. Debemos repensar que el uso de tecnología ya no puede ser opcional y estar supeditado a la voluntad o capacidad tecnológica del docente. No debía haber sucedido así antes de la pandemia, cuantimenos ahora que hemos descubierto, aunque sólo sea incipientemente, sus alcances y beneficios. Debemos repensar el modelo de ser humano que queremos formar, y valorar más la inclusión, flexibilidad, sensibilidad e igualdad de género, independientemente de la materia que impartamos. Lo debimos hacer antes, es irrenunciable hacerlo ahora que la pandemia nos ha enseñado, a veces dolorosamente, una nueva jerarquización de prioridades.

Y debemos enseñar no para el mundo que fue, ni para el que es ahora, sino para el que será en un futuro ya muy próximo que se advierte hiperconectado, tecnologizado, competitivo y en continuo cambio. ¿Qué conocimientos serán importantes para un mundo así? Según el Foro Económico Mundial, el 65% de las profesiones que demandará el futuro próximo no existen actualmente. Serán profesiones centradas en el manejo científico de grandes datos (big data), la seguridad informática, el manejo de redes sociales, control de drones, ingeniería de impresión 3D y 4D, robótica, gestión de estrategias para la sostenibilidad, entre otras. Ese mundo no les exigirá recordar de memoria listados de obras literarias y sus autores, o los números atómicos de los elementos de la tabla periódica, o encontrar el valor de x en 50 ejercicios mecanizados. Nuestros alumnos necesitarán aprender, desaprender y volver a aprender continuamente. ¿Quién les enseñará a hacerlo?, ¿Lo haremos nosotros?, La campaña del día internacional de la educación invita a los niños a completar la frase “Mi poder es la educación porque….” Sería muy interesante conocer lo que contestarían nuestros estudiantes.

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