INNtenseando: Hábitos de cuarentena

Sergio Dávila Espinosa

No hay cuarentena que dure dos años, ni quién los aguante encerrado. Más por cansancio que por certeza de seguridad, la sociedad decretó de facto el final del confinamiento. La percepción de peligro se relajó, motivada por la disminución en los indicadores oficiales, la coloración verde del semáforo en la mitad del territorio nacional, así como el efecto de alivio indirecto que causa saber que la mayoría de los adultos mayores, especialmente los de la familia, ya se encuentran vacunados.

Al tratarse de un enemigo invisible que además se manifiesta varios días después de las posibles conductas de riesgo, nos hace más vulnerables si no se tiene una permanente vigilia de los hábitos de cuidado que ya todos conocemos. Nos hemos autoconvencido o autoengañado, pensando que el peligro ya pasó y de manera paulatina o francamente acelerada, nos lanzamos a la calle a recobrar nuestras actividades anteriores al confinamiento, especialmente aquellas relativas a nuestra vida social y recreativa.

Hace un año les pregunté a mis amigos por las cosas que no hacían antes de la pandemia, que ahora forman parte de su rutina diaria y que les gustaría conservar cuando todo esto pasara. Algunas de las respuestas más frecuentes fueron las que ahora comparto con ustedes, como un ejercicio de contraste con nuestras propias rutinas o como recordatorio de aquello que entonces valorábamos y que ahora debemos proponernos conservar.

°Participación en las tareas del hogar. Varias respuestas estuvieron asociadas a que ahora ayudaban o mejor dicho participaban en las tareas que anteriormente ignoraban como el lavado de trastes, el mantenimiento del hogar y el cuidado de los niños. La crisis nos hizo voltear a ver el tremendo e injusto desequilibrio en la realización de estas tareas.

°Convivencia familiar. Muchas respuestas estuvieron orientadas al disfrute del espacio y tiempo que compartieron con su familia mientras todos permanecieron juntos. Algunos mencionaron la instauración de un día a la semana de juegos de mesa, la lectura de cuentos a los niños pequeños antes de dormir o el simple disfrute de sentarse con ellos a ver películas.

°Hábitos saludables. El saber que estar encerrados sin la presión de un reloj, sentados la mayor parte del día frente a la computadora y cerca del refrigerador, representó un inminente peligro para el aumento desmedido de peso, despertando la conciencia en algunos para desarrollar hábitos que los blindaran ante esa amenaza. Así varias respuestas mencionaron que iniciaron y fueron constantes en rutinas de ejercicios, entre las que se encontraban desempolvar los aparatos adquiridos en infomerciales o el seguimiento de tutoriales y webinars con rutinas de ejercicios o yoga. También se mencionó el recuperar horarios para la ingesta ordenada de alimentos, así como para el descanso nocturno. Todos sabemos que la vida moderna y su trajín cotidiano son los principales enemigos de éstos.

°Disfrutar el ocio. La ausencia de compromisos permitió que se revalorara el disfrute y utilidad del tiempo que se puede dedicar intencionalmente a descansar tomando una siesta, a escuchar música, armar un rompecabezas o leer un libro que habíamos dejado pendiente. Hoy sabemos la importancia de estos momentos para el fomento de la creatividad, así como para la consolidación de aprendizajes.

°Aprender cosas nuevas. Las respuestas no se referían a la capacitación para trabajar a distancia, sino a quienes se dieron tiempo durante la pandemia a explorar uno de los placeres más maravillosos de la vida: aprender. Y así, experimentaron cocinando nuevas recetas, o elaborando pizzas o pan rústico. Algunos más aprendieron jardinería, entrenamiento de cachorros, organización de espacios o se inscribieron en cursos sobre temas de su interés.

°Valoración de la vida. Pero, sobre todo, mis encuestados señalaron una nueva valoración de la salud, de la vida, de la familia y del trabajo, a partir de las experiencias de las que cada uno fue testigo.

Las crisis son buenos momentos para mostrarnos realidades de nuestras vidas, reflexionar en ellas y provocar cambios en nuestros estilos de vida. Nadie elegimos encerrarnos tanto tiempo, pero todos hemos podido aprender de la experiencia y quizás hayamos aprovechado para desarrollar durante la misma, algunos hábitos que hoy deberemos esforzarnos para mantener, antes de que el regreso a nuestra vida anterior acabe con ellos.

La consolidación de un hábito es un ciclo permanente que implica planeación, realización, repetición y valoración. Es por ello que, ante el anticipado fin del confinamiento, no sólo debemos ser conscientes de “seguirnos cuidando” como un desgastado eslogan; sino además de un esfuerzo adicional por mantener las rutinas que encerrados en casa nos hicieron mejores personas.   

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