INNtenseando: La docencia pospandemia

Con el alma en una nube
y el cuerpo como un lamento
viene el problema del pueblo
viene el maestro.

El cura cree que es ateo
y el alcalde comunista
y el cabo, jefe de puesto,
piensa que es un anarquista.

Patxi Andión

Por: Sergio Dávila Espinosa

Un año más se cumplió con el ritual. Las redes sociales se saturaron con mensajes de felicitación y gratitud para los docentes a propósito de la conmemoración, el pasado día 15 de mayo en México, del Día de las Maestras y los Maestros. Podría afirmar sin temor a equivocarme, que todos felicitamos al menos a algún maestro y que todos los maestros recibimos al menos un mensaje de aquellos estudiantes que creíamos nos habían olvidado o no guardaban un recuerdo tan grato de su paso por nuestras aulas.

La ocasión es propicia también para preguntarnos qué pasará con esta profesión en el futuro cercano. Cada vez está más cerca la posibilidad de regresar a las aulas de manera presencial, y con ello surge la confusión entre si debemos “regresar” a la escuela de la prepandemia, con sus aciertos y limitaciones, o si la pandemia debe ser un hito que propicie una transformación de la escuela y del rol de quienes nos dedicamos a la enseñanza.

No es la primera vez en la historia, que el rol del docente se ha modificado. Basta hacer una revisión de la historia de la educación para constatarlo. A riesgo de ser demasiado reduccionista en el análisis, por la extensión de esta columna, propongo pensar en tres etapas previas a esta pandemia:

  • El siglo XIX. Aunque ya existían desde luego numerosos libros, éstos no se habían democratizado, es decir, era impensable contar con una biblioteca doméstica, escolar o ni siquiera municipal de manera generalizada. El acceso a los libros era pues, muy limitado, en más de un sentido. Por ello, la enseñanza de los profesores estaba centrada en la transmisión de contenidos, pues prácticamente era la única forma de adquirirlos. Los maestros sabían un poco de todo, y esto era suficiente para hablar de ello en clase. Los alumnos desarrollaban sus habilidades para tomar apuntes, así como para memorizar la información que en algún momento el profesor les pediría repetir en un examen escrito u oral. De aquí surgieron los salones de clases parecidos a pequeños auditorios con asientos o pupitres orientados hacia un pódium y un pizarrón. La formación de los docentes entonces incluía técnicas de impostación de la voz y recomendaciones para el correcto uso del pizarrón que consideraban, no sólo el tamaño y tipo de letra a utilizar, sino también la distribución del contenido y forma correcta para borrarlo.

  • El siglo XX. Los libros de texto paulatinamente llegaron a las comunidades, a las escuelas y hasta a las casas, gracias a proyectos nacionales como el libro de texto gratuito o el esfuerzo de las familias que, empeñadas en apoyar el aprendizaje, compraban a crédito una enciclopedia para que los hijos pudieran consultarla y realizar sus tareas. Extraordinarios pedagogos de esta etapa entendieron que, si los niños y jóvenes ya podían tener en sus manos la información, ésta ya no necesariamente debería seguirse obteniendo de la exposición de un profesor o mediante dictados. Así nacieron las metodologías llamadas activas, y con ellas un cambio de rumbo en el rol de la enseñanza. Ya no se trataba de transmitir, sino de propiciar que el alumno aprendiera. Sí, el famoso y nada novedoso “aprender a aprender” acompañado de estrategias para el estudio que los maestros enseñaban en el aula, desde métodos de nemotecnia, elaboración de resúmenes, cuadros sinópticos, mapas conceptuales o redacción de ensayos. En esta etapa se inició también una ruptura paulatina con los exámenes como medio de evaluación. Ya no se trataba de medir cuánto había memorizado el alumno, sino de constatar aquello que había comprendido.

  • Siglo XXI. La acelerada y omnipresente irrupción de los medios de comunicación e información y en particular del internet, provocaron un nuevo cambio en la educación y por consecuencia, en el rol del docente. La información está ahora a la distancia de un clic y la prioridad tampoco era ya aprender o comprender, sino lo que los alumnos fueran capaces de hacer con sus conocimientos al aplicarlos a un mundo demandante y en constante cambio. Poco a poco se empezó a hablar del desarrollo de competencias genéricas o blandas para el aprendizaje y la vida. La pregunta “¿Y para qué me va a servir esto profe?” dejó de ser un desafío irrespetuoso para volverse el centro de la planeación didáctica. La enseñanza nuevamente giró drásticamente el timón. El trabajo del profesor ahora era dotar a sus estudiantes de capacidades para que éstos lograran resolver situaciones problemáticas, crear nueva información o diseñar productos innovadores. La evaluación de los aprendizajes también cambió paulatinamente de la elaboración de productos académicos como ensayos, trabajos escritos y exposiciones grupales, para centrarse en productos integradores y sus exposiciones.  

Aunque es claro que aún ahora, ya casi arañando el final del primer cuartil del siglo XXI quedan reminiscencias del siglo XIX en los contenidos que continúan en los programas y libros de texto, así como del siglo XX en los trabajos escolares que se solicitan a los estudiantes; la pandemia ha zarandeado nuestras concepciones y teorías implícitas sobre la docencia. ¿Deberemos seguir enseñando contenidos del siglo XIX con métodos del siglo XX a los alumnos del siglo XXI pospandemia? ¿Será que la aparición de la COVID-19 se convertirá en la verdadera frontera que divide el siglo XX del XXI en cuanto a su impacto en la sociedad y desde luego, de la educación de las nuevas generaciones?

Si algo hay que aprender de este confinamiento es la vulnerabilidad de nuestras certezas. Por ello hay que considerarlo una buena oportunidad para revisar desde sus cimientos la educación sin dar nada por sentado, cuestionando las acciones y tradiciones, aun aquellas que nos llenan de nostalgia por evocar nuestro propio paso por la escuela.

