A propósito del 8 de marzo…  DIA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES

Mtra. Nereida Cervantes Facundo

El pasado 8 de marzo conmemoramos el día internacional de la mujer y una vez más, los diversos movimientos feministas, expresamos de diversas maneras nuestro repudio a la violencia en contra de las mujeres y exigiendo castigo ante la enorme impunidad ante los delitos de género, como el feminicidio.

Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos todavía es un gran reto pensar abatir la violencia contra las mujeres en una sociedad en la que la violencia es estructural a las relaciones sociales, económicas y políticas.

En realidad, el acceso de las mujeres al goce de sus derechos está determinado no sólo por el género, sino por la clase, la etnia y otras condiciones sociales.

En ese sentido y a propósito de la reciente publicación de Charles M. Blow, columnista del diario The New York Times, al señalar que existen dibujos animados nocivos para las niñas y niños, como por ejemplo, la de un famoso zorrillo creado por Looney Tunes, llamado Pepe Le Pew, y asegurar que dicho personaje normaliza la cultura de la violación al acosar a la gatita ‘Penélope, y fue motivo para retirarlo de la proyección televisiva, así como de amplias manifestaciones, por diversos sectores sociales, incluso de mujeres; es interesante apreciar, como la cultura dominante es sexista y el sexismo es violento.

En él se promueven, legitiman, enseñan y crean dimensiones, valores, lenguajes, representaciones,  creencias, imágenes e interpretaciones de contenido machista y misógino.

La violencia es contenido definitorio de la condición masculina supremacista de manera velada o visible, es constitutiva de diversas corrientes y manifestaciones culturales desde las hegemónicas hasta corrientes tangenciales y emergentes y, desde luego, permea las culturas populares. (Lagarde, 2006)

Todas ellas exaltan la violencia de género y son base de otras formas de exacerbación supremacista como el clasismo, el racismo y cualquier otro sectarismo.

Hacer frente a las causas y manifestaciones de la subordinación requiere identificar y actuar sobre los muy diversos mecanismos por los que la sociedad jerarquiza la diferencia sexual y afianza una asimetría que se traduce en relaciones de poder muy precisas.

Así, la lucha por reformas y mejoras concretas deben ser desde una transformación más radical, lleva a transitar por la familia, la escuela, las leyes, el modelo sexual, las prácticas sociales, las relaciones personales, la subjetividad, la economía, las instituciones representativas, y un largo etcétera. (Montero 2006)

La violencia no puede ser desterrada si se enfrenta de manera aislada y parcial. Requiere la integralidad de las acciones directas y, al mismo tiempo, de la vigencia de una política de gobierno de cara a las mujeres, el impulso de sus derechos humanos y el cambio a nivel personal a fin de lograr cambios contundentes que se vean reflejados a mediano plazo…por mientras seguiremos caminando, hasta dejar de cantar un día…”sin miedo” y sí nos crecieron las alas.

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