INNtenseando: Camino, puente y muralla

Sergio Dávila Espinosa

A nadie es necesario convencer sobre la importancia de la educación básica y media superior, no sólo para desarrollar las competencias y facultades que permiten a los hoy estudiantes afrontar los desafíos que supone su inclusión en el mundo moderno, cada vez más acelerado, caótico e imprevisible; sino también para contar con mejores perspectivas laborales, de emprendimiento o de ingreso a escuelas de estudios superiores.

Investigaciones realizadas a partir de los resultados del programa internacional PISA, además de otras elaboradas por investigadores en diversos países, incluyendo México, como la que realizó Alicia Chaparro en 2016, permiten describir que existen diversos factores que inciden sobre el rendimiento académico o éxito escolar de los niños y jóvenes. Y no me refiero aquí a los factores académicos que conforman el bagaje cognoscitivo de los niños, tales como conocimientos previos, estrategias de estudio, autoconcepto, autorregulación o desarrollo cognitivo; sino a aquellos de orden social o familiar que inciden de manera positiva o negativa sobre los resultados.

Como factores de riesgo, los estudios han incluido:

  • La Pobreza que incide sobre la nutrición, salud, recreación y apoyos para el estudio. Todos hemos escuchado el problema que ha representado para muchas familias la imposibilidad de contar al menos con un teléfono celular y pagar un paquete de datos para estar al tanto de las tareas escolares durante la pandemia.

  • La Salud Mental de los Padres que incide sobre el ambiente del hogar. Si el padre o la madre sufren de depresión, estrés crónico, alcoholismo o sociopatías, por citar sólo algunos casos, el ambiente en casa puede ser infernal expulsando a los niños a buscar en la calle el cariño y soporte que requieren para su sano desarrollo. También esta pandemia nos ha dado numerosos ejemplos de cómo los alumnos tienen que sortear sus tareas escolares sin contar con el refugio, al menos temporal, que significaba la escuela.

  • La Privación Cultural del entorno familiar. Casas donde la pantalla de televisión es más grande que el librero, donde los niños ven a sus papás mirar el futbol o las series, pero nunca tomar un libro. Donde no se compran libros porque están caros, aunque un libro promedio cueste menos que un six de cerveza. Los niños quieren a sus papás y aprenden a imitarlos por observación. La oferta de entretenimiento es cada vez más insulsa y frívola. Muchos niños sólo han visitado museos, galerías o salas de conciertos porque han asistido como parte de una visita escolar, pero nunca de la mano de sus padres. ¿Cuántas oportunidades de acceso a la cultura habrán tenido los niños y jóvenes durante esta cuareterna?

  • La Negligencia Moral. Casas donde los niños aprenden de sus papás a mentir, a que para triunfar hay que ser astuto antes que íntegro, a resolver de forma violenta los conflictos con los vecinos, la pareja o los hijos. A saltar la fila, a eludir el pago de contribuciones, a insultar o amenazar en lugar de dialogar o argumentar. Nuestros niños y jóvenes han recibido numerosas lecciones de este currículum pandémico que seguramente influirán en su desarrollo moral.

Los estudios también nos alertan en que los efectos de estos factores de riesgo no son deterministas, sobre todo si se presentan de manera aislada, pero si se presentan dos o más de ellos de manera repetida, pueden provocar un desfase en los resultados de rendimiento académico de hasta dos años de escolaridad, independientemente de sus calificaciones escolares oficiales, que todos sabemos son poco confiables y no sirven como indicador ni siquiera de aquello que pretenden medir.

Y aquí es donde la otra cara de la moneda adquiere relevancia: Los hogares donde los niños y jóvenes cuentan con oportunidades, condiciones y un ambiente o capital cultural y social, tienen mejores resultados académicos y se desenvuelven de mejor manera para afrontar los retos del mundo en el que viven. Y no, no nos confundamos, esto no está relacionado sólo con el nivel socioeconómico de las familias, pues como se afirmó anteriormente, éste es sólo uno de los factores que inciden sobre el desempeño.

Algunos estudios además de señalar el papel del entorno familiar sobre la educación escolar se han centrado en el papel específico de la madre y han confirmado lo que el sentido común nos sugiere, aunque siga permaneciendo invisible para muchos. El nivel educativo de la madre es uno de los factores que tiene mayor impacto en el rendimiento de los hijos, que es muy superior a la incidencia que tiene el nivel escolar del padre.

Además, las madres logran con admirable dedicación, blindar a los niños cuando en el entorno familiar se presentan algunos de los factores de riesgo mencionados anteriormente: hacen malabares con los ingresos para que a los niños no les falten uniformes o material escolar; buscan protegerlos de un ambiente hostil intentando mostrarse ante sus hijos siempre de buen humor; apoyan a los niños pequeños en la elaboración de tareas como pintar, contar o identificar letras y formas; refuerzan la lectoescritura escuchando a sus hijos leer sus primeras palabras o leyéndoles un cuento al acostarlos.

Es por ello por lo que hoy que celebramos en México el día de las Madres, y en el que ordinariamente se nos pide a los varones, no ayudar, sino compartir la “carga doméstica” que significan los quehaceres hogareños y que debe ser una responsabilidad compartida; cuantimás es momento de reflexionar también en la “carga educativa” que de manera inconsciente y desequilibrada les conferimos a las madres de familia.

Es muy probable que los horarios laborales de los padres sean impedimento para participar más activamente en la supervisión de la elaboración de tareas, pero de ninguna manera exculpa de revisarlas, de hacerle saber al niño lo que nos ha parecido, de turnarse para asistir a las reuniones escolares, de llevarlo los fines de semana a visitar algún museo, lugar de interés cultural o librería, de que nos acompañe algún viernes de consejo técnico escolar a nuestro trabajo, de educar con el testimonio moral, de modelar el respeto a la diversidad, los derechos humanos y la perspectiva de género.

Y por eso, desde esta columna, el reconocimiento de quien la escribe para las madres que conscientes o no de ello, inciden de manera decisiva y positiva en el desarrollo académico y rendimiento escolar de sus hijos, como la parte más importante de la injusta y desequilibrada carga asociada a la maternidad.

“Tiene la paz de los justos,
inalterable a las penas
que nunca faltan, incluso
cuando son penas ajenas.

Tiene el afán de la abeja
y un corazón de paloma
que, si se asoma una queja,
nadie la ve que se asoma.

Esa mujer,
invicta en toda batalla.

Esa mujer
camino, puente y muralla.”
(Alberto Cortez)

10 de mayo de 2021

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