Algunos aspectos que creo que deberán revisarse como producto de lo vivido en esta pandemia son los siguientes:

  • Preparación profesional. Las nuevas generaciones de profesores y las actuales, deberemos entender que la actualización y profesionalización de nuestro quehacer es tan importante como la de los médicos. A todos nos parece natural, deseable e indispensable que éstos se actualicen constantemente y utilicen la tecnología más avanzada para cuidar de nuestra salud, pero aceptamos que profesores con endeble o anacrónica formación pedagógica y nula capacidad tecnológica se encarguen del desarrollo de nuestros niños y jóvenes.
    Los programas de formación inicial de los maestros en formación, así como los de actualización de los maestros en ejercicio tendrían que incluir en sus temarios no sólo espacios para el uso intenso de tecnología para la comunicación y el aprendizaje; sino también metodologías de aprendizaje como el aula invertida, el aprendizaje basado en proyectos o el aprendizaje colaborativo. Además de ello, añadir el estudio serio del proceso de aprendizaje complementando las teorías psicológicas del siglo XX con los descubrimientos de las neurociencias de las últimas tres décadas.
  • Valorización del trabajo docente. No se trata solamente de quejarse de la injusta poca paga que reciben los maestros. Es entendible que no es fácil un aumento generalizado al salario y que probablemente ésta tampoco sea la solución que impacte de manera inmediata a la calidad de la educación. Pero se deben revisar las condiciones para el ingreso de alumnos a las escuelas normales y las condiciones para que éstos y otros profesionales accedan a un salón de clase. Nuevamente acudo a la comparación con los médicos. A nadie se le ocurriría que un médico general recién graduado está capacitado para realizar una operación a corazón abierto sin desarrollar antes estudios de especialización y muchas horas de práctica supervisada; sin embargo sí permitimos que normalistas recién graduados, o a veces personas que ni siquiera estudiaron una carrera, se encierren 6 horas diarias en un aula tratando niños y adolescentes, justo en la etapa de mayores ventanas de oportunidad neuronal que requieren de conducción experta para un sano y equilibrado desarrollo de sus competencias y capacidades cognitivas y sociales. Revalorizar la docencia implicaría también otorgar estímulos y apoyo a la investigación e innovación educativa de alto nivel sobre todo en el preescolar, quizás el más abandonado de todos.
  • Congruencia profesional. Es curioso que los docentes seamos los encargados de desarrollar en nuestros estudiantes el pensamiento crítico, la creatividad, el emprendimiento y el trabajo en equipo, cuando quizás somos el prototipo de las conductas contrarias: no argumentamos nuestra planeación, nos resistimos al cambio, no arriesgamos nada y trabajamos sin colaborar ni permitir siquiera ser observados ni por otros docentes ni por los directivos. Enarbolamos la bandera de la “libertad de cátedra” no para poner en marcha innovaciones metodológicas, sino precisamente para lo contrario, cerrarnos a la necesidad de ofrecer cuentas de nuestro trabajo. La pandemia nos desnudó ante la sociedad y ante el espejo y descubrimos que no habíamos desarrollado nuestras competencias tecnológicas como podríamos haberlo hecho, puesto que todas las aplicaciones para videoconferencias, simuladores o gamificación ya estaban a nuestra disposición antes del encierro.
  • Flexibilidad y autonomía. Las escuelas aprendimos que los docentes se desarrollan mejor en un marco de confianza y flexibilidad. Esa misma flexibilidad deben tener las escuelas para adoptar experiencias y programas innovadores para responder a los retos del siglo XXI. Mientras las autoridades entendamos nuestra misión de supervisión como fiscalización inquisitiva, y nos dediquemos a la recopilación indiscriminada de megas y gigas de evidencias estériles para comprobar no el aprendizaje, sino la actividad de nuestros alumnos y el “cumplimiento” de los programas, seguiremos constituyendo un freno de mano para la innovación y creatividad.
  • Pacto social por la educación. Como dice un proverbio africano “Hace falta la tribu entera para educar a un niño”. Al igual que hoy aceptamos que el cuidado de la salud no sólo es tarea de los médicos y que debemos ocuparnos por adoptar medidas personales, familiares y sociales para cuidar la salud y prevenir contagios, tenemos la oportunidad de revisar que la educación de la infancia y juventud no sólo no es tarea exclusiva de los docentes, sino que no es posible sin la participación de la familia y sociedad en su conjunto. La educación deberá ser rescatada del secuestro en el que se encuentra a merced de políticos y sindicatos. Los unos para imponer una y otra vez reformas y contrarreformas improvisadas e ideologizadas, y los otros para anteponer los derechos, intereses y privilegios laborales por sobre el interés de los alumnos y la educación misma. Los adultos, entre los que incluimos a los docentes, pero también a las madres, padres de familia y políticos, deberemos entender de una vez por todas que los alumnos nos ven y aprenden de nosotros y que no tiene sentido incluir en los programas escolares el respeto y solidaridad, cuando en nuestros dichos y acciones cotidianas insultamos sin argumentos y provocamos división.

El regreso presencial a las aulas es una nueva oportunidad de modificar la educación para adaptarla a la realidad pospandemia y responder a las necesidades de desarrollo de nuestros niños y jóvenes con creatividad y responsabilidad. Es la oportunidad de que los docentes transformemos nuestro rol para ser verdaderos estrategas para el diseño de experiencias de aprendizajes desafiantes y significativas, que sean disfrutadas por los estudiantes y acompañadas por los maestros. De otra manera, el próximo día del maestro será sólo una exultación de la nostalgia con sabor a gis y pizarrón verde.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: