INNtenseando: Las niñas y las matemáticas

Por: Sergio Dávila Espinosa

Ya no sorprende a nadie que el calendario esté lleno de conmemoraciones. Algunas clásicas y con carácter histórico como el nacimiento del presidente Juárez que da lugar a un anhelado fin de semana largo. Otras de reivindicación social como el pasado 8M, día de la mujer. Y otras más, que parecen salidas de la chistera de un mago. Es el caso del Pi Day que cada 14 de marzo (03/14) celebra la aproximación decimal del número π (3.14…) que todos aprendimos en la primaria.

Algunos matemáticos y profesores organizan fiestas y reuniones en las que, al tiempo que discuten teoremas o ven películas de culto relacionadas con temas matemáticos, consumen rebanadas de tarta, dada la curiosa y divertida homofonía que se da en inglés entre π y pie. Con el tiempo, y por extensión, se empezó a considerar el 14 de marzo como el Día Internacional de las Matemáticas y es una buena oportunidad para reflexionar acerca de su importancia, avances o difusión.

Y es por ello, que esta semana le quiero ofrecer un par de rebanadas del pay que constituye la enseñanza de las matemáticas en la actualidad. Y es que independientemente de la pandemia, la última evaluación internacional de estudiantes conocida por sus siglas en inglés como PISA, nos muestra que desde 2003 los resultados de los estudiantes en México han sido consistentemente pobres, situando a la mayoría de ellos en un nivel que no se considera suficiente para afrontar los requerimientos del mundo actual.

El espacio de esta columna no es suficiente para explicar el marco de referencia de este proyecto internacional, pero una primera hipótesis puede apuntar a que tradicionalmente la enseñanza de las matemáticas en nuestras escuelas se ha centrado en la resolución de operaciones y no en el desarrollo del pensamiento lógico matemático orientado a procesos cognitivos en los que los estudiantes formulen, apliquen y evalúen soluciones a situaciones problemáticas reales. Así pues, ¿de qué sirve que los alumnos aprendan a multiplicar números de tres cifras con decimales, si son incapaces de calcular el monto de una propina, del IVA o del descuento ofrecido en una tienda? Es decir, estamos enseñando matemáticas sin desarrollar el pensamiento lógico-matemático.

Pero el proyecto PISA no sólo ofrece rankings que no nos favorecen y, por tanto, algunos prefieren no mirar, y otros más quisieran evitar. También es una valiosa fuente de datos para realizar investigación educativa. Por ejemplo, los resultados internacionales a lo largo del tiempo confirman una tendencia interesante respecto al género de los estudiantes:

  • Las niñas superan a los niños en los resultados de comprensión lectora.
  • Los niños tienen resultados semejantes a las niñas en competencia científica.
  • Los niños superan a las niñas en los resultados de matemáticas.

¿Qué explica la consistencia en los resultados de una evaluación que cumple con los más altos estándares estadísticos en su elaboración y aplicación? ¿Debemos concluir entonces que las matemáticas son cosa de chicos?

Las neurociencias nos dan la primera aproximación a una respuesta negativa. El estudio del cerebro humano ha permitido conocer que las habilidades numéricas (numeracy) se desarrollan desde muy temprana edad de la misma forma que el lenguaje. Se requiere una adecuada estimulación y los cuidados básicos de descanso, ejercitación y nutrición para ello. Con esto se refuta la creencia tan socorrida por las familias que trata a la competencia matemática como si fuera un gen presente o ausente en el mapa genómico del individuo: “este niño salió buenísimo para las matemáticas”, “yo no nací para calcular”.

Los neurocientíficos también han estudiado las diferencias entre los cerebros masculino y femenino, y por supuesto que han encontrado varias. Sin embargo, en cuanto a las áreas cerebrales relacionadas con las habilidades numéricas, no parecen existir diferencias significativas entre hombres y mujeres.

¿Entonces qué explica las diferencias reportadas por el proyecto PISA?, ¿Por qué si los cerebros de niños y niñas son similares, después de aproximadamente doce años de educación escolar los varones las superan en resultados?, ¿Por qué menos niñas aspiran a carreras que implican el manejo de ciencias STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas)?

Si la respuesta no la encontramos en la biología, entonces puede estar en la forma como se desarrollan las matemáticas en las escuelas. Y es aquí donde al parecer, por mucho tiempo, y tal vez de manera inconsciente, los profesores de matemáticas hemos sido víctimas y victimarios en la reproducción de un micromachismo. Investigaciones sociales realizadas en Chile han demostrado que, aunque los contenidos sean los mismos, los profesores hacen más preguntas complejas y dan más retroalimentación a los hombres que a las mujeres con quienes siempre son más condescendientes. Repítase esto cada clase, cada semana y cada curso escolar durante doce años. ¿Aún nos asombran los resultados? Es importante subrayar que estas conductas fueron observadas por igual en maestros y maestras.

En este mes en el que se reflexiona sobre las inequidades de género, más allá de la política, más allá de las marchas y protestas, nos encontramos que, si bien la educación debería ser la principal aliada para el equilibrio, no necesariamente es así.

Investigaciones realizadas por la UNAM han mostrado como durante la pandemia, se han acentuado estas inequidades culturales que permanecen tan presentes como invisibles para la mayoría. A las dificultades de conexión, disponibilidad de dispositivos y desarrollo de capacidades de autogestión para el aprendizaje, para muchas niñas se añaden las tareas del hogar y cuidado de los hermanos pequeños.

¿Cómo rescatar entonces a las niñas de esta perversa desigualdad? Numerosas niñas han demostrado que cuando han estado en contextos desafiantes, desarrollan sus capacidades matemáticas igual o mejor que los hombres. Basta como botón de muestra una mirada a los resultados de la olimpiada mexicana de matemáticas, donde los primeros lugares son repartidos sin sesgo entre niñas y niños. Lo cual se logra con un trabajo constante de desafío y confianza en ellas como el que ha desarrollado por varios años la Mtra. Isabel Martínez con su club sabatino de matemáticas en el altiplano potosino.

La condescendencia no ayuda a crecer a nuestras alumnas. No se trata de ponerles a las niñas más dificultades de las que de por sí ya experimentan, sino de desafiar su inteligencia de la misma forma que lo hacemos con los varones.

Se le preguntó a la Dra. Marta Macho, destacada matemática española creadora del blog Mujeres con Ciencia qué diría a una niña para convencerla de que las matemáticas son “fáciles”, a lo que respondió:

“No creo que lo sean. Lo que le diría es que son bellas, emocionantes, fascinantes. Le diría que el placer del descubrimiento es sublime”.

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