La moral de evaluar en tiempos de covid-19

Por: Felipe de Jesús Beltrán Pérez

¿Qué sacaste? ha sido quizá la pregunta más frecuente de los padres hacia sus hijos en cuanto al tema de la evaluación, pero en tiempos de confinamiento una calificación se torna moralmente controversial, pues qué se está evaluando realmente ¿Aprendizajes? ¿Cuadernillos? ¿La “comunicación sostenida”?

La mamá de Pedro pregunta al docente de grupo —Si mi niño entregó 15 tareas y Perla 9 ¿por qué tienen la misma calificación? —

La maestra María envió un whatsapp a la mamá de Eliseo, solicitándole los productos faltantes para la evaluación del segundo periodo, obteniendo como respuesta —maestra, agradezco sus buenas intenciones, pero Eli se incorpora hasta el siguiente ciclo escolar, tuvimos la pérdida de familiares por covid y además siento que mi hijo no está aprendiendo—

—Maestro ¿si le envío todas las tareas paso?—

Lo anterior son solo algunos de los casos donde el docente recurre a la empatía como elemento primordial de la actualidad educativa, pues lo que hemos vivenciado en materia de salud pública durante ya casi un año en México, ha modificado drásticamente nuestro estilo de vida y es entendido por los actores educativos, tan es así, que se sigue buscando estrategias de impacto educativo a pesar de que el currículo no corresponde ya a la modalidad que se está trabajando, y pese a barreras de aprendizaje diversas en cada contexto.

No todo es desalentador, claro está que también hay población que ha fluido con este sistema a distancia, pero lo cierto es que tanto los uno como los otros tienen que ser evaluados. A pesar de la diversidad social y falta de elementos en algunos, muchos casos, el compromiso es emitir una calificación o bien plasmar un criterio, pero esto no parece tan sencillo cuando la moral, nos hace susceptibles hasta en los casos que desconocemos, además de que la evaluación, sí recoge información para mejorar, pero es también un verdugo, y verlo de esa manera es socialmente natural, pues una escuela con baja calificación carece de prestigio, los maestros han estado a punto de perder el empleo en un examen y los alumnos con frecuencia estudian sólo para obtener un número.

Hoy por hoy, el proceso administrativo de la evaluación tras el virus SARS-CoV2 (COVID1-9), ha sido adecuado, actualizado a la realidad social, reconociendo nuestra secretaría de estado que “la evaluación sin fundamento individual resulta arbitraria y muy probablemente injusta”, entonces habría que evaluar cada caso a modo personal y no en un sentido estandarizado, hay que romper un paradigma no sólo educativo sino social ¿cuál sería entonces el fundamento moral del docente para emitir una calificación aprobatoria o bien reservarla? ¿Corresponde sólo al docente?

La evaluación como la moral, tiene una arista subjetiva, que bien podría favorecer nuestra actualidad social, pues siempre de la mano con la ética lleva hacia la reflexión individualizada, además de que hay en este sentido, un respaldo oficial; por un lado, la evaluación podría esperar, sí, pues se tiene la certeza de alumnos en condiciones precarias, que no tienen acceso a dispositivos electrónicos o no cuentan con apoyo de familiares; por otro, los padres podrían participar de una manera más activa y esto “no es descubrir el hilo negro”, pues ya el acuerdo SEP: 20/12/2020, sugiere como orientación pedagógica la participación de “madres y padres de familia o tutores, quienes, en la medida de sus posibilidades, han asumido un rol muy activo en el proceso educativo de las y los educandos”, incluso esto fue abordado una vez más, ahora durante la 5ª. Sesión del Consejo Técnico Escolar.

“involucrar a todos los integrantes de la comunidad escolar para generar (…) estrategias de aprendizaje y evaluación”, aunque esto demanda un amplio criterio social y la preparación de instrumentos donde se pueda evaluar de manera conjunta, seguro no es esto el mayor desafío de la educación. Si bien de manera natural, había sido el profesor el evaluador de su grupo, hoy el niño tiene como escenario de aprendizaje su propio hogar, lo cual rompe el paradigma tradicional en pro de recoger elementos de valoración, elementos reales donde además de conocimientos académicos se retome la relevancia actitudinal y donde tanto cuidadores como profesores puedan compartir información de relevancia educativa.

Bueno entonces, hoy parece el mejor momento para enterar a padres y madres de familia o tutores, sobre qué exactamente se está evaluando y para qué, generar instrumentos donde cada familia participe en la evaluación formativa de su hijo, con ética de profesor, pero sobre todo, empoderar su moralidad y empatía, sistematizar una evaluación colegiada a partir de las experiencias del educando en su respectivo entorno, pero sobre todo conscientes de que hay niños, niñas, jóvenes y adolescentes que no se han reportado por motivos diversos, que nadie hubiéramos querido atravesar este lamentable episodio social, que cada familia ha vivido de manera distinta.

Debemos permanecer atentos y fomentar la colaboración; en unos meses nuestra empatía educativa incluirá recibir con alegría a alumnos rezagados, y nuestro mayor éxito habrá sido sí el acercamiento con las familias, pero también el que nuestros alumnos incomunicados no hayan abandonado la escuela, para lo cual educadores y sociedad en general debemos estar emocionalmente preparados; la educación nos une y va a regenerarnos como seres más humanos y resilientes.

Exam paper with pen and eraser.

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