La educación científica: una mirada desde la pandemia

Por: Ignacio J. Idoyaga 

Doctor por la Universidad de Buenos Aires (UBA)

La pandemia de COVID-19, cuya denominación proviene de los vocablos latinos corona y virus y del término disease (enfermedad en inglés), que irrumpió a fines de 2019 (de ahí el número 19), nos obliga a la reflexión. Nuevos modos de relación se imponen en todo el mundo y la educación no es esquiva al vertiginoso cambio que imponen la enfermedad y los esfuerzos para contenerla.

La educación enfrenta múltiples desafíos en el contexto actual. La imposibilidad de reunirnos exige recurrir a nuevos modos, plataformas y estrategias para que estudiantes y profesores podamos construir conocimientos compartidos. La escuela y toda institución educativa enfrentan tensiones organizativas en tanto buscan garantizar el cumplimiento de su rol social. El predominio de dispositivos escolares presenciales y propios de la modernidad, la escasez de prácticas que incluyan tecnologías y la desigualdad que registran nuestros países en América Latina con respecto al acceso a recursos digitales y al desarrollo de competencias para usarlos, complejizan la tarea de profesores e instituciones frente a la demanda de continuidad de las clases en tiempos de distanciamiento social. En particular, la educación en ciencia y tecnología se ve especialmente interpelada.

Una revisión rápida de la cobertura periodística de la crisis y de la respuesta de la población en redes sociales o en medios tradicionales nos permite evidenciar que ciertos saberes y modos de conocer vinculados a la educación científica no alcanzan al común denominador de la ciudadanía. Incluso, varios comunicadores sociales parecen no poder explicitar cuestiones básicas que deberían haber sido enseñadas y, presumiblemente, aprendidas en la educación obligatoria. Esta situación, que aporta incertidumbre y ansiedad a la ya dolorosa realidad, pone de manifiesto la necesaria e incompleta tarea de educar en ciencias para la ciudadanía. Es decir, en el contexto de crisis sanitaria y cambio permanente, podemos vislumbrar claramente la educación científica no sólo como derecho individual, sino también como estrategia colectiva para enfrentar problemas de corte socio científicos. Las dificultades que detectamos en relación con los discursos circulantes en medios masivos de comunicación y redes sociales son numerosas y diversas .

En primer lugar, son notables las referencias al SARS-CoV-2 (denominación del agente viral vinculado a la enfermedad COVID-19, según el Comité Internacional de Taxonomía de Virus, ICTV por su acrónimo en inglés) como un organismo vivo, desconociendo su carácter de parásito intracelular obligado y, en consecuencia, ocultando la ocurrencia de un ciclo viral de duración determinada. Esto desdibuja la comprensión de los periodos de latencia y dificulta el cumplimiento de recomendaciones sanitarias. También, guarda vínculos con la práctica de la automedicación y la falta de reporte ante síntomas.

En segundo lugar, aparece la confusión entre vacunación, como medida de prevención, y tratamiento específico de la enfermedad. Esto toma un matiz especial en medio de la proliferación de movimientos anti-vacuna registrada en los últimos años. Así, cuestiones como la inmunidad adquirida por la comunidad y la autolimitación de una epidemia están lejos de explicitarse. Estas cuestiones podrían no estar declaradas en la mayoría de los diseños curriculares de la educación obligatoria. Sin embargo, los modos de conocer que estos documentos deberían promover, en caso de contemplar la formación para la ciudadanía, como la obtención empírica de datos y su tratamiento estadístico, facilitarían la comprensión de estas ideas.

En tercer lugar, se encuentran desdibujadas las distinciones entre ciencia, salud y tecnología, intercambiando roles indistintamente entre quienes están abocados a estudiar la estructura molecular del virus, quienes intentan desarrollar una vacuna o testean fármacos y quienes diagnostican y tratan a los pacientes enfermos. Otro aspecto que suma a la confusión es la proliferación de documentos propios de la ciencia de frontera, como resultados preliminares de estudios, de gran valor al interior de la comunidad científica. El tratamiento de estos preprints como si fueran productos definitivos conduce a que, en poco tiempo, la población reciba información cambiante y, a veces, contradictoria. En este contexto, una educación que incluya aspectos de la naturaleza de las disciplinas científicas, del funcionamiento del sistema científico, del quehacer de sus actores y que encare esfuerzos para transparentar las complejas relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad, se vislumbra como de interés público e importancia estratégica.

En cuarto y último lugar, es notoria la proliferación de diferentes maneras de estructurar el discurso propias del circuito comunicativo de las ciencias en los medios y en las comunicaciones oficiales de los dirigentes políticos. Estos usos comunicativos son incorporados con la finalidad de validar las decisiones sanitarias y las medidas de emergencia. Es decir, el híbrido semiótico que sostiene la comunicación en ciencias irrumpe y domina la comunicación social en tiempos de la pandemia. La educación científica para la ciudadanía debería centrase fuertemente en la apropiación no solo de conceptos y procedimientos, sino también, de modos de comunicar e instrumentos retóricos propios de las disciplinas naturales.

Esta breve revisión pretende aportar una mirada a la necesaria reflexión sobre la educación científica que debemos construir. Esto obedece a la necesidad de la ciudadanía de analizar críticamente los discursos de los comunicadores y realizar una validación de los mismos en pos de posicionarse políticamente. En este sentido, la crisis sin precedentes que enfrentamos, momento bisagra en la historia de la humanidad,  catalizará cambios que deben nutrirse de las más varias perspectivas.

Sobre el autor del presente articulo, una breve reseña:

Ignacio J. Idoyaga es Doctor por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Bioquímico egresado de la Facultad de Farmacia y Bioquímica (FFyB) de la UBA. Es profesor adjunto de la Cátedra Física de la FFyB y Prof. Asociado del Departamento de Química de la Universidad Kennedy. Desde 2019 conduce la Cátedra “Idoyaga” de Química del Ciclo Básico Común de la UBA. 

Es director Adjunto del Centro de Investigación y Apoyo a la Educación Científica de la FFyB e investigador y miembro del Comité Académico del Instituto Investigaciones en Educación Superior de la UBA. Realiza sus estudios de postdoctorado con una Beca Interna del CONICET. Sus principales líneas de trabajo, que se inscriben en el área de didáctica de las ciencias naturales, versan sobre la construcción de significados compartidos entre profesores y estudiantes mediada por representaciones visuales y/o en el marco de actividades experimentales.  

Dirige e integra proyectos de investigación y de extensión de la UBA, ANPCyT y del CONICET. Participa en proyectos de investigación en Chile, Uruguay, Ecuador y México. Cuenta con una frondosa producción científica que incluye publicaciones, capítulos de libros y presentaciones.  

Dirige y participa en el dictado de cursos de posgrado en su universidad y en programas de especialización y maestría en el extranjero. Forma recursos humanos ejerciendo como director de tesis de posgrado. 

Cuenta con diversos premios y distinciones y ocupó distintos cargos en sociedades científicas entre los cuales se destaca la presidencia de la Asociación de Profesores de Física de la Argentina, la secretaría ejecutiva del Consorcio de Grupos de Investigación en Educación en Ciencias de Argentina y la presidencia de la Mesa Interamericana de Diálogo por la Educación Científica.  

Es miembro de comités científicos, académicos, organizador de diversas reuniones e integrante de bancos de evaluación, jurados y comités editoriales. Tiene experiencia en gestión universitaria habiendo ocupado cargos de subsecretaría y coordinador y formando parte de comisiones asesores del consejo directivo de su Facultad.  

Desde 2011 conduce Dosis de Radio, un programa de divulgación científica que se emite por FM87,9. Participa asiduamente en medios de comunicación, publica periódicamente en la revista EnFoco.

